Releyendo al Juan Benet hidráulico

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Sobre el blog

Eduardo Echeverría
Consultor especializado en ingeniería hidraúlica. Secretario Técnico del Comité Español de Grandes Presas (SPANCOLD) y Vicesecretario de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

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Juan Benet dejó algunas de las obras literarias más influyentes en la literatura española del siglo XX. Referencia obligada para escritores como Javier Marías o Eduardo Mendoza, Benet sentía, al igual que los habitantes del disparatado pueblo que creó José Luis Cuerda en la película "Amanece que no es poco", auténtica devoción por Willian Faulkner; devoción que se tradujo en una forma personalísima de escribir que no fue siempre sencilla de entender para el común de los mortales, al menos sin una lectura detenida y atenta.

Pero Juan Benet no destacó únicamente en la literatura. Fue asimismo un prestigioso ingeniero de caminos. Lo explica con exquisitez el ingeniero Juan Guillamón: "la grandeza de Benet radica en haber entendido la ciencia y las letras como elementos complementarios y no sustitutivos. Independientemente de la notoriedad lograda por el Benet escritor, se conserva incólume la constancia del brillante ingeniero y del experto en temas hidráulicos [...] Su sensibilidad especial le llevó a ser uno de los grandes defensores de las transferencias hidráulicas como mecanismo corrector de los desequilibrios intercuencas de nuestra geografía y, siempre, mantuvo la convicción de que España, en su conjunto, no es un país seco porque su escorrentía total puede ser científica y políticamente distribuida". Y no sólo se dedicó a teorizar sobre la política hidráulica. También bajó "al barro" ejerciendo de ingeniero a pié de obra durante unos quince años. Destaca entre sus obras la presa del Porma, en León, que a la muerte del escritor e ingeniero tomaría su nombre. 

Juan falleció la noche de reyes de 1993. Por ello no tuvo oportunidad de conocer los planteamientos incluidos en la Directiva Marco del Agua que aparecerían siete años después y los cambios que estos planteamientos provocaron en la legislación española. Ello no obsta para que muchas de sus reflexiones sigan de plena actualidad y merezcan una relectura. En la intervención que el propio Juan Benet realizó en el XXIV Congreso de la Asociación Internacional de Investigaciones Hidráulicas (IAHR), celebrado en Madrid en septiembre de 1991 afirmaba "El ingeniero hidráulico se limita a tomar el agua en un punto y en un determinado estado y a devolverla en otro y con otro régimen, en la generalidad de los casos. Pero entre uno y otro punto, el espacio geográfico y social es cada día más amplio y más complejo - entre otras cosas por el propio desarrollo de la ingeniería hidráulica y el agotamiento de las soluciones de primera instancia- y el ingeniero hidráulico se encuentra, lo quiera o no, en el centro de un territorio que para ser ordenado y sabiamente explotado requiere la participación de todos los conocimientos del hombre, desde el derecho hasta la bioquímica. La manera de responder a tal acoso no es hacer uso de un talante enciclopédico, sino colaborar con el especialista, desde un dominio absoluto del territorio propio; el ensanchamiento de su espacio impone la constante ampliación del campo de la hidráulica para convertirla en una ciencia y una técnica de la mayor versatilidad, capaz de dar respuesta cumplida a las innumerables -y cabe decir imprevisibles- condiciones que han de regir en el punto de entrega". La idea explicita que se transmite en este fragmento es que el ingeniero hidráulico colabore con expertos en otras materias a efectos de desarrollar la solución óptima dentro de las posibles al problema planteado. Pero además hay un mensaje implícito al ingeniero hidráulico que podría traducirse como "No dejes en manos inexpertas la definición de la solución técnica a desarrollar".  Esta idea la remarca en la última frase de su intervención refiriéndose a la gestión del agua en nuestro país "De suerte que será también misión del ingeniero hidráulico erradicar los vicios de una cultura dominada pos usos atávicos; un mundo que necesita agua es el medio más propio para el desarrollo de la imaginación hidráulica".

Como ya he escrito antes, Benet era un apasionado defensor de los trasvases en su idea global, idea que chocaría con los planteamientos actuales, más tendentes a buscar una gestión sostenible de la demanda que a incrementar la oferta de recursos hídricos, por lo menos en cuanto a lo que actualmente se considera con fuentes de recursos hídricos convencionales.  Parece lógico que estos planteamientos varíen con el transcurrir de los tiempos, pero hay otros que son inmutables, como es el caso de dejar que la técnica tenga su papel bien definido y no sea "mediatizada" con otros planteamientos, hecho que en más de una ocasión ha deparado consecuencias desastrosas. El recurso al planteamiento holístico no ha de derivar en excusa para debilitar el planteamiento técnico, sobre todo cuando es un planteamiento riguroso. De aquí la llamada de Benet a que los ingenieros hidráulicos dominemos en lo posible nuestra área de conocimiento. Merece la pena releer estas reflexiones no sólo para poder extraerles todo el jugo que tienen, que no es poco, sino también para recordar la figura de Juan Benet en algunos casos o para descubrirla en otros.

Post Scriptum: Claudio Gomez Perretta

No tuve oportunidad de conocer en persona a Juan Benet pero si he tenido el honor de conocer a D. Claudio Gomez Perretta, otro ingeniero con mayúsculas. D. Claudio fue quien ideó, junto al arquitecto Fernando García Ordóñez el traslado del cauce del río Turia por sur de la ciudad de Valencia, conocido como la "solución sur", finalizando con la amenaza de las recurrentes avenidas del río Turia para la ciudad y propiciando posteriormente la conversión del antiguo lecho en una zona verde que se han convertido en el eje de la ciudad. Hombre de extraordinaria lucidez e inagotable capacidad de trabajo, nos dejó en septiembre; sirvan estas líneas de humilde homenaje hacia su persona.

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