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Eduarda y el agua

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Sobre el blog

Eduardo Zubiaga
Un ingeniero apasionado por el sector del agua. Y por el teatro. Y por el maravilloso mundo del coro.
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  • Eduarda y agua

Lo que vais a leer a continuación es fruto de la imaginación del que os escribe, o no. Lo que quiero decir es que, todo parecido con la realidad es pura coincidencia, o no. En cualquier caso, los personajes no son ficticios porque, si lo fueran, no estarían aquí.

La naturaleza dispone de sus propias herramientas para “obtener” lo que necesita y no cuenta para ello con nosotros, los humanos, afortunadamente.

Siempre hemos pensado que ella está a nuestro servicio, gran error, el día que entendamos que realmente es al revés, quizá tengamos una oportunidad.

Esta es la historia de Eduarda, alguien a quien la naturaleza reclamó porque le necesitaba y mucho.

Aquí comienza su historia…

Eduarda era un gran observador, su entorno le apasionaba.

Su existencia era más o menos tranquila, apacible y cómoda. Al menos eso pienso yo porque nunca he hablado con él. 

En cierta ocasión, ojeó a lo lejos algo que le llamó mucho la atención: una cosa redonda como una naranja. Qué interesante.

Decidió, en ese momento, acomodar sus sensores visuales de larga distancia para examinar con más detalle el interior de la cosa: tocó un tornillo por aquí, otro por allá, et voilà, lo consiguió.

Lo que vio, le sorprendió mucho. Por un lado, parecía como si a la cosa redonda como una naranja alguien le hubiera dado, al nacer, un sartenazo en la cabeza y otro sartenazo en el culo, vaya, qué curioso, y, por otro lado, vio algo en su interior que le resultaba familiar: era agua. Anda, como él, él también tenía agua en su interior.

Debía visitar a la cosa redonda como una naranja, al fin y al cabo, eran colegas acuáticos.

Decidió tomarse unos días de vacaciones, sí, eso haría.

Habló con sus amigos, Dorothea y California para que le guardaran el sitio, su sitio, acopló su equipo de pilotaje y partió a toda velocidad hacia su destino.

El viaje fue genial: meteórico por lo veloz, instructivo por todas las cosas que vio e inquietante por lo que encontraría al llegar, o sea y sinceramente, una maravilla de viaje.

Por cierto, hablando de llegar: ¿cómo iba a aterrizar? Caray, no lo había pensado. Uy, uy, uy. Ya no podía hacer nada, no podía cambiar el rumbo. Iba a toda velocidad, muy rápido, rapidísimo y no podía parar.

Se estaba acercando, acercando, acercando, la cosa redonda como una naranja cada vez era más grande, se iba a pegar un tortazo impresionante, bestial, fijo que sí, y no podía parar, no podía parar. De repente, oyó un tremendo plaf, y se desmayó.

Cuando despertó, se notó raro: sus sensores y su equipo de pilotaje habían desaparecido, bueno, lo cierto es que todo él ya no era él del todo, o sea, ahora era sólo agua, era agua. Qué guay.

En su nuevo estado visitó océanos, mares, lagos, montañas, ríos, bosques, plantas, nubes, lluvia… Ah, la lluvia, le encantó: era y es tan simpática.

Descubrió que, en su nuevo estado, podía darse porrazos con lo que fuera y no pasaba nada, seguía siendo el mismo, y, descubrió también que no podía subir a las montañas. Vaya, vaya.

Pasado un tiempo, se comunicó telepáticamente con alguno de sus colegas, los más colegas, para animarlos a visitar la cosa redonda como una naranja. Aquí, fue un pelín malo, porque en ningún momento les comunicó que iban a experimentar un cambio tan importante. Bueno, ya se darían cuenta cuando llegasen.

Y, queridos amigos, y, queridas amigas, allí, en la cosa redonda como una naranja, pasó Eduarda mucho, mucho tiempo, visitando cosas que iban apareciendo, así como por arte de magia.

Un día conoció, así como quien no quiere la cosa, a los humanos, y, claro está, cómo no, los visitó.

Visitó sus pulmones, su hígado, sus riñones, un artilugio que palpitaba a gran velocidad, una especie de tubos por donde circulaba un líquido rojo…

Al fin y al cabo, en la composición de los humanos había una cantidad importante de él, o sea, de agua.

Apreció que los humanos (los clasificó en dos tipos: humanos peludos y humanos no peludos) no eran iguales, no, no eran del todo iguales.

Los humanos peludos tenían un cacharrín que no tenían los humanos no peludos y, los humanos no peludos, tenían dos, cómo llamarlas, dos protuberancias que no tenían los humanos peludos.

El cacharrín, era muy curioso, cambiaba de tamaño así de forma natural, como por arte de magia. Hombre, algo habría por ahí que consiguiera ese efecto, se dijo a sí mismo, pero él no lo conocía.

Y, las dos protuberancias, tenían forma de naranja, anda, qué casualidad, aunque, bien es cierto, que igual eran más bien del tipo pera o del tipo fresa, sí, tipo fresa a lo mejor.

Extracto de dos artículos publicados en Wikipedia:

“En la actualidad se plantean dos teorías sobre el origen del agua en la Tierra: la teoría volcánica y la teoría de los asteroides.

Ambas teorías se complementan.

La teoría volcánica plantea que, el agua se formó en el centro de la Tierra, por reacciones a altas temperaturas entre átomos de hidrógeno y de oxígeno. Las moléculas formadas por esta reacción fueron expelidas a la superficie terrestre en forma de vapor. Parte de este vapor se condensó para formar el agua líquida de la superficie terrestre.

Por otra parte, Roberto Raddi, miembro del Grupo de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, apoya firmemente la opinión de que los océanos que tenemos hoy fueron creados como resultado de los impactos de asteroides ricos en agua”.

Lo que nunca supe y seguro que nunca sabré es cómo consiguió Eduarda, cuando pasados muchos, muchos años, decidió abandonar la tierra, convertirse de nuevo en lo que siempre fue: el estupendo y precioso asteroide 340.

Quizá este sea uno de los grandes misterios del universo. Eduarda volvió a ser un asteroide por si, vaya usted a saber, la tierra, más comúnmente conocida como la cosa redonda como una naranja, vuelve a necesitar algún día de sus inestimables servicios. Espero que no.

Creo que Eduarda abandonó la tierra porque ya no le gustaba: los humanos peludos y los humanos no peludos se la estaban cargando.

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