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Morir por el agua no es cosa de superhéroes

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  • Morir agua no es cosa superhéroes

Sobre el blog

Enrique Castellanos Rodrigo
Escritor, Freelance Blogger y Ponente (Hablar en Público)
Bentley Systems
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En el año 1958 el director de cine William Wyler (Ben-Hur, Cumbres Borrascosas y Vacaciones en Roma entre otras muchas), realizó uno de los Western más inolvidables de la historia del cine. Sin saberlo, Wyler llevó a la pantalla un ejemplo de los enfrentamientos cruentos que existen y se repiten sobre el control del agua. Estamos hablando de Horizontes de Grandeza (The Big Country).

Un superhéroe de verdad se gana el respeto de los demás con las palabras y las buenas acciones y nunca con la fuerza en cualquiera de sus vertientes.  

James McKay (protagonizado por un excelente Gregory Peck) es un capitán de barco que viaja desde el Este (Boston) a las infinitas llanuras de Texas para casarse con Pat Terrill (a quien da vida Carrol Baker, en su papel de hija caprichosa que defiende la postura de su padre por encima de todo). El padre de Pat es el Major Henry Terrill (Charles Bickford), un rico ganadero que mantiene una lucha sin cuartel contra el clan de los Hannassey, liderado por su patriarca, un memorable Burl Ives que encarna a Rufus Hannassey (como curiosidad, el señor Yves recibió el Oscar y el Globo de Oro al mejor actor secundario por esta película).

Horizontes de Grandeza es un ejemplo de lo que es ser un superhéroe de verdad. Gregory Peck lo demuestra, no por poseer superpoderes, sino por ser un hombre de cualidades admirables, dignas de imitar.  

La causa de la disputa entre ambas familias son los terrenos que contienen agua para su ganado, una enorme finca llamada Valverde que pertenecen a Julie Maragon (Jean Simmons). El enfrentamiento entre ambos clanes se repite a lo largo de todo el film hasta llegar a un clímax que hace de esta película uno de los Western más memorables de la historia del cine.

En sus 159 minutos de metraje se suceden enfrentamientos e historias entrelazadas en todos sus personajes con brillantes actuaciones. Es una película que se sostiene por su extraordinario guion, sus diálogos brillantes, las estupendas interpretaciones y una acción lógica argumental que mantiene en vilo al espectador. No hacen falta los efectos especiales de laboratorio que impregnan cada minuto de metraje de las películas de hoy para mantenernos entretenidos. “The Big Country” es cine en estado puro. Ese que ya es casi imposible que vuelva a repetirse. Es una película de actores y actrices donde la cámara les permite el tiempo que necesitan para actuar para poder sobrecogernos con sus gestos, sus miradas y sus pausas.

Pero esta película es mucho más que todo eso. Horizontes de Grandeza es un ejemplo de lo que es ser un superhéroe de verdad. Gregory Peck lo demuestra, no por poseer superpoderes, sino por ser un hombre de cualidades admirables, dignas de imitar. Su personaje, James McKay, es una persona pacífica, con templanza pero a la vez valerosa, educado y perspicaz, que sabe controlar una situación sin permitir que la presión de grupo eche a perder sus convicciones. 

Otra enseñanza de lo que significa ser un superhéroe de verdad: no nos empeñemos en mostrar a los demás lo mucho que valemos o lo importantes que somos.  

Todo esto lo demuestran escenas como cuando un grupo de vaqueros le increpan a luchar con Steve Leech (un Charlton Heston que, como siempre, interpreta su papel con maestría al ser la mano derecha del Major Terrill). Mckay rechaza la pelea pese a la burla de todos, incluida la de su prometida. Pero ese mismo día, de madrugada, despierta a Leech de su sueño y le reta a luchar, con la noche y el desierto como únicos testigos. Una vez que finalizan la pelea donde se han dado una auténtica paliza, McKay le dice a Leech: “Y después de todo esto, ¿me puede decir usted que hemos demostrado?”, una frase descomunal y un ejemplo para las generaciones que piensan que con la fuerza se consigue todo y que se es más hombre o mujer cuanto más duro se pega.

Otra escena en esa línea es cuando le retan, de nuevo a McKay, a montar un caballo que parece indomable. Mckay lo rechaza ante todos quedando aparentemente como un cobarde. Sin embargo, un día en el que está solo en el rancho, decide montarlo hasta lograr dominar al animal.

Otra enseñanza de lo que significa ser un superhéroe de verdad: no nos empeñemos en mostrar a los demás lo mucho que valemos o lo importantes que somos. Lo más honrado es superar a nuestro propio yo y no insistir en ser los mejores. Un superhéroe de verdad se gana el respeto de los demás con las palabras y las buenas acciones y nunca con la fuerza en cualquiera de sus vertientes.

Lo cierto es que este film está lleno de enseñanzas y al final todos los personajes se comportan como héroes de una forma u otra. Lo consiguen al volverse mejores personas, aunque solo ocurra en un instante de sus vidas. Por ejemplo, como cuando Leech acompaña al Major cuando este cabalga sólo hacia el Cañón Blanco en su enfrentamiento final con Rufus Hannassey o el propio Rufus cuando le enseña a su hijo lo que es tener honor cuando se bate en duelo con McKay. También hay una escena en la que sólo hay miradas y que demuestra lo que es el amor verdadero entre un hombre y una mujer sin necesidad de las palabras. Y hay muchas otras más que, como decíamos, significan cine en estado puro gracias al excelente guion elaborado por tres guionistas de esos que había en la época dorada de Hollywood y que se extinguieron hace mucho tiempo. Una película para contemplar y escuchar con la calma del viento cubriendo nuestros rostros.

La generosidad es una cualidad de los superhéroes de verdad.  

Y aquí llegamos al hilo argumental que mueve todo este elenco de actores, escenarios y montaje: la Guerra por el Agua. Morir por el agua es la meta que mueve a estas 2 familias enfrentadas. El agua como medio de vida. El agua como justificación del asesinato, del espolio y del odio profundo. Las heridas que se abren en canal tras una guerra que quebró a un país y lo deshizo en mil pedazos, como ocurre con todas las guerras civiles.

El agua, ese mismo elemento vital que aún en esta era moderna ha suscitado decenas de conflictos por todo el globo terráqueo y que, tristemente, seguirá haciéndolo mientras no nos convirtamos en McKay y en Miss Aragon.

Sin embargo, hay una conversación entre ellos dos, entre McKay y Miss Aragon, que descubre donde está la solución al conflicto de la guerra por el agua. Mientras los dos toman un refrigerio en las tierras fértiles de Valverde, anegadas por el agua y por la vegetación exuberante de la comarca, McKay pregunta por la razón de la pelea entre los Hannassey y los Terrill. La contestación conlleva también la solución al conflicto. Miss Aragon le cuenta a McKay que, cuando su padre vivía, permitía a ambos rancheros que su ganado bebiese agua de manera libre y gratuita de las fuentes de Valverde.

Es decir, la solución al conflicto del agua estaba en compartir, en disponer con ecuanimidad de los recursos de tal manera que alcanzase para todos.

La generosidad es una cualidad de los superhéroes de verdad.

Por todo ello, tengamos más héroes y heroínas y menos Hannasey y Terrill. La educación desde la infancia juega un papel principal para disponer de futuras personas generosas y no egoístas. El mundo es como Valverde. De momento hay recursos para todos. La pregunta es, ¿de qué clase de superhéoes queremos llenarlo? De esta respuesta dependerá nuestro futuro más inmediato.

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