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El Mito de la Privatización por las Reservas del Agua en México

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Sobre el blog

Estrellita Fuentes Nava
Comunicóloga, Master en Políticas Públicas; 16 años en el sector del agua en México. Ex Gerente de Cooperación Internacional de la CONAGUA. Hoy es consultora privada en agua y saneamiento y conductora de noticias en TV.
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Hace cinco años y medio cerré mi ciclo de trabajo en la CONAGUA de México por cuestiones profesionales, pero ello no quiso decir que me deslindara por completo del tema del agua, sino al contrario: ha sido mi aliciente y mi pasión. La institución no sólo me dio empleo, sino también conocimiento técnico especializado, carrera profesional y una causa a defender.

En los días recientes en el país se desató un debate nacional con el tema de las reservas de agua, y desafortunadamente se le confundió con la privatización, siendo que hay varios candados que no permitirían que ello sucediera. De inicio, la ley en México es muy clara ya que establece que las aguas nacionales les pertenecen a todos (Constitución Mexicana y la Ley de Aguas Nacionales). Además sería algo muy estúpido pensar en privatizarla, porque sería un acto suicida para cualquier gobierno al dejar a las personas sin agua con ese propósito: las revueltas sociales estarían en cada esquina. Si de por sí es difícil garantizar la cobertura, la continuidad y la calidad del servicio, imaginémonos a un gobierno que todavía agudizara más la crisis al privatizarla; sería impensable.

También habría que recapitular en los usos consuntivos del agua que se tienen en México, ya que el 80 por ciento se destina para uso agrícola, 14 por ciento para uso urbano – doméstico, y el resto para uso industrial. No me quisiera imaginar a la Confederación Nacional Campesina y demás organizaciones del campo en protesta permanente si les quitamos su agua; de hecho me parece que esa es una de las motivaciones por las que nadie le ha querido entrar a la discusión y reforma de la política del agua de una manera seria y profunda.

La iniciativa de las reservas de agua fue un proyecto conjunto que se diseñó por parte del Fondo para la Conservación de la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) en sus oficinas de México, con el partenariado del Banco Interamericano de Desarrollo y la Fundación Gonzalo Río Arronte, quienes financiaron el proyecto, así como la CONAGUA. De hecho fue presentado en el año 2012 en el marco de la cumbre de Río+20 en Brasil, y fue reconocido como un caso de éxito por parte de la comunidad internacional.

En lo personal tuve la fortuna de ser punto focal de esta iniciativa entre la CONAGUA y WWF, organización civil que había estado trabajando en este proyecto con organizaciones civiles en el ámbito local desde el 2010, logrando mapear reservas en San Pedro, Durango y Copalita, Oaxaca. Cuando se logró el auspicio del sector público como la CONAGUA, el estudio se escaló a nivel nacional y se identificaron 189 puntos en todo el país susceptibles de calificar para ser declaradas como reservas de agua. Antes del cierre de la administración calderonista en el 2012 se lograron incorporar Papaloapan, Pánuco y la Costa de Jalisco. Por lo tanto, las declaratorias que se hicieron en este 2018 fue la materialización de dicho estudio, sólo que se anunció en un mal momento y se contaminó con lo electoral (el Domingo 1º de Julio se elige al nuevo Presidente de México). El estudio del año 2012 lo que hizo fue identificar las cuencas hidrológicas del país con disponibilidad de agua que por su riqueza biológica, importancia ecológica y escasa presión hídrica, tienen actualmente condiciones favorables para establecer reservas de agua que garanticen los flujos para la protección ecológica.

Es decir, se mapearon todas las cuencas, y en aquellas donde especialmente había una baja presión sobre el agua, en las que no hubiera asentamientos humanos, industria, conflictos sociales, entre muchas otras variables, podrían calificar para que el Estado Mexicano resguardara su conservación. Es como tener una cuenta de ahorros en el banco en la que guardas una reserva para el futuro, porque si te botas todo ahora, seguramente te esperaría un futuro con escasez y estrecheces. Se trata también de un proyecto en el que participaron ambientalistas, académicos, y se buscó colocarlo en la agenda pública para que el gobierno le diera el reconocimiento total, lo cual implicaba un compromiso de éste a favor de la conservación ambiental y el buen uso y administración de la que actualmente se dispone.

Desafortunadamente la crisis de credibilidad que es nuestra condición generalizada, así como el contexto de un ambiente electoral muy viciado, alcanzó a ensuciar este proyecto que de inicio es muy noble y que muy al contrario, nos beneficia a todos si queremos sobrevivir en este planeta. Se creyó que se trataba de la privatización por parte de la administración federal actual, y se viralizó pero en un sentido totalmente opuesto para lo que fue diseñado, lo cual es muy triste y lamentable.

Tenemos el chip en la sociedad actual de que el agua le pertenece única y exclusivamente a los humanos, y que hay que agotarnos hasta la última gota; se nos olvida que es un recurso compartido: le pertenece a la naturaleza también. De no ser así no tendríamos ni árboles, ni fauna, ni aire, ni alimentos, ni nada. El medio ambiente debe ser considerado como un usuario más del agua, a fin de que se guarde un equilibrio entre la demanda y la oferta y a la vez preservemos este vital líquido para las generaciones futuras.

De acuerdo a las premisas del proyecto, las reservas de agua: representan límites sostenibles de oferta de agua, que propiciarán un principio de ahorro del recurso y gestión de la demanda, y disminuyen el riesgo de escasez y conflictividad; garantizan la conectividad a lo largo de toda la cuenca y el soporte de múltiples servicios ambientales que ofrece la conservación de los ecosistemas al manejo del agua y la sociedad, como almacenamiento, conducción y abastecimiento, mejora de la calidad del agua, y protección contra eventos extremos; exigen la planeación y manejo conjunto de las aguas subterráneas y superficiales, de especial relevancia en zonas con baja disponibilidad, como el norte del país; y establecen la conservación o liberación controladas de avenidas que mejorarán las capacidades de evacuación de las cuencas, impedirán la invasión de cauces y en consecuencia disminuirán los riesgos ante eventos extremos.

Las fake news están aquí y para quedarse; no nos podemos escapar de ellas, pero también como consumidores de contenidos y como ciudadanos estamos obligados a investigar, a estudiar, a analizar el trasfondo de las cosas, y a no actuar como enajenados con la primera noticia que nos llega en el teléfono celular. Si usted desea investigar más en este tema de las reservas del agua en México, visite la página de WWF.

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