Regeneración de aguas. Un paso hacia la sostenibilidad

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Sobre el blog

Everilda Zazo Hidalgo
Everilda Zazo Hidalgo es Licenciada en Ciencias Ambientales y máster en Ingeniería y Gestión Ambiental. Proyectos ambientales y divulgación.

Nos han contado alguna que otra vez que la sostenibilidad se basa en el uso actual de los recursos naturales para satisfacer nuestras necesidades sin comprometer las de las generaciones futuras, y que un modelo sostenible es el que toda sociedad avanzada debe perseguir. Lo difícil está en encontrar las formas y estrategias adecuadas de gestión de los recursos para vivir en una sociedad lo más sostenible posible dentro de lo que las circunstancias permitan. Sin duda el agua es un recurso esencial para la vida y sin embargo tan pronto es muy poco accesible para algunos como es despilfarrado por otros. Los que tenemos la suerte de vivir en países donde tenemos acceso al agua donde y cuando queramos, tenemos la responsabilidad de gestionar este recurso de forma eficiente, ya sea por justicia social, económica, solidaridad ambiental o porque queremos seguir bañándonos o pescando en el rio de nuestro pueblo (cada cual puede tener sus motivos).

 Lo difícil está en encontrar las formas y estrategias adecuadas de gestión de los recursos para vivir en una sociedad lo más sostenible

Como tenemos esa suerte de acceder al agua, todos conocemos o tenemos una ligera idea acerca de  los tratamientos que reciben los caudales: depuración de aguas residuales (EDAR) y potabilización de agua para beber (ETAP). Sin embargo existen otro tipo de estaciones de tratamiento menos conocidas y cuya implantación supone un uso sin duda sostenible del agua, ya que se trata de su reutilización o “reciclaje” para otros usos. Estamos hablando de las estaciones REGENERADORAS de aguas depuradas o ERADS

Se ha producido una búsqueda de nuevas fuentes de agua alternativas debido a varios factores como la escasez de agua producida por periodos cíclicos de sequías (característicos de los países de la cuenca mediterránea), el incremento del coste del agua, la necesidad de la depuración de las aguas residuales de uso industrial y una creciente demanda de la cantidad y calidad de las aguas por parte de la sociedad.

Según el INE, el 71% de los recursos hídricos se destinan a riego, el 23% a producción de agua potable y el 6% a usos industriales.

Del agua destinada a riego, un 76,9% es de origen superficial, un 21,5% procede de agua subterránea y sólo un 1,6% procede de otros métodos como la desalación de aguas o la citada regeneración de aguas depuradas.

El hito más importante en España en materia de regeneración de aguas es la publicación del Real Decreto  1620/2007 (BOE nº 294 de 08/12/2007) que establece el régimen jurídico para la reutilización de aguas residuales depuradas. Es interesante la distinción que hace este RD entre reutilización y regeneración de aguas:

Reutilización de las aguas: “aplicación, antes de su devolución al dominio público hidráulico y al marítimo terrestre para un nuevo uso privativo de las aguas que, habiendo sido utilizadas por quien las derivó, se han sometido al proceso o procesos de depuración establecidos en la correspondiente autorización de vertido y a los necesarios para alcanzar la calidad requerida en función de los usos a que se van a destinar.”

Aguas regeneradas: “aguas residuales depuradas que, en su caso, han sido sometidas a un proceso de tratamiento adicional o complementario que permite adecuar su calidad al uso al que se destinan.”

Es decir, las aguas regeneradas, además de depuradas, sufren un tercer tratamiento para conseguir una calidad adecuada a su uso final. Así mismo, define una estación regeneradora de aguas como el conjunto de instalaciones donde las aguas residuales depuradas se someten a procesos de tratamiento adicional que puedan ser necesarios para adecuar su calidad al uso previsto.

El tratamiento en una ERAD varía dependiendo del origen del agua a tratar y del uso previsto para el efluente tratado, siendo alguna o varias de las siguientes etapas las más utilizadas: Eliminación de nutrientes (Nitrógeno y fósforo), reducción de sólidos en suspensión/turbidez, desinfección (eliminación de microorganismos) y reducción de la salinidad (desalación). (Los más frecuentes en una ERAD son los tres últimos, ya que la eliminación de nutrientes se incluye con frecuencia en el esquema de una EDAR típica).

Para eliminar la turbidez se llevan a cabo procesos de filtración y ultrafiltración mediante membranas, procesos físico-químicos como la coagulación-floculación o también la electrocoagulación.

Para la eliminación de microorganismos los procesos más empleados son los que consisten en la adición de especies desinfectantes como el hipoclorito, dióxido de cloro, cloraminas o el ozono.

En cuanto a la reducción de la salinidad, no se realiza en todas las estaciones regeneradoras de aguas depuradas, aunque es frecuente encontrar una etapa final  de reducción de la conductividad para mejorar la calidad del efluente cuando la corriente de entrada tiene un grado elevado de conductividad.

La siguiente pregunta a la hora de plantearse la realización de estos tratamientos adicionales es obvia: Y esto, ¿Cuánto cuesta? Pues existiendo pocos estudios que aborden este tema, uno de los disponibles es el realizado por la EPSAR (Entidad de  Saneamiento de Aguas de la Comunidad Valenciana) donde se considera que el coste es de 0,069€/m3 de agua regenerada. El coste de amortización de las instalaciones supone un 0,069€/m3 y el de distribución 0,041€/m3. Para que nos entendamos, supone menos del 10% del coste del tratamiento secundario de la depuración.

Ahora llega el momento de hablar sobre los usos del agua regenerada. Según el RD 1620/2007, estas aguas se podrán utilizar para usos urbanos, agrícolas, industriales, recreativos y ambientales, cumpliendo siempre unos criterios de calidad establecidos por el propio decreto según el uso al que se destinen las aguas. En caso de utilización para otros usos, el Organismo de cuenca exigirá las condiciones de calidad que se adapten al uso más semejante a los ya descritos, siendo necesario motivar la reutilización del agua para dichos usos.

Usos urbanos: riego de zonas verdes y jardines, descarga de aparatos sanitarios, limpieza de calles, sistemas contra incendios o lavado industrial de vehículos.

Uso agrícola: Riego de cultivos.

Uso Industrial: Aguas de proceso y limpieza, torres de refrigeración y evaporadores (actualmente con bastantes restricciones por motivos sanitarios)

Uso recreativo: Riego de campos de golf, estanques y fuentes (siempre que se impida el acceso del público al agua).

Por otro lado, su utilización está prohibida en los siguientes casos:

  • Consumo humano (salvo catástrofe).
  • La mayoría de usos para industria alimentaria y refrigeración, salvo excepciones para uso de aguas de proceso y limpiezas.
  • Uso en instalaciones hospitalarias y similares.
  • Cultivo de moluscos filtradores en acuicultura.
  • Agua de baño.
  • Uso en fuentes y láminas ornamentales en espacios con acceso del público al agua.
  • Para cualquier otro uso que suponga un riesgo para la salud de las personas o perjuicios al medio ambiente.

El uso de aguas regeneradas tiene numerosos beneficios tanto económicos como ambientales, siempre que su tratamiento se realice con la tecnología adecuada y de forma controlada para asegurar la salud pública y de suelos y cultivos.

Usando aguas regeneradas en agricultura se enriquece el suelo en nutrientes como nitrógeno y fósforo, ahorrando o disminuyendo el gasto de los agricultores en abonos. Esto puede resultar muy interesante en países en vías de desarrollo.

Los beneficios ambientales no son menos:

  • Se ahorra en recursos hídricos de origen natural para fines agrícolas destinándolos a otros como la potabilización.
  • Se reduce el aporte de contaminantes a los cursos naturales de agua.
  • Supone una menor explotación de los acuíferos y permite su recarga por percolación a través del terreno.
  • Se contribuye con su uso al mantenimiento del equilibrio ecológico en humedales y a la disponibilidad de un caudal “seguro” de abastecimiento.

El caudal de agua regenerada en España no supera el 2% de la demanda total

En cuanto a la situación actual, el caudal de agua regenerada en España no supera el 2% de la demanda total, si bien se han llevado a cabo algunos proyectos y los casos de utilización son cada vez más frecuentes debido a la necesidad de garantizar el suministro futuro en los periodos de sequía cíclicos que sufre nuestro país. (Bustamante y Col. 2010). Algunos ejemplos son la estación regeneradora del Prat del Llobregat en Barcelona, que ha permitido la restauración del caudal ecológico del río Llobregat, la restauración de zonas húmedas y el riego de jardines, así como la recarga del acuífero del delta del Llobregat (inyección de 15.000m3/día de agua producto); los acoples de tratamientos terciarios en varias plantas depuradoras de Valencia y Murcia, como en la de Quart-Benager (12,5 hm3 al año para riego); la ERAD de la “zona de las galletas” en las Islas Canarias con una capacidad de producción de unos 12000m3 al día para agua de riego.

Sin duda, la regeneración de aguas es una solución sostenible para la gestión eficiente del agua, con beneficios tanto económicos como ambientales y sociales, que se debe seguir investigando en la mejora de sus técnicas y costes,  pero que no deja de ser una vía a tener en cuenta para asegurar el acceso futuro a este recurso tan valioso e imprescindible en nuestro día a día como es el agua.

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