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"Disolución": ¡Esa maldita palabra...!

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  • "Disolución": ¡Esa maldita palabra...!

Sobre el blog

Federico J. García Mariana
Federico J. García Mariana es licenciado en CC Geológicas y funcionario del Estado. Jefe de Servicio de Hidrogeología de la Comisaría de Aguas de la CHS. Desde hace más de 25 años trabaja en temas de contaminación de aguas y ecosistemas fluviales.
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Siguiendo la dirección que nos marca la Directiva Marco del Agua (DMA), por eso es “directiva” y es “marco”, existe una palabra que puede considerarse como maldita e innombrable. Ni tan siquiera debe ser imaginable ni capaz de ser pronunciada por ninguno de los sufridores del citado marco legislativo… Esta palabra es, a pesar de todo: “disolución” (el infierno se estará removiendo…)

Decir "disolución" es decir que eres un facha, un hidronostálgico, una antiguo ser conservado en formol o en aldehído al 70 % de disolución de agua retestinada. Porque la DMA es una legislación moderna, eficaz, universal, uniforme, calibrada y eterna… Nada puede alterarse y ser modificado bajo los conceptos divinos de este corán integrista que nos permite alcanzar las más altas cotas de protección y de control (sobre todo esto último, o descontrol en el control, porque hay que controlarlo todo…), de vertidos, extracciones de agua, patos, caudales, infraestructuras, masas de agua (con agua o sin agua…), y ya sean superficiales, subterráneas, artificiales, naturales, híbridas u homoasexuadas…

La DMA lo puede todo, es un texto fácilmente interpretable, directo, muy ampliamente extensible a todo tipo de contextos y de estancias homologables e intercalibradas de modo automático. Aunque la cantidad de los volúmenes hídricos está ampliamente protegida gracias a los extensos recursos norte-europeos, que pueden enmascarar, sólo allí, los graves problemas de calidad junto a los principales núcleos industriales de los grandes ríos intransferibles e intransvasables (por supuesto). Aunque en España, esto pueda entenderse como un verdadero “pro-lema”, al no poder presentarse ”implícitamente” esta alternativa: la posibilidad de que la abundancia de cantidad mitigue la falta de calidad, pero además, sin llegar a pronunciar la antedicha palabrota, malsonante, e inconcebible por las mentes europeas más democráticas y amantes de la libertad.

Nadie es sus cabales juicios (ni tan siquiera en su albedrío de opinión y expresión), sería capaz de pronunciar la maldita palabreja que, en principio y en España, podría solucionar buena parte del tremendo pro-lema de contaminación de las aguas públicas bajo el concepto de un agua concesional destinado a aminorar los efectos malignos de los contaminantes. Porque lo que contamina y mata (aparte de que "se pague o no…"), no son las sustancias malignas en el “Porque-Sí”, sino sus concentraciones, como se podría entender; así como la energía no es mala, lesiona o mata,porque sí.., sino por su potencia misma.

Por ello, debe de considerarse los actuales conceptos como una hipocresía atroz en lo que respecta a los implícitos y enmascarados procesos de “disolución” díscola que debe de producirse en los países norteños, considerando que allí sólo pueden crecer los tulipanes y la alfalfa bajo la lluvia, y aquí sólo el romero y el esparto; pero allí sí que se deben de estar dando casos de estas “diluciones enmascaradas” a un nivel culto, por supuesto (que no ocultado); o implícito.., que no implicador.

Y así, en España, seguimos con nuestros complejos y nuestros recelos; mirando el ombligo de los demás, y porque los demás no quieren ver la viga en sus propios ojos.

Sin embargo, a favor de dicha propuesta (el infierno para mi debe de estar ya mucho más cerca…), se podría sugerir casos donde la “disolución” existe de un modo implícito, semejante a cómo podría interpretarse la recarga inducida a través de las autorizaciones de vertidos autorizados al río, de las disoluciones en masas de agua superficiales (con agua…); o a través de la autorización de vertidos a acuíferos a través del terreno filtrante (masas sin agua), etc.. En efecto, aunque se tenga la referencia del estado químico o ecológico del medio receptor, casi siempre existe la tendencia a un efecto implícito de disolución…, porque la dilución depende también de 2 factores: concentración del vertido y su volumen. El volumen del medio receptor, en cambio, al poder ser una variable capaz de representar una magnitud infinitamente mayor y más variable respecto al volumen de un vertido (casi de volumen y concentración fija respecto a aquel), haría despreciable la consideración de la calidad de referencia del medio receptor, pero que en muchas veces seguro que mejoraría el vertido, si hubiere el caudal circulante necesario; es decir: sería más fundamental la consideración del caudal que la calidad de referencia. Sin embargo, en España se nos impone la misma intercalibración del cerebro europeo medio que los demás…

Y es por ello por lo que, la posibilidad del concepto díscolo de la “disolución”, debe de seguir manteniéndose como palabra maldita o tabú; por eso el Gran Hermano europeo nos sigue vigilando. Ya hemos sido “nominados” muchas veces desde Bruselas, donde ofrecen todo tipo de garantías a los integristas de la Media luna, o a los dísco-bolos del independentismo pero, paradojicamente, presentan una absoluta y total salvaguardia para los temas católicos y ortodoxos medioambientales; ofreciendo sus coles homónimas pero ignorando que existe un rincón de España desde donde las producimos y se las llevamos mucho mejores, desde la sedienta región de Murcia, Valencia y Almería. Creo que a este paso, el problema de la contaminación desaparecerá cuando el agravamiento de la sequía (que no del hidro-independentismo), haga desaparecer, definitivamente, todos los escasos recursos hídricos disponibles.

Es decir: “la cantidad por la calidad”. Ese debería ser el nuevo planteamiento de la política a imponer, al menos, como posible excepcionalidad de aplicación en algunas regiones como las del rincón patrio del Sureste.

Muchos problemas podrían tener el inicio de su fin, con la recarga inducida de volúmenes transvasados de otras cuencas (incluso de las regiones del norte de Europa, que podrían parecer mucho más solidarios que las del rincón del Noreste patrio). O buscando las alternativas del agua desalobrada y/o desalada del litoral mediterráneo (¿por qué no...?), pero no dejando acercarse a los chorizos perfumados ni a los pseudos-socios listos. Hay que planificar bien sus costos y regímenes de distribución de los caudales del agua-producto; con unas estrategias reales de recuperación de los costos a corto-medio plazo, y diseñando con veracidad los drenajes y salmueroductos necesarios, suficientes y... controlados (aquí sí), con la máxima exigencia en la vigilancia y seguimiento para la gestión de la salmuera (sin duda alguna, haciendo responsable a la Admon, autonómica correspondiente), porque se debe interpretar correctamente la calificación de una salmuera como “residuo” y no en su connotación dual de moda que es como la que le quieren dar algunos, y aunque muchos de estos nos lo quieran disimular en su forma de ordinarios vertidos en balsas de riego.

En definitiva, se produciría la mitigación de la falta de calidad de algunas de las masas de agua contaminadas por nitratos, pesticidas y cloruros pero, principalmente, de aquellas que son interdependientes a los ecosistemas tipo laguna litoral o masa costera. De manera que se produciría la dulcificación de dichas masas de agua a causa de la recarga inducida por los retornos de riego, entre otras vías de recursos disponibles; y lo que podría suponer, sin duda (sobre la base de los antecedentes que obran de los grandes fenómenos de recarga freñatica por los retornos de riego ( p.ej,. la llegada del transvase al Campo de Cartagena, a partir de 1979), produjo la mejoría de la calidad de estas aguas, por lo que se podría ocasionar su mejoría global en unos 10 o 20 años. Ya jubilados muchos de nosotros, los proscritos, pero con una mejor calidad en nuestras aguas, que no en nuestras pensiones.

Por otra parte, no sería necesario la ejecución de la presumible obra faraónica de batería de sondeos de extracción de agua frente a la costa murciana, con el fin de evitar y/o aminorar la concentración salina de los acuíferos superficiales; ya que, además de suponer un gran desembolso económico (no ya sólo por su equipamiento), sino por su insostenible mantenimiento a largo plazo; sería, además, un proyecto ineficaz, considerando que, tanto los acuíferos cuaternarios, como los ”sobrinos” acuitardos y sus “primos” los subálveos de interflujo (estos últimos, como los más principales responsables de los novedosos 60-80 Hms/año al Mar Menor), de ellos se estaría extrayendo un “hidro-perpetum mobile·” de recursos procedentes de las infiltraciones directas de los regueros de salmuera y de los presuntos drenajes de lixiviados salobres que transitan por las cañadas y los cauces que por desgracia aún persisten en el Campo de Cartagena City, comarca díscola hidro-independiente que tiene en pie de lucha, hoy por hoy, a toda una guarnición del séptimo de caballería. Pero los indios siguen escondidos tras las desalobradoras ilegales y siguen conspirando desde sus clandestinas cuevas repletas de depósitos salinos de rechazo pliocuaternarios.

Y porque es intuitivo suponer que un proyecto de batería de extracciones frente al litoral del Mar Menor podría ocasionar la extracción de agua salina directa desde el ídem (siempre existirá una proporción de agua dulce que se inducirá a su salinización y una provocación de intrusión marina, aunque sea parcial o temporal en el acuífero); si bien, tambien es cierto.., que existirá cierto rendimiento de extracción desde los "cuaternarios" de un modo transitorio hasta que se estableciera cierta hipotética barrera inducida de umbral hidrogeológico pre-litoral, como marcan los cánones. Pero una cosa es inducir y mantener coyunturalmente esta barrera con un objetivo de prevenir la intrusión marina (a partir del momento crítico donde se alcanzaría el hipotético equilibrio hidrostático, y siempre como medida temporal), y otro que pudiere servir de sistema panacea para evitar la entrada de contaminantes "antinatura" al Mar Menor y/o extraer los contaminantes de la familia cuaternaria de un modo permanente y de máximo rendimiento. Por lo que los Sres. Supercicutas deben conocer el hándicap que encierra este método y deberían buscar otras alternativas; pero ni tan siquiera sería eficaz la propuesta de hidrociencia-ficción de una doble barrera : una primera barrera pre-litoral para crear el umbral salino; y otra interior, para el barrido de los contaminantes "cuaternarios"; entre otras cosas, porque habría que habilitar una infraestructura por gravedad para el desalojo de todos los efluentes extraidos... (lo que me trae muy malos recuerdos de un viejo cuento faraónico sobre ciertas tuberías de drenaje e impulsiones...).

Sólo una política de “choque” basada en la eliminación radical y absoluta de los drenajes salobres y de la implementación de unos programas de dilución inducida a través de los retornos de regadío con agua dulce (pej.- los derivados de las aguas desaladas de Valdelentisco, etc..), serían las medidas más óptimas para la autoregeneración corto-medio plazo de toda la familia "yonki" cuaternaria, incluyendo a su “tía”, Dª. Mª del Mar Menor.

Por tanto, la palabra “disolución” podrá ser entendida como una palabra hipócrita, díscola y diabólica. Pero “la solución es la “di-solución", ¡oh, esa maldita palabra…! Pero también sería la “di-solución” de muchos complejos, de erróneas leyendas sibilinas y de las más recientes alternativas estratégicas de dudosa interpretación.

Sinceramente, creo que ya estoy en el infierno, aunque hay alguien que anima mi ánima. Puede que esté sólo en el Purgatorio…

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