Vertidos, Medicamentos y Superbacterias

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Sobre el blog

Fernando Follos
Fernando Follos es Coordinador del Área de Medio Ambiente Industrial en Ideas Medioambientales S.L.

Los avances en las técnicas de medición y la cada vez mayor concienciación sobre el impacto que nuestras actividades más cotidianas tienen en el medio ambiente, nos ha llevado a conocer en los últimos años nuevos contaminantes que afectarían a la calidad de nuestras aguas.

Estos nuevos contaminantes, llamados emergentes, son viejos conocidos de nuestras aguas, sólo que habían pasado hasta ahora inadvertidos, y comienzan actualmente a ser estudiados. Su presencia en el agua resulta inquietante por cuanto que se desconoce qué concentraciones podrían ser permisibles, que efectos podrían tener, o hasta dónde podrían llegar en el ciclo del agua... está claro que superan nuestros tratamientos de aguas pero… ¿podrían llegar hasta el agua de nuestros grifos?

Al igual que desconocemos su concentración o su persistencia en el medio, desconocemos también en buena parte sus efectos. Algunos estudios de hecho no arrojan muy buenos augurios a este respecto, pues ya se están detectando efectos adversos en el medio ambiente como bioacumulaciones, efectos carcinogénicos, toxicidad aguda o disrupciones endocrinas, que podrían llevar incluso a la feminización de peces… ¿qué efectos podrían estar teniendo sobre el ser humano?

Su presencia en el agua resulta inquietante por cuanto que se desconoce qué concentraciones podrían ser permisibles

Son muchos los nuevos casos de contaminantes emergentes que están estudiando diversos organismos y comunidades científicas actualmente, entre los que podemos encontrar las parafinas cloradas, los retardantes de llama bromados (como el famoso Bisfenol A), los compuestos perfluorados o los metabolitos producidos por la descomposición de diversos productos químicos como los pesticidas, sobre los que hasta el momento ningún fabricante había realizado estudios.

Entre estos nuevos contaminantes emergentes hay un grupo especialmente problemático: Los medicamentos. Su extensión de uso y sus efectos sobre el medio hídrico podrían acarrear graves consecuencias no sólo sobre el medio ambiente, sino también sobre la salud, y a escala global.

La presencia de estos contaminantes en las aguas no sólo es debido a un consumo excesivamente prolífico de medicamentos en nuestras casas, sino que hay otros focos importantes de contaminación como son:

  • Las actividades ganaderas, que hacen uso de los medicamentos y los antibióticos incluso en modo profiláctico, acabando luego los mismos en las corrientes de agua debido a la infiltración de la deyecciones ganaderas en el terreno.
  • La acuicultura, que utiliza también de forma extensa fungicidas, antibióticos o antiparasitarios para el cultivo de peces.
  • Los propios hospitales, que son uno de los focos de vertido de fármacos y metabolitos de estos más importante. Vertido que se realiza al alcantarillado en la mayoría de los casos sin tratamiento previo.
  • Los retos de medicamentos que aún tira por el retrete el 20% de los españoles, según algunas estadísticas, fruto de una escasa conciencia del problema.

Así, muchos de los medicamentos que tomamos terminan formando parte, por ejemplo, de las aguas residuales de nuestras ciudades, uno de los principales focos de vertido de estos contaminantes emergentes.

Algunos estudios cifran una cantidad aproximada de 2 a 5 gramos al día de medicamentos por cada 1000 habitantes, de los cuales nuestras depuradoras pueden depurar bastante bien los analgésicos y antiinflamatorios, pero presentan problemas de asimilación para el resto de grupos, que no se depuran más que un 20% o un 60%.

Una ciudad como Madrid podría suponer el vertido directo al río de hasta 4,7 kilos al día de medicamentos, y eso sólo teniendo en cuenta el aporte directo desde la ciudad una vez depuradas las aguas.

En la batalla entre tecnología farmacológica y bacterias patógenas que hace décadas se está produciendo en este planeta, parece ser que están ganando ya las bacterias

A estos vertidos hay que añadir los de otra serie de productos químicos asimilables, como biocidas, antisépticos y desinfectantes de todo tipo, que cada vez forman parte más habitual de muchos de nuestros productos de consumo que se anuncian como “anti-bacterias”, “higiene total”, “12 horas de protección”, etc.

Estos productos, además de tener el mismo efecto que un jabón normal, pueden tener en sus formulaciones productos químicos como el triclosan, el clorofenol u otros que, además de presentar problemas para la salud ante su uso continuado, tienen efectos muy perjudiciales sobre la calidad de las aguas.

Algunos de ellos, como el triclosan, podrían contribuir, según ciertos estudios, a potenciar precisamente uno de los efectos más peligrosos registrados por el vertido de ciertos tipos de medicamentos: La generación de Superbacterias.

Y es que en la batalla entre tecnología farmacológica y bacterias patógenas que hace décadas se está produciendo en este planeta, parece ser que están ganando ya las bacterias, que están consiguiendo adaptarse mucho más rápido a nuestros "ataques" de lo que nosotros conseguimos evolucionar en nuestro "armamento".

Dentro de esta batalla, la contaminación de las aguas parece que podría jugar en un futuro un papel relevante, ya que los estudios realizados en los últimos años están descubriendo que nuestros sistemas de depuración clásicos podrían ser un reactor diseñado para la rápida propagación de resistencias.

Y es que, además del hecho de que tan sólo el 30% de los antibióticos presentes en las aguas residuales se puedan eliminar en las depuradoras, vertiéndose el resto al agua directamente, o del potencial que nuestras depuradoras tienen de trasladar la resistencia a antibióticos aguas abajo de su punto de vertido, el principal problema parece estar en el potencial amplificador de dichas resistencias en el seno del propio sistema de depuración.

Nuestros sistemas de depuración actuales no son más que “enormes calderos de cultivo de bacterias”, en condiciones aerobias o anaerobias, a los cuales estamos medicando constantemente y proveyendo de genes resistentes a los distintos fármacos, que se propagan entre las distintas cepas existentes. Esto, unido a la falta de eficacia de estos medios para la destrucción total de unas enterobacterias que cada vez son más resistentes, incluso a los tratamientos con cloro, hace que nuestras depuradoras se terminen convirtiendo en un reservorio de superbacterias infecciosas.

Estas superbacterias no sólo suponen un riesgo para los trabajadores de la propia depuradora, sino también para aquellos que trasiegan con los lodos procedentes de las mismas, o incluso para la propia salud pública, sobretodo en aquellos casos en los que se reutilizan las aguas o se usan para fines recreativos o de baño aguas debajo de los sistemas de depuración.

Así lo han demostrado ya diversos estudios, como el realizado en el Río Some por científicos de la Universidad de Warwick, que descubrieron a mediados del año pasado superbacterias resistentes a la mayor parte de los antibióticos, incluso a los de tercera generación, alojadas en su mayor parte en los sedimentos acumulados a la salida del punto de vertido de la estación depuradora de la localidad de Coventry, encontrándose entre estas algunas enterobacterias.

Otros estudios, como el realizado por la Universidad de Maryland, de Estados Unidos, ponen de manifiesto el peligro que puede suponer la reutilización de aguas depuradas para determinados usos, sobretodo cuando en algunos vertidos de diversas estaciones depuradoras se encontraban estafilococos aureus multirresistentes.

Las superbacterias matan ya a unas 23.000 personas al año en Estados Unidos, y están presentes en al menos 2 millones de enfermedades, según datos oficiales, una cifra que podría elevarse hasta las 25.000 muertes en el caso de Europa, y que al parecer se encuentra en ascenso.

La mayor parte de estas cifras, sin embargo, son debidas a infecciones adquiridas en entornos hospitalarios controlados, y podrían quedarse muy pequeñas si evaluamos el potencial impacto que podría suponer la incursión en nuestra salud de cualquiera de las superbacterias generadas a partir de nuestras aguas residuales.

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