Agua y el nexo con amores de adolescente

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Sobre el blog

Fernando Miralles-Wilhelm
Especialista Líder en Agua y Saneamiento. Es ingeniero mecánico de la Universidad Simón Bolívar en Venezuela, con Maestría en Ingeniería de la Universidad de California en Irvine, y Doctorado en Ingeniería Civil y Ambiental de MIT.

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¡No hay suficiente agua y nos vamos a morir todos! En realidad, no recuerdo con exactitud lo que dijo el profesor, pero hasta el día de hoy solo recuerdo el shock de aquellas palabras.

Era una mañana de septiembre en 1982, y yo con todos mis 16 años a cuestas iniciaba mis primeras clases en la universidad. Esta se llamaba “El Hombre y su Ambiente” (si, el “hombre y…”, no “la mujer y…”; hoy en día quizás se llamaría “el ser humano y…”), pero eso es otra historia. Era una de esas asignaturas que nos hacían cursar a los estudiantes de ingeniería para sensibilizarnos acerca de temas que no fuesen técnicos, supongo que era para que no nos convirtiésemos en unos robots de la matemática y la física.

En esa clase, el profesor nos explicaba como el agua es el motor de la vida, y que esto tiene un significado muy amplio e importante: Los seres humanos y los seres vivos en general, requieren agua para vivir, y además consumimos agua indirectamente en todo lo que hacemos.

Hoy en día llamamos el “nexo” a ese vínculo que tiene el agua con prácticamente todas las actividades realizadas por el ser humano

Necesitamos agua para cultivar alimentos, y no solo los que sembramos; todos los alimentos que consumimos necesitan agua para ser producidos: las carnes, los granos, los huevos, todos absolutamente. La energía que utilizamos todos los días también necesita agua para ser producida. Y no es solo la energía hidroeléctrica, como nos explicaba el profesor; el carbón, el petróleo, las plantas térmicas, lo que hoy llamamos biocombustibles, todo esto también.

Esto es lo que hoy en día llamamos el “nexo”, ese vínculo que tiene el agua, con prácticamente todas las actividades realizadas por el ser humano. Ese líquido vital no solo nos mantiene vivos a ustedes y a mí, a sus mascotas y sus plantas, sino también mantiene al resto del mundo.

Creo que esto es lo que el profe nos estaba tratando de explicar aquella mañana. El agua es vida, y mientras más somos, más agua utilizamos. Viendo hoy en día las sequías en Sao Paolo, las que hubo en años recientes en Argentina, en México, en Venezuela y en el Caribe, no dejo de buscar aquellas palabras en mi memoria. Si su intención era captar nuestra atención, pues conmigo le funcionó muy bien. En ese momento no me di cuenta (en mi caso es muy cierto aquello de que los hombres tardamos en madurar y pasaría un buen tiempo antes que lo hiciera), pero quedé completamente cautivado por el tema del agua.

Las clases siguientes en esa asignatura fueron igual de interesantes e impactantes. Hablamos de aquel estudio legendario de Los Límites del Crecimiento, que puso el tema de la sostenibilidad en el vocabulario mundial, y que para mi ha sido fuente de inspiración y de curiosidad intelectual, aún después de más de 40 años de su publicación. Hablamos de las necesidades alimenticias de un mundo en crecimiento, de como los bosques son deforestados para producir energía, de cómo la contaminación resultante del aire y del agua afecta nuestra salud; de cómo el agua es ese líquido que conecta a todas las partes de nuestro planeta, y que por ello merece atención y cuidado especial. Como hoy en día yo le digo a mis alumnos en clase, el agua es para la Tierra lo que la sangre es para el cuerpo humano.

Ya estoy pisando los 50, y recuerdo esa mañana en el valle de Sartenejas cerca de Caracas como si hubiese sucedido ayer. Recuerdo al Prof. Moritz Benado, a quien no le he dado las gracias por haberme impactado de aquella manera. Recuerdo aquel momento en el cual, de adolescente, me enamoré perdidamente de un tema al cual le he dedicado una buena parte de mi vida profesional. Entiendo ahora que aquellas no eran palabras proféticas pregonando un desastre, sino mas bien lanzando un reto hacia esa generación que se empezaba a formar.

En este día del agua, le envío mi saludo y gratitud al profe en donde quiera que esté. Veo hacia adelante, y me doy cuenta que ese reto que nos propuso entonces se mantiene hoy vigente. Y me siento infinitamente afortunado de haberme formado y haber trabajado en el tema del agua, cada vez más entusiasmado de seguirlo haciendo, aunque sea con unas canas de más.

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