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Carretera hídrica o plantas desaladoras

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Sobre el blog

Gabriel Caldes
Asesor (MBA) Gestión Hídrica, Gestión Estratégica. Dirigió creación de empresa sanitaria ECONSSAChile, Dirigió por el Estado varios procesos de cambios en la industria de concesiones sanitarias. Autor del libro La Industria Sanitaria en Chile.
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  • Carretera hídrica o plantas desaladoras

Desde hace un tiempo Chile se está lamentando de la escasez hídrica, algunos sectores culpan a la sequía como la principal responsable de esta situación. Esta condena, se fundamente en el fenómeno global del Cambio Climático que afecta al planeta y que la ciencia con la academia, tanto nacional e internacional, junto con organismos internacionales, han identificado al país como uno de los 30 de los que más impactará este fenómeno. Por esta razón han puesto las alertas necesarias y han realizado recomendado de algunas acciones para enfrentarla al largo plazo.

Esta acción de culpar a la sequía de los problemas de falta de agua, nos permite exculpar nuestra propia responsabilidad en el fenómeno de la escasez hídrica y así, no asumir que nuestra institucionalidad pública y gestión hídrica de los privados no está permitiendo adaptarnos adecuadamente a la nueva realidad hídrica. Es durante la vigencia de la actual institucionalidad y marco normativo hídrico, además del inefable “mercado del agua,” han permitido que llegáramos a esta situación de crisis hídrica como lo sucedido en Copiapó o Petorca. Los conflictos mencionados, su principal causa no está basada en el efecto del cambio climático, esta situación tienen una componente importante de una carencia de gestión hídrica eficaz de la institucionalidad del Estado y de los propios usuarios de la cuenca, que no tuvieron la capacidad de impedir oportunamente la sobre explotación de las fuentes de agua en la cuenca, acompañada de una inexistente fiscalización por parte del Estado y una institucionalidad pública del agua muy atomizada, que por carecer de información adecuada no fue capaz de coordinarse y actuar tempranamente para evitar la extracción indiscriminada en las fuentes de agua.

Al margen de las culpas o juicios respecto del agua, los análisis y estudios de las instituciones especializadas, tanto nacional como internacional, indican que la tendencia de las precipitación cada vez serán menores, lo que significa que la capacidad hídrica de Chile, para los próximos años, es a la baja. Esto quiere decir, que los ingresos de agua a una fuente, producto de la falta de lluvia y nieve serán menores. Esta situación, es a lo menos, desde la Región de la Araucanía por el sur, a la Región de Atacama donde comienza el desierto por el norte. (Radiografía Hídrica, Fundación Chile, 2017).

Los efectos del cambio climático y la escasez hídrica empezaron a visualizarse en Chile, a fines de la década del 2000 en zonas geográficas con una pluviometría de las más baja del país (Regiones de Atacama, Coquimbo y Valparaíso), donde existía un proceso de expansión económica de algunos sectores productivos como minería y agricultura a consecuencia del aumento de los precios internacionales del cobre, frutas y paltas. Este polo de desarrollo, atrajo una inmigración de población nacional y extranjera, permitiendo el aumento de la demanda inmobiliaria y de servicios básicos como el agua potable y alcantarillado, que nos llevó, entre otras cosas, a una sobre explotación hídrica de los acuíferos y ecosistemas acuáticos,

Este proceso, de alguna manera, es consecuencia de un desarrollo económico muchas veces desordenado y cómplice de una depredación ambiental e hídrica, acompañada de una falta de planificación territorial y fiscalización adecuada del Estado, que aún se mantiene. No existen señales políticas concretas que estamos dispuestos a cambiar para enfrentar los nuevos escenarios hídricos, mostrando la falta de capacidad técnica y de voluntad política, para resolver el tema hídrico en el corto plazo.

Chile por ser un país muy largo y angosto con una Cordillera de Los Andes, que lo hace un territorio con poca superficie plana, con ríos cortos y en algunos casos con pendiente. Esto, nos impide retener los caudales de los ríos el tiempo adecuado, salvo con la construcción de embalses, para usufructuar de los beneficios del agua. Los países vecinos como Perú y Argentina, tienen ríos de 3.000 o 4.000 km de longitud.

Según el Atlas del Agua (DGA 2016), el país cuenta con un clima bastante variable, desde el tipo desértico en el norte, con una pluviometría promedio de 87 mm/año, pasando por un clima templado del centro con 950 mm/año, pero con 8 meses secos y un clima lluvioso del sur con 2.500 mm/año, hasta un clima muy lluviosos y frío como el del extremo sur, que posee una gran precipitación anual (régimen pluviométrico oceánico) cuyo promedio alcanza a más de 3.000 mm/año. (Ver articulo anterior en el blog)

Estas características pueden dar origen a un significativo desarrollo sostenible de la silvioagrícultura, forestal, minería, industrial o turístico, siempre y cuando, cuidemos el medio ambiente y logremos redistribuir y abastecer de agua en forma sostenible a aquellas zonas geográficas que hoy no cuentan con un acceso a ella o tienen escasez hídrica. Si somos capaces de aprovechar y potenciar nuestras ventajas competitivas con innovación, tecnología y sustentabilidad y por otra parte, neutralizar o mitigar nuestras desventajas, podemos dar un significativo salto al futuro.

Según la Oficina de Planificación Agrícola, del Ministerio de Agricultura (ODEPA, Panorama de la Agricultura Chilena 2017.) el total del territorio continental del país es de 75,6 millones de hectáreas, 15.9 millones de hectáreas corresponden a tierras estériles, áridos y pedregales y 52,6 millones están asociada a las explotaciones agropecuarias y forestales. Sin embargo, debido a factores geográficos, económicos y de falta de agua, la superficie de los suelos cultivados es bastante restringida, alcanzando a sólo 2,1 millones de hectáreas. Además existen 2,8 millones de hectáreas de plantaciones forestales y 1,1 millones de praderas mejoradas.

ODEPA, también indica que el 83% de la superficie cultivada se encuentra en campos mayores a 1.000 hectáreas y están constituida por el 1% de los propietarios privados agrícola. Sin embargo, el 2,4% de la superficie cultivada, está constituida por campos que tienen 20 hectáreas o menos y corresponden al 82% de los propietarios privados agrícola.

Las cifras muestran que Chile tiene una fuerte concentración de la propiedad de la tierra productiva (en consecuencia, también de la propiedad de los Derechos de Aprovechamientos de Agua), además de una importante brecha entre las áreas cultivables y las efectivamente cultivadas, indicando que tenemos una gran cantidad de superficie de terreno que podemos incorporar al suelo productivo de la agricultura, pecuaria o agroindustria, con un clima del cálido y seco del norte que favorece a algunos cultivos, como algunos cítrico, tomates, olivos, flores, etc. que potencialmente podemos incrementar nuestras exportaciones agropecuarias en forma considerable.

El mes pasado, se presentó en el Ministerio de Obras Públicas (MOP), el proyecto de la carretera hídrica submarina, que transportaría agua dulce por el borde costero vía submarina, a unos 100 a 200 metros de profundidad, captando las aguas en la desembocadura de tres ríos del sur (Bio Bio, Maule y Rapel), hasta la zona desértica de la Región de Antofagasta. La longitud de la carretera es de 2.200 km, con un diámetro de hasta 3 a 4 metros de una tubería flexible, de fibra textil termoplástica de alta resistencia, lastrado (no anclado) en el fondo del mar, con un caudal máximo de 35 m3/seg.

Que existan tres grupos de inversionistas privados extranjeros y nacionales, dispuesto a financiar carreteras hídricas entre 1.200 km y 2.200 km de longitud, dependiendo del caudal y una inversión entre los US$8.000 millones y más de US$15.000 millones es una señal que hay un valor agergado que no estamos mirando o no lo estamos considerando. (Un proyecto trasporta agua por la pre cordillera de Los Andes, otro por vía submarina y otro por el borde de la carretera 5)

Con este entorno, las soluciones como las carreteras hídricas y/o la construcción de plantas desaladoras de gran volumen, para abastecer de agua al norte del país, adquieren una mayor atención, como parte de una eventual solución de largo plazo.

Al analizar la factibilidad de estos proyectos, la tecnología y la innovación, en especial la energía solar, son un factor importante a considerar, no solo en la operación de la carretera hídrica o plantas desaladora, si no que en el uso del agua. Hoy se está hablando de “riego tecnificado” como una de las soluciones hídricas, sin embargo es la “agricultura de precisión” una de las prácticas más robusta que se está instalando en los campos, haciendo más eficiente el suelo, el agua y el cultivo.

Lo que no podemos hacer, es seguir indiferentes a estas eventuales oportunidades o tomarnos 10 o 15 años más, para decidir si la solución son plantas desaladoras o una carretera hídrica. Esta situación amerita que los estudio y análisis de factibilidad, sean realizados con una visión más holística y por empresas u organismo internacionales que tengan el conocimiento y la experiencia suficiente en este tipo de proyectos y sus efectos complementarios como el medio ambiental y en el potencial del desarrollo económico y social del país.

Chile, con la institucionalidad hídrica y la agricultura como la que tiene actualmente, no es suficiente para ser una potencia alimentaria como lo han declarado varios de los últimos gobiernos. Si no tomamos decisiones innovadoras y disruptivas que faciliten el desarrollo del país, seguiremos esforzándonos por lograr un desarrollo social que nos tomará más tiempo del necesario.

Finalmente, es necesario mirar el futuro al largo plazo. Un país mono dependiente de materias primas como el nuestro, es necesario que empecemos a buscar otras alternativas para nuestro destino o a descartar opciones que no sean conveniente para el país. El inmovilismo y la burocracia nunca han sido un buen socio para avanzar en el desarrollo integral de un país.

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