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La escasez hídrica no siempre es por la sequía

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Sobre el blog

Gabriel Caldes
Asesor (MBA) Gestión Hídrica, Gestión Estratégica. Dirigió creación de empresa sanitaria ECONSSAChile, Dirigió por el Estado varios procesos de cambios en la industria de concesiones sanitarias. Autor del libro La Industria Sanitaria en Chile.
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Los países de América Latina pertenecen a un continente con una precipitación media anual de 1.600 milímetros y una escorrentía media de 400 mil m3/s. Algunos países como Brasil, en la zona de la Amazonía presenta una disponibilidad hídrica de 20 mil m3/hab/año y de 1.500 m3/hab/año en el nordeste. Chile, con una disponibilidad promedio de 51.218 m3/hab/año (8,5 veces la media mundial), sin embargo, desde Santiago al norte, donde se concentra el 70% de la población, cuenta con una escorrentía per cápita promedio de menos 500 m3/hab/año, es decir, 12 veces menos que el promedio mundial. (World Water Forum 8, 2018). Somos un continente con recursos hídricos pero no siempre están disponible en donde los necesitamos. 

Actualmente los temas más destacados en el sector hídrico son el Cambio Climático, la Escasez Hídrica, la Sequía, la Gobernanza y la Gestión Hídrica. Se repiten con distintos énfasis o intensidad en todos los países que dicen enfrentar falta de agua como consecuencia del cambio climático. Esta ultima afirmación tiene una parte de verdad y otra parte que es necesaria hacer una breve reflexión.

El cambio climático efectivamente está provocando una serie de efectos ambientales en el planeta, estos efectos dependen en gran medida del lugar geográfico donde se encuentre el país. Son distintas las consecuencias en el África de Botwana o en Siberia del Asia oriental de Rusia y cada uno de ellos debe adaptarse, de acuerdo sus capacidades y fortalezas, a los impactos del clima en particular en el tema del agua, que es uno de los más importantes del calentamiento global. Sin embargo, la falta de agua producida por este fenómeno climático no es solo responsabilidad de la sequía, existe otra causa que no está determinada directamente por el efecto del cambio climático, pero si están relacionadas.

Sin duda, que la sequía meteorológica es uno de los efectos que mayor impacto tiene en el continente. Esta tiene sus orígenes en las condiciones climáticas y consiste en la ausencia o disminución de las precipitaciones en forma transitoria en un período de tiempo determinado, reduciendo la oferta hídrica en una determinada cuenca o acuífero, produciendo un desbalance hídrico negativo que se traduce en falta de agua o de acceso a ella. En el caso que la sequía sea prolongada, el acuífero puede degradarse hasta secarse.

Por otra parte, está el concepto de escasez hídrica que no es un sinónimo de la sequía, por el contrario, su origen es un proceso generado por el ser humano, que producto de la extracción de agua indiscriminada  de una fuente o cuenca y sin control, es superior al volumen de agua que entra al acuífero, generando una incapacidad hídrica para satisfacer la demanda que se necesita en la cuenca. De no tomar medidas oportunas, el acuífero también se puede secar.

La relevancia de trabajar las diferencias de estos conceptos, que ambos producen falta de recursos hídricos, es que las soluciones o adaptaciones de estos procesos son diferentes. No es lo mismo enfrentar una sequía o una escasez hídrica. La primera es de origen natural, climatológica y transitoria, sin embargo la segunda tiene su origen en la actividad humana, es estructural y permanente.

La escasez hídrica es consecuencia de una gestión ineficiente, con una institucionalidad y normativa débil que permite realizar una extracción de agua indiscriminada y constante, que permite la sobre explotación de los acuíferos, que de no tomar medidas oportunas, permitirá que el acuífero se contamine. Este proceso, se puede producir con o sin que exista una sequía meteorológica.

Lo que ha venido hacer el cambio climático es a complicarnos aún más la situación hídrica y dejar al descubierto lo mal que estábamos administrando y utilizando el agua, que además pensábamos que era un recurso renovable, que nos podría faltar pero jamás acabar y ese es el desafío que nos está planteando el cambio climático, que logremos una gestión hídrica eficiente.

Una autoridad de una importante urbe Latinoamericana, planteaba que su ciudad enfrentaba una fuerte escasez hídrica que incluso, podría poner en riesgo el abastecimiento de agua potable. Sin embargo, cuando uno mira los datos, la ciudad no cuenta con una medición que permitan controlar el consumo de agua de los agricultores y el agua potable domiciliaria, donde el precio del agua consumida es estimado y está fuertemente subsidiada por el Estado, de modo que el incentivo para los usuarios esta puesto en el consumo ineficiente y no en el ahorro. Esta situación ha creado en la población una cultura de uso del agua que permite el despilfarro, donde el abastecimiento humano es de 600 litros por habitante día, cuando el estándar internacional es de 100 a 150 litros por habitante día, lo que obliga a sobre dimensionar las inversiones en infraestructura para una demanda de agua potable y saneamiento ineficientes.

A su vez los agricultores, mayoritariamente vitivinícolas, que han tenido un importante incremento de las exportaciones de vinos, arrastró un importante aumento de la demandan de agua, aun cuando se continúa regando en forma ancestral por inundación y sin medición, desperdiciando una parte importante del agua.

Este tipo de “falta de agua”, no es por sequía y tampoco por carencia de agua y menos del cambio climático, esta es consecuencia de una cultura hídrica que está asociada a una gestión deficiente, produciendo la escasez hídrica por la forma de administrar, utilizar y distribuir el agua.

Nuestra incapacidad de desarrollar una gestión hídrica eficiente, se la estamos trasladando al cambio climático y lo culpamos de la falta de agua, situación que no siempre es efectiva, una parte importante de la falta de recursos hídricos actualmente, es consecuencia de lo mal que venimos administrando el agua existente.

La forma de enfrentar la falta de recursos hídricos en una sequía es compleja, pero la escasez hídrica socialmente es aún más compleja, requiere, entre otras cosas, de una voluntad política de las partes, de una institucionalidad fuerte y confiable, de regulaciones y normas eficaces con información adecuada y transparente.

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