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La escasez hídrica no tiene solución

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  • escasez hídrica no tiene solución

Sobre el blog

Gabriel Caldes
Asesor (MBA) Gestión Hídrica, Gestión Estratégica. Dirigió creación de empresa sanitaria ECONSSAChile, Dirigió por el Estado varios procesos de cambios en la industria de concesiones sanitarias. Autor del libro La Industria Sanitaria en Chile.
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Para saber qué hacer con el agua hoy, se requiere que el debate hídrico defina una visión estratégica de futuro compartido de cual será el modelo de desarrollo del país, ¿Qué queremos como país para el año 2050?, ¿Seguiremos como país mono productor minero? o ¿Queremos ser una potencia agroalimentaria?. La falta de esta mirada no nos permite saber  ué debemos hacer hoy para resolver la contingencia hídirca para llegar donde queremos estar . No basta solo la mirada reduccionista ambiental o productiva, como se está realizando actualmente, para insertar el agua en un modelo de desarrollo económico, social y ambiental del país, 

En el corto plazo, basta mejorar la eficiencia en el uso del agua y/o mejorar las brechas hídricas para satisfacer la demanda actual, sin embargo, en la mirada del largo plazo no basta la eficiencia hídrica o mejorar las brechas, por el contrario, debemos proyectar la demanda futuro para satisfacerla en forma segura y sustentable, con participación de la comunidad e incorporación de tecnología, que sin duda modificará positivamente el uso y gestión del agua, con cambios culturales, con incentivos y desincentivos en el uso y la conservación de los ecosistemas acuáticos  basado en fundamentos y evidencias científicas y no solo en posiciones políticas o ambientalistas.

Llevamos 10 años y no tenemos un plan hídrico de largo plazo o una política hídrica sustentable y legitimada. La discusión en el congreso por la modificación del Código de Aguas, ha perdido sentido y oportunidad, se ha restringido solo a una cerrada discusión política bipolar. Mientras no exista un debate abierto, con una visión de futuro del agua, no sabremos que debemos reformar, cambiar o crear. para resolver nuestro déficit de agua

Estamos en una etapa excepcional de nuestra historia que jamás se había dado, estamos frente a una “mega-crisis” que consiste en la existencias en un mismo momento de una serie de crisis que son capas temáticas que debemos resolver y que se relacionan entre sí, como la crisis social, crisis viral del COVID-19 y la crisis ambiental (CO2 y Cambio climático) que tienen al menos dos características. La primera, es su carácter global, todas ellas se están manifestando y visibilizando, algunas empezaron hace varios años y con distinta intensidad, no solo en un país o continente, sino que a nivel planetario. La otra y la más importante, es que todas están relacionadas por su origen y el elemento común es el comportamiento que han tenido l@s homosapiens. Son los humano, con su actitud un tanto depredadora y ambiciosa son las que han provocado el daño ambiental, social y económico a la humanidad.

Como país hemos estado mucho tiempo inmóvil, haciendo solo diagnósticos y análisis, mientras tanto estamos esperando que llueva, pero eso no ha sucedido, sin embargo seguimos esperando. Algo parecido nos puede pasar con la crisis social.

La falta de agua, producto de la sequía más severa desde que tenemos registros históricos,  ya empieza a alterar la vida de sectores de la población, principalmente en zonas rurales donde ya no cuentan con agua potable, al igual que la pequeña  y mediana agricultura donde sus cultivos se han secado, produciendo desplazamientos de parte de la población para el centro y sur del país. Por su parte, la ganadería caprina y ovina del norte chico, ha tenido que enfrentar la muerte de una masa ganadera de unas 100.000 cabezas por falta de alimentos, dejando grandes extensiones de terrenos de secano expuestos, que facilitarán el avance del desierto hacia el centro del país. 

Para enfrentar la crisis hídrica, el gobierno ha emitido su primer “Informe de la Mesa Nacional del Agua” orientado a compartir un diagnóstico de la situación hídrica, pero sin plantear una hoja de ruta o un plan de acciones concretas de corto y largo plazo, con metas, compromisos y financiamiento para resolver la crisis hídrica. Como solución, entre otras, se proponen la construcción de embalses, plantas desaladoras e infiltración de acuíferos, sin muchos fundamentos técnicos o científicos. dejando de lado las soluciones basadas en la naturaleza, que si bien es cierto son de un bajo volumen de agua salvo que se masifiquen pueden ser un aporte en una zona determinada.  De las obras mencionadas, solo la infiltración de acuífero podría dar resultados de un año para otro, pero los embalses y desaladoras se demoran más de 10 años los primeros y 4 años lo segundo

El rol que tiene el Estado y sus facultades para gestionar o intervenir el uso del agua no son suficiente y carece de una institucionalidad, normativa e instrumentos necesarios para este nuevo escenario.

Los gobiernos desde el año 2010 a la fecha no han tenido la voluntad política o sentido de urgencia para diseñar una normativa o mecanismos institucionalidad para realizar acciones concretas para intervenir el mercado con el fin de enfrentar la crisis hídrica. Esta es una de las razones que ha impedido la existencia de un liderazgo técnico-político fuerte que permita conducir un complejo proceso de transición hídrica que nos saque de la actual situación y nos proyecte al futuro. 

"Siendo bien honesto, no tenemos recursos para enfrentar una sequía de esta envergadura. Esta es la sequía más grande de la historia de Chile por lejos, ha sido un terremoto". Declaraciones del Ministro de Agricultura, febrero del 2020

Una de las cosas que nos ha mostrado la crisis social del 18 de octubre, es que la institucionalidad pública y privada ha sido sobre pasada por los hechos, dejándonos ver su obsolescencia e ineficacia para resolver las demandas de la sociedad, su anquilosamiento de sus actos, ha colocado el foco en sí misma, en cumplir sus propias demandas burocráticas, desplazando al ciudadano del centro de función, careciendo de alguna capacidad de adaptación al nuevo escenario y escuchar oportunamente a la sociedad para detectar las necesidades de su entorno, como con la seguridad, transporte, salud, educación, pensiones, crisis hídrica y otros.

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