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Adaptación inclusiva al cambio climático

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Sobre el blog

Gilberto Manuel Martel Rodríguez
Ingeniero Técnico Industrial. Trabaja en Departamento de Agua del Instituto Tecnológico de Canarias. Ha coordinado importantes proyectos de cooperación transnacional centrados en la gestión sostenible del agua de forma integral.
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  • Adaptación inclusiva al cambio climático

Un día de octubre de 2017. Amanece en dos lugares de geología y paisajes similares pero separados por 1.500 kilómetros y 50 años de desarrollo económico acelerado.

En la ladera del barranco situado en la latitud más sureña, más tropical y empobrecida, una niña de 11 años sale de su casa de bloque visto, con la muy usada garrafa de plástico amarillo de 15 litros. Baja por una pequeña senda hecha a base de pies descalzos durante generaciones. Va a buscar agua al chafariz “cercano”. Son sólo 800 metros de pendiente hasta el fondo del barranco. Ya está acostumbrada. Hay amigas con las que queda en la fuente que vienen de más lejos.

Tiene un hermano de 7 años al que aún tiene que dar de desayunar y su madre lleva amarrada a la espalda una niña de meses. Su abuela está encamada y su padre ya hace tiempo que emigró fuera del país y casi no lo recuerda.

Hoy va con prisa. No quiere llegar tarde a la escuela. Hay fiesta. Van a inaugurar unas casas de banho con agua y todo. Hace días vinieron unas chicas con bata blanca, muy divertidas, para explicarles cómo hay usarlas. En su zona nadie tiene baño en sus casas y menos aquel artefacto para dar de cuerpo y otras necesidades, cómodamente sentadas y en la intimidad. Aquí normalmente se hace al aire libre, donde se puede y, casi siempre, con muchos problemas para que nadie te vea. Las chicas dijeron que había que tener mucho cuidado con la higiene y no tirar ningún residuo por aquel agujero. Ahora entiende por qué ha perdido tantos días de clase por culpa de la diarrea y su hermano se puso tan malito a principios de agosto.

Su madre hace rato que salió a las laderas barranco arriba donde en junio, como todos los vecinos de la zona, sembró al estilo tradicional los granos de millo y congo, un tipo judía local que pudo guardar del año anterior que, aunque no fue bueno, por lo menos dio para guardar algo de semillas para volver a intentarlo este año.

Este año no ha sido así. Llovió un poco a principios de agosto. Lo suficiente para que la simiente germinara y comenzara a crecer vigorosa. La alegría de esos días fue inmensa y duró más allá de los días que salieron a “matar” la hierba y “tapar” la tierra con su pequeño apero, la intxada.

Hoy subía preocupada. No ha vuelto a llover y todo se está secando. Ya sabe que el millo no dará ni para pasto y encima se ha perdido la semilla. La situación recuerda a la sequía de cuando era niña, en los años 80, cuando muchas personas de la zona decidieron definitivamente emigrar para buscar trabajo en el continente europeo o, incluso, a América. Gracias a la ayuda internacional y al efectivo reparto de alimentos no hubo hambruna aquel año. ¿Qué pasará ahora?

En la isla, 1.500 km al norte, uon hombre de unos cuarenta y pocos años se despierta abatid. Se ha desvelado un par de veces. Hacer 3 años, con una ilusión tremenda, decidió arrendar una finca en uno de esos barrancos impresionantes del sur de su isla. Barrancos encajados, insólitos, pero dónde la luminosidad es preponderante todo el año. Él no era agricultor de tradición familiar. Decidió formarse como capataz, consiguiendo trabajos aquí y allí para llevar cuadrillas de limpieza o de jardinería o como comercial de fitosanitarios. Nunca nada estable.

Por fin encontró la que creía la oportunidad de su vida, una finca bastante extensa de frutales tropicales, en franco retroceso y abandono pero en la que él veía grandes posibilidades. Siempre había estado preocupado por la sostenibilidad de su isla y, especialmente, por eso que se llamaban soberanía alimentaria. Esta finca le parecía una joya para desarrollar sus ilusiones y proyectos. Había conseguido un arrendamiento por 10 años y llevaba ya dos recuperando los árboles y ampliando con nuevas especies y variedades. Ya este año empezó a recuperar algo con la cosecha de aguacates que aunque no fue todo lo abundante que podía ser, el precio que ese año alcanzó el nuevo oro verde le dio un subidón de optimismo que ni él se lo creía. Además, el problema más importante de toda la agricultura de su isla que era el acceso al agua, él lo tenía garantizado ya que estaba integrado en una de las comunidades de regantes que se nutrían de los embalses del sur que destacaban como joyas paisajísticas y de la ingeniería humana en aquellos paisajes áridos y abruptos.

Pero se ha llevado un palo. Ayer le llegó la nota de la comunidad de regantes. Debido a la sequía pertinaz y el bajo nivel de agua embalsada se ha reducido la asignación de agua. No sabe realmente como le afectará pero sí le han dicho que, por la cota a la que está su finca y la distancia al embalse, es mejor que vaya reduciendo drásticamente los riegos. Si no llueve pronto con algún temporal del Sur la previsión es que en pocos meses puedan tener que cortar totalmente el suministro. Está que no se lo cree. Con la fruta terminando de hacerse en los árboles y encima este calor exagerado para octubre.

Marzo de 2019. El día 22 se celebra el Día Mundial del Agua, este año con el lema “No dejar nadie atrás”.

Ante situaciones tan apabullantes como el cambio climático da la impresión de que no se puede hacer nada. Da igual que sea o no el cambio climático, estas personas aquí descritas se iban a quedar atrás igualmente. Es “ley de vida” dirían algunos. Es que no son nada competitivos dirían otros.

La realidad no fue así. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible llevan décadas calando en la mentalidad de muchas personas que ya conciben sus proyectos, sus iniciativas, sus propuestas con la idea subyacente de “No dejar nadie atrás”.

Para el joven agricultor de frutales, la situación podía haber sido dramática como era de esperar. Aquel invierno de 2017 efectivamente no llovió a tiempo. Pero no. La previsión de algunos hizo que no faltara agua. De forma urgente, pero provisional, se conectaron las redes que traían aguas regeneradas desde el Sureste de la isla hacia los jardines y campos de golf de la zona turística del Sur. Se comenzó a bombear aguas regeneradas hacia cotas donde antes nunca lo había hecho.

Se lo comunicaron a los pocos días de restringirle el agua del embalse: como alternativa podía usar agua regenerada. ¿Qué? ¿Agua residual para mi finca? ¡Accedo porque no me queda más remedio!

Ahora en 2019, su visión ha cambiado totalmente. Las aguas regeneradas le salvaron la finca y pudo comprobar que no le iba tan mal con estas aguas. Le llegaban en conducción cerrada y a presión y pagaba exactamente lo que consumía. Encima se ha dado cuenta que puede ahorrar en fertilizantes y ya no depende tanto de la sequía. La comunidad de regantes se ha acostumbrado a realizar una gestión optimizada de las aguas superficiales combinadas con la capacidad de resiliencia de las aguas regeneradas. A través de un proyecto europeo ha participado en charlas de formación sobre el uso de aguas regeneradas y la adaptación al cambio climático. Incluso les han dicho que van a comenzar a probar una App que les permitirá conocer la disponibilidad de agua en su zona y las analíticas periódicas. Precisamente hoy participa en unas jornadas para contar su experiencia y reconocer que no lo han dejado atrás.

Mucho más al sur, las cosas van cambiando más lentamente pero… van cambiando. La niña está contentísima en clase. Sus profesores han recibido una formación y les han entregado materiales para trabajar en clase y aprender sobre cambio climático y agua. Por primera vez accede a cómics, dibujos animados y juegos donde aprende muchísimo, se divierte y sobre todo, se siente reflejada. Los baños siguen funcionando. Tienen claro que no hay que tirar ningún residuo por el inodoro, que ya se ha hecho de la familia, y ahora van a montar un sistema para reaprovechar el agua y poner árboles frutales.

Su madre también observa la vida con más esperanza. En 2017 tuvieron que volver a repartir alimentos entre los afectados por la sequía. Después de ese momento ha tenido la oportunidad de prepararse para lo que viene. Ha accedido a un curso a través de Radio Educativa para formarse en adaptación al cambio climático y uso eficiente del agua. El acceder a la información la ha empoderado y ahora afronta los problemas desde otro punto. Ya tiene sentido la depuradora del pueblo cercano con la parcela de riego enterrado para probar diferentes cultivos. Se ha prestado voluntaria para llevar adelante una experiencia de riegos de compensación en cultivos de secano e incorporar otras variedades de cultivo más resistentes.

Sabe que no permitirá que nadie la deje atrás.

Más información en: www.adaptares.com

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