IFEMA
Connecting Waterpeople
Premios iAgua 2018
110 nominados en 23 categorías aspiran a coronarse en la gala que se celebrará el próximo 19 de Diciembre.

Madrid Río (I): Aire fresco y arenas fértiles o cómo disponer de un refrigerador natural

5
693
  • Madrid Río (I): Aire fresco y arenas fértiles o cómo disponer refrigerador natural

Sobre el blog

Jacobo Maldonado González
Socio de Entorno Producciones y Estudios Ambientales S.L. Desde 1988, especializados en Medio Natural y Educación Ambiental. Ingeniero de Montes Asociados a ASEMFO (Gerente: Arancha López de Sancho Collado)
Sofrel
Bentley Systems
· 693
5

Iniciamos con esta entrada una serie de comentarios en los que hablaremos de los condicionantes abióticos y bióticos que van a permitir al Río Manzanares, en su tramo más urbano, evolucionar hacia sistemas ecológicos progresivamente más complejos y maduros. Hablaremos también de los nuevos servicios ambientales que nos prestará a los madrileños.

Respecto del proceso de naturalización iniciado, lo primero que conviene aclarar es que el lecho del Manzanares es todavía el lecho natural originario poco transformado. Está formado por aporte de materiales del cuaternario. Es decir la aparente canalización y represamiento realizado en épocas y enfoques de gestión anteriores solo afectaba a sus riberas que se verticalizaron y amurallaron con mampostería. De esta manera se evitaba su divagación y  la salida de madre en las crecidas al mismo tiempo que se posibilitaba su embalsamiento cuando se cerraban las esclusas.

El fondo no ha sido ni enlosado ni canalizado. Es un lecho de arcosas, arenas procedentes de la erosión de las zonas serranas elevadas y que forman parte de los depósitos terciarios de la campiña madrileña que a su vez han sido arrancadas, transportadas y depositadas en las vegas del Manzanares durante los últimos miles de años. Estos depósitos son muy similares a los que constituyen el importantísimo acuífero del terciario pero forman parte de una unidad diferente formada por los depósitos aluviales del cuaternario. Son también un acuífero de gran importancia, ubicado encima del anterior,   formado por arenas empapadas en agua, que en forma líquida se infiltra, discurre y desplaza lentamente a través de los poros existentes entre las partículas de arenas y limos hacia  zonas de cotas más bajas. Uno de los rebosaderos naturales de ambos acuíferos y depósitos es el cauce del Río Manzanares, lo que conlleva que por su madre, transcurra un caudal permanente a lo largo de todo el año, a pesar de la larga sequía estival mediterránea. Otra forma de expresarlo sería que desde que entra el agua en el acuífero cotas arriba, procedente de las precipitaciones, hasta que aflora por el cauce arenoso, pueden llegar a pasar más de tres meses de modo que el aporte de agua, aunque disminuye en verano, siempre está presente.

Otra consecuencia inmediata que ofrecen las arenas aportadas por procesos erosivos activos a lo largo de los amplios plazos geológicos, unidas a las arenas aportadas en crecidas a partir de la capacidad de transporte de los caudales en el corto plazo, es la posibilidad de arraigo de semillas, estaquillas, y otros elementos vegetales procedentes de las comunidades vegetales de ribera. Son materiales silíceos , que dan lugar a litologías y suelos jóvenes de carácter ácido, adecuadas para especies adaptadas ventajosamente a este pH: sauces o sargas, chopos, y algo más alejadas de sus orillas las singulares fresnedas. Existe también una flora de las zonas encharcadas que varía con la profundidad de las aguas, la velocidad de la corriente y el tiempo que permanecen las raíces sumergidas. La especie más visible de este grupo es el carrizo, que a pesar de su tamaño tiene un ciclo de renovación anual. Esta característica se visibiliza por el paso de color verde al color cañizo de la primavera y verano al otoño e invierno y viceversa.

La capacidad transportadora del agua a lo largo del cuaternario, ha generado una lengua de arenas a lo largo de todo el valle del Manzanares que alcanza hasta su desembocadura en el Jarama atravesando depósitos básicos de litología margosa y yesos. Este hecho deja su reflejo en el paisaje, como las dehesas ganaderas de fresnos existentes en las cercanías de Perales del Rio, antes de la confluencia con el Jarama en el Parque Regional del Sureste  rodeadas de vertientes y cantiles de marcada aridez y poco atractivo para la flora “mayor”.

El transcurrir del aguas en sentido Norte-Sur, buscando las cotas más bajas camino del Jarama coincide, en los días meteorológicamente estables, con la entrada de aire frío en el mismo sentido, especialmente durante las mañanas. Este aire más pesado, avanza sobre la “vega” a favor de las vaguadas, como una corriente gaseosa que se ve reforzada por el efecto de isla de calor de la ciudad urbanizada. Se detectan diferencias negativas de temperatura de hasta -7º C más frías en las orillas del Manzanares, que en invierno se visibilizan en forma de escarchas y rocíos según nos acercamos al río. El calor acumulado por la ciudad va diluyendo este efecto de Norte a Sur y a la altura de Legazpi, el efecto empieza a ser significativamente menor llegando a desaparecer.

En verano, el Manzanares nos hace un regalo a los Madrileños de un valor inestimable. Actúa como un refrigerador a gran escala. No solo porque es una puerta abierta a la entrada de aire fresco. También porque a partir de la evaporación del agua superficial, refrigera, humedece y renueva el aire de su entorno. La naturalización de su cauce con la presencia futura de un bosque de galería en sus orillas y de carrizos en el cauce, pone en acción un conjunto insuperable de “biobombas de impulsión” que toman el agua, del río y el subsuelo cercano y lo envían a la atmósfera. El alcance de este efecto beneficio se multiplica en duración y distancia frente a la simple evaporación del agua estancada en periodos anteriores. Al mediodía cuando el calor aprieta la actividad de la vegetación aumenta y compensa en mayor medida este efecto. Durante la noche y la mañana, la vegetación sigue respirando, nunca para, sigue el bombeo y el aire frío, estable busca el río, con los que el efecto se refuerza y se agradece en las cada vez más abundantes "noches tropicales" de Madrid.

En resumidas cuentas. La naturalización de Madrid Río nos permitirá contar con un refrigerador verde natural de más de 7 km de longitud y unas 350 has de superficie con una capacidad de bombeo estival, (Julio, Agosto ) de más de 100 millones de litros de vapor de agua a la atmósfera.

Comentarios