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Los efectos medioambientales de la lava del volcán de La Palma

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Sobre el blog

Jaime Méndez Hernando
Alumno de segundo año del Master Universitario en Ingeniería Química de la Universidad Politécnica de Madrid de la rama de Medio Ambiente y Procesos.

El pasado 19 de septiembre de este año, el volcán de Cumbre Vieja de La Palma (Islas Canarias, España) entró en erupción tras haber registrado ocho series sísmicas durante el mes de junio.

Implacable a su paso, las diferentes coladas cargadas de lava a una temperatura superior a los 1.200°C alcanzaron el océano Atlántico tras 10 días de constantes aperturas de nuevas bocas alrededor del cono principal del volcán.

Actualmente el volcán sigue en activo y tal es así que sus efectos adversos para el medio ambiente continúan y no se prevén que cedan hasta pasado un considerable periodo de tiempo. A continuación, se relatan las consecuencias de esta inédita situación en nuestro país.

Emisiones producidas a la atmósfera

En el momento en el que la lava alcanza la superficie del mar, se produce un descomunal choque térmico debido a la diferencia entre ambas masas, teniendo en cuenta que la lava se encuentra a la temperatura mencionada anteriormente y el agua a aproximadamente 21°C.

Como consecuencia de ello, el agua se evapora rápidamente y sintetiza una gran nube de carácter tóxico y perjudicial para la salud humana, conformada por diferentes gases con alto contenido en sulfuros, cloruros (consecuencia de la sal marina) o carbonatos, a parte del propio vapor de agua.

Esto se produce básicamente porque el propio mar contiene sales disueltas en su composición reaccionan directamente convirtiéndose en ácidos y diferentes óxidos, como pueden ser el sulfhídrico (H2S) o el monóxido de carbono (CO), entre muchos otros. Estos impactan directamente en el medio ambiente por ser compuestos que pueden transformarse en los que repercuten directamente en el calentamiento global. A su vez, una concentración elevada de estas sustancias tiene efecto en el bienestar de las personas.

De una forma similar, los gases emitidos en la propia brecha volcánica tienen efectos y características semejantes (mayoritariamente óxidos). Tal es así que la actividad volcánica evalúa a través de los niveles de SO2, aunque en esta ocasión destacan la emisión de material particulado (cenizas) por ser capaces de recorrer grandes distancias a consecuencia de las diferentes corrientes de aire y amenazar a la salud humana.

Impacto directo en el océano

Por otra parte, y nuevamente debido a esa brutal diferencia de temperaturas, la lava volcánica se solidifica y se introduce en el mar modificando e impactando directamente con el ecosistema de la zona en forma de delta. En esta ocasión es importante mencionar las pequeñas explosiones producidas por la diferencia de temperaturas y la cristalización y posterior emisión al mar de pequeñas partículas de vidrio volcánico.

Aunque su efecto es claramente negativo sobre la fauna y flora marina, actualmente se están llevando a cabo investigaciones para el estudio a nivel submarino para poder clarificar la verdadera magnitud este impacto. Entre los parámetros más importantes se encuentran la determinación de la mayor cantidad de propiedades químicas y físicas del fondo del mar: la salinidad, pH, la temperatura registrada, la disminución de O2 disuelto en el agua y el posible aumento en la concentración de nutrientes inorgánicos. Además, también se estudian la detección de posibles irregularidades en el fondo marino, con la posible aparición de diferentes flujos de carácter magmático o hidrotermal.

Impacto en las infraestructuras de la isla

Como consecuencia del paso incesante de la lava, determinadas infraestructura de tipo agrario (principalmente sistemas de regadío para las plataneras) han sido literalmente destruidas, provocando repercusiones económicas negativas de manera directa en las familias propietarias.

En un intento de mitigar este hecho, diferentes organismos públicos (entre los que se encuentra la Consejería de Transición Ecológica, Lucha y Planificación Territorial) han acordado el uso de equipos que permitan paliar los efectos provocado por el volcán, entre los que destacan las estaciones de desaladoras portátiles. Para su funcionamiento, usa un sistema de ósmosis inversa que capta el agua del mar y consigue desalarla mediante una membrana de carácter semipermeable, con el fin de acondicionarla químicamente librándola de diferentes impurezas, como pueden ser bacterias o microplásticos.

Según se estima, la capacidad de cada una de estas estaciones ronda entorno a unos 3.000 m³ al día, siendo capaces de abastecer parcialmente la demanda requerida por parte de los terrenos agrícolas afectados. Para completarla y como segunda medida de actuación, el Ministerio para la Transición Ecológica del Gobierno de España ha permitido el uso de un buque cisterna, con la intención de aumentar este caudal lo máximo posible.

No todo es negativo

Independientemente de la situación catastrófica que están viviendo hoy en día los habitantes de la isla, existen diferentes casos en donde se notifica que, tras un periodo largo de tiempo, el impacto de este fenómeno puede tener una repercusión positiva.

De manera general, se sabe y está demostrado que las diferentes coladas de lava son capaces de enriquecer el suelo por donde fluyen, contribuyendo así a la formación de nuevos terrenos con características únicas que permite su utilización para una multitud de propósitos.

En el caso de la erupción del volcán de Kilawea en el año 2018, tras que la lava llegara al mar y elevara su temperatura, los nutrientes que se encuentran en el fondo del mar ascendieron a la superficie y, gracias a ello, las algas conformadas por fitoplancton afloraron en la superficie enriqueciendo la fauna y flora marina.

Posibles medidas de contención

Nuevamente basado en eventos anteriores, existen algunas medidas para evitar el avance de la lava hasta su llegada al mar, aunque no medidas posteriores para mitigación de daños medioambientales (únicamente la evacuación de la población colindante al recorrido de la colada).

Tal es así que la posibilidad que más barajada es la presencia de diques que corten y reconduzcan la trayectoria de la lava ladera abajo, como ya se hace en países como Islandia. Estas medidas requieren de muchos efectivos y dispositivos en lugares donde esta actividad volcánica es habitual y su actuación está estrictamente protocolizada.

Por todo ello y como es bien conocido, este tipo de actividad terrestre es difícil de predecir y sus consecuencias medioambientales son difíciles de mitigar. Una vez más, el planeta nos avisa de que por mucho que la humanidad avance,  siempre va un paso por delante.

Redacción iAgua