La crisis sanitaria de la cuenca del lago de Valencia-Venezuela

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Sobre el blog

Jesús Castillo
Director de la ONG Agua Sin Fronteras, somos una asociación civil sin fines de lucro dedicada promover el conocimiento del agua, la valoración económica, social, religiosa, cultural y ambiental del agua, la gestión de recursos hídricos.
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La Crisis Sanitaria de la Cuenca del lago De Valencia en Venezuela . Hoy es un Problema de Salud Publica

Cuando pasamos revista a los negativos efectos que actualmente se producen en la interrelación entre los seres humanos y la naturaleza que los rodea y les sirve de soporte en la amplísima y hermosa región de la Cuenca del Lago de Valencia o de los Tacarigua, encontramos todo un conjunto de indicadores, ampliamente demostrativos de la existencia de una profunda distorsión de la convivencia indispensable entre la naturaleza y el ser humano, generadora de conflictos crecientes, tanto en frecuencia como en importancia, dificultades que afectan las condiciones y la calidad de la vida de los habitantes de un área geográfica que alberga a millones de ciudadanos.

Problemas que no empezaron ayer y cuya existencia comenzó ya hace unas décadas, cuando el sistema de comunicaciones de la región central que tiene como eje la autopista regional del centro, pero en el cual están incorporados las vías que conectan la región capital con el centro del país, con los llanos y occidente, dio claras señales de saturación y congestión, demandando una respuesta de ampliación, seguridad y mantenimiento vial, que se adelantara a lo que hoy es una elevada morbi-mortalidad de nuestros ciudadanos a consecuencia del volumen de accidentes que ocurren. Problemática que en la actualidad se ha complicado, al ponerse en riesgo la existencia de la infraestructura vial, como una clara consecuencia del erosivo efecto de las aguas del Lago sobre las instalaciones, especialmente el viaducto de la Cabrera.

Dificultades, que se aprecian con mucha claridad en la atención medico-asistencial de una población cuyo crecimiento ha sido muy superior a las ofertas de atención construidas por el estado, es sabido que los valles de Aragua y las riberas del Lago se convirtieron en áreas de expansión urbanística para la migración poblacional interior, provenientes tanto de la capital como de los llanos centrales, generándose con su presencia una nueva demanda de servicios públicos entre los cuales destacó rápidamente, el trabajo, la vivienda, la educación y la infraestructura sanitaria.

Necesidades frente a las cuales las respuestas urbanísticas no solo han sido limitadas, sino profundamente equivocadas, el desorden y la improvisación condujo a carencias sanitarias extremas en los múltiples asentamientos organizados (ausencia de agua potable, de eliminación de excretas y recolección de basura). Además una gran parte de la construcción se ha realizado en los lechos de las quebradas, de los ríos y del Lago, ignorando inexplicablemente los riesgos y las profundas insuficiencias en materia de infraestructura sanitaria de la mayoría de los “desarrollos” permitidos.

Deformaciones urbanísticas inexplicables, estimuladas por la avaricia y amparadas por la demagogia político-electoral y la corrupción, porque resulta incomprensible que se ignorara semejantes abusos en los consejos municipales, gobernaciones de estado y en Miraflores; la experiencia humana sobre los efectos de los fenómenos naturales es ampliamente ilustrativa, de cómo las aguas regresan a sus lechos, con resultados trágicamente demoledores en más de una ocasión, resultando muy importante recordar nuestra experiencia nacional (Vargas) y regional (El Limón).

Y en paralelo a los aspectos poblacionales, urbanísticos y de infraestructura ya descritos, cuyo desarrollo tiene ya dos a tres décadas, también se ha gestado un proceso de contaminación de las aguas del Lago como consecuencia de la descarga de desechos industriales de las numerosas empresas e instalaciones que se han establecido en la periferia de las ciudades existentes en la región, particularmente de Valencia. Residuos químicos y metálicos de los procesos de transformación, de elevada capacidad tóxica (cancerígena y degenerativa) ya demostrada por la experiencia internacional y que no han recibido una buena parte de ellos el tratamiento adecuado para reducir o eliminar su letal efecto, efectos profundamente negativos para la salud de nuestra población y los cuales se encuentran en pleno crecimiento apuntando a las nuevas generaciones.

Sobre este panorama de debilidades e importantes limitaciones se ha sumado la acción de la naturaleza, cuya acción se ha hecho irreversible y creciente, con efectos que han puesto al desnudo todo el conjunto de factores y errores descritos, la erosiva actividad del agua sobre el tejido urbano de la vecindad, ha dejado de ser una particularidad, se ha convertido en una situación que compromete el destino de numerosas poblaciones instaladas en las urbanizaciones construidas en los municipios ribereños.

 Cabe destacar que el Lago de Valencia se ubica en una cuenca de carácter endoderrico , que en las ultimas decacadas ha experimentado un crecimiento progresivo producto de la puesta en marcha del sistema de acueducto de la Región Central (estados Aragua y Carabobo), este crecimiento ha afectado severamente miles de viviendas y predios agrícolas que durante mas de 30 años se construyeron en las planicies aluviales del lago, de allí el costo social de quienes perdieron sus vivienda y predios agrícolas, y esto ha sido fundamentalmente por la falta de planificación del Estado Venezolano al permitir estas construcciones así como el retrazo en la ejecución de las obras de saneamiento y control que debieron ejecutarse a mediados de 1978 . Bajo esta perspectiva en su indetenible avance, las aguas del Lago han desencadenado una sistemática ofensiva, en la cual convergen un conjunto de mecanismos que en los hechos se potencian, profundizando el deterioro del proyecto comunicacional, productivo, urbanístico y sanitario que se ha ejecutado durante varias décadas en el centro de Venezuela y en el cual se han cometido los mismos errores que en décadas anteriores están muy presentes en las políticas públicas construidas en el poblamiento contemporáneo del Valle de Caracas.

Millares de ciudadanos venezolanos se encuentran hoy en refugios, el agua del lago se comió sus viviendas, destruyendo además sus pertenencias, desordenándoles el modo de vida, empobreciéndolos e incluso dejándolos sin sus trabajos (agricultores y criadores). Sin embargo las desgracias ocasionadas por nuestra torpeza no han quedado en las dificultades descritas, en los hechos han superado a las ya señaladas, la erosión urbanística esta mucho más allá de los millares de maracayeros o valencianos visiblemente afectados, las aguas subterráneas se comportan como el “comején”, destruyen la infraestructura de las viviendas e inutilizan los sistemas de eliminación de excretas, contaminando el agua de consumo humano.

Verdaderos lodazales se extienden en las vecindades de los municipios ribereños (11 aragüeños y 9 carabobeños), facilitando la formación de lodazales que ya se han convertido en criaderos de los muy conocidos vectores de patologías altamente peligrosas como el dengue, zika, chiqungulla,el paludismo y la fiebre amarilla.

Aguas en las cuales el impacto de las excretas y la basura, las ha convertido en un venenoso vehículo de todo tipo de gérmenes, entre los cuales destacan los virus, las bacterias y los parásitos, clásicos enemigos de la salud y de la vida de nuestros niños. Situación de crisis hoy y la cual había sido ampliamente superada durante la primera mitad del siglo pasado, cuando el sistema sanitario nacional logró doblegar las enfermedades infecciosas y parasitarias, incluidos el paludismo y la tuberculosis, reduciendo su incidencia en la región a su mínima expresión.

Como podemos apreciar los riesgos para la salud, la prosperidad y la vida de nuestros compatriotas en la crisis de la cuenca y que estamos explicando son numerosos, pero entre ellos se destacan los siguientes:

  • la posibilidad de una inundación masiva con el trágico resultado de centenares de muertos acompañados con la destrucción de millares de viviendas y decenas de miles de damnificados;
  • el desarrollo de fenómenos epidémicos (dengue, cólera, tifoidea) cuyas consecuencias también serían muy trágicas dada la morbi-mortalidad que se generaría;
  • un tercer jinete del apocalipsis está dado el fantasma dramático del hambre, el desempleo y la violencia, indeseables componentes del desarraigo y el empobrecimiento que vive una buena parte de nuestra población;
  • y por último la posibilidad de una gran fractura en la autopista regional del centro con sus caóticos efectos, ocasionada por el deslizamiento de un segmento de la vía, producto del efecto erosivo del agua del lago.

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