Akerlof y la regulación del agua

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El sector del agua anda necesitado de soporte conceptual para justificar su ofensiva sobre el servicio público local del agua, limitar aún más el margen de maniobra de los entes locales y convertir definitivamente un servicio público en un mercado, como ya sucedió con los servicios energéticos o las comunicaciones.

Es bien conocido que la forma de explicar los conflictos influye en su mejor aceptación por la opinión pública. En ese empeño -buscar soporte intelectual a lo que nació como simple interés económico- han nacido algunos foros de debate entre los que el sector ha potenciado el Foro Económico del Agua, que ha buscado y obtenido apoyos significativos en el mundo universitario y político. El concepto básico ha adoptado del inglés el nombre de framing, pero encontraríamos nombres más castizos en nuestro idioma.

En pocos meses, el Foro ha celebrado diversos encuentros, y recientemente, el 5 de abril en Barcelona, su cuarta edición en la que han intervenido destacados especialistas y se ha invitado a los premios Nobel Munhasinghe (paz, 2007), y Tirole (economía, 2014) para prestigiar el encuentro. Ha llamado la atención que en un foro tan orientado a promover la idea de un regulador para los servicios urbanos del agua, se haya invitado a los reguladores británico y portugués y no haya sido invitada a explicar su experiencia la Agencia Catalana del Agua (ACA) que, además de ser el garante de la seguridad hídrica y el regulador del agua en Catalunya hubiera podido explicar ejemplos de éxito y también algún fracaso. Por cierto, muy acertada en su intervención y en las respuestas la Sra. Akmouch.

Francesc Trillas, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona ha estudiado las opiniones sobre regulación de Georges A. Akerlof profesor de Berkeley y premio Nobel de Economía 2001 por sus contribuciones al estudio de las asimetrías de información en los mercados. Como indica Trillas, en sus estudios posteriores Akerlof prosiguió en su análisis de situaciones realistas en las que los mercados libres basados en la maximización del interés individual no proporcionan las soluciones eficientes que la sociedad necesita ya sea por la existencia de asimetrías de información, ya sea por comportamientos individuales que se alejan de los supuestos de la mano invisible de Adam Smith. Por cierto, en tanto que mercado, el del agua es algo forzado por la intervención de manos visibles; no sé qué pensaría el Sr. Smith sobre la cuestión. El pensamiento de Akerlof sobrevoló el foro pues él es uno de los defensores del relato potente para que la historia sea aceptable por el público.

Quizá pensando en la experiencia del ACA ausente, Trillas glosó la idea del federalismo regulatorio y se refirió a la necesidad de adoptar soluciones realistas pues, la búsqueda del ideal conduce a la melancolía. Tan cierto como que el análisis parcial de la realidad conduce no sólo a la frustración de los objetivos que se persiguen sino a que los relatos pierdan credibilidad rápidamente. Eso sería tanto más lamentable en el caso del agua, en el que ciertamente urge un relato integrador y de futuro.

Ese es el problema del Foro. Atraer premios Nobel otorga resonancia mediática y éxito a corto plazo, pero olvidar a la autoridad hidráulica de las cuencas y a los grandes actores del ciclo del agua – agricultura y empresas energéticas- centrando así el problema en el agua urbana convierte el relato en inconsistente, sin coherencia con lo que se dice. ¿Cómo puede entenderse que el escenario de la eficiencia en el uso del agua y la lucha contra el cambio climático pueda definirse con ausencias tan notables?

¿Cómo puede apelarse a la seguridad hídrica de las ciudades, es decir a establecer una relación sólida entre el ciclo general del agua y el ciclo local sin una reflexión de fondo sobre la política hidráulica y los mecanismos a implementar en la planificación hidrológica para obtenerla con carácter general?

¿Cómo insistir en la PPP (public private partnership) y pretender aún profundizarla con una cuarta P (people) cuando el relato no va a durar más que lo necesario para que se apruebe la ley que se pretende?

Está bien que el sector quiera negocio, es natural. Y tiene bazas poderosas que ofrecer. Pero no se deben mezclar churras y merinas. El discurso de la eficiencia debe englobar todos los sectores y analizar qué es lo que se hizo bien y lo que se hizo mal en el pasado. Y debe incluir los intereses de todos los actores. Y el negocio debe encajar debidamente con el interés público: la forma de hacerlo está por definir.

Las reflexiones de Elinor Ostrom sobre cómo los instintos de cooperación permiten gestionar de forma eficiente los bienes comunes, o las de los premios nobel del IV Foro celebrado en Barcelona no encajan con el framing elegido ni con las dinámicas observadas en el sector.

Tenemos graves déficits institucionales, ciertamente. Pero la proximidad del poder permite su mejor control y visualizar lo que funciona y lo que no. Y en ese contexto, la laminación del poder municipal, precisamente en un momento en el que ese poder está haciendo importantísimos esfuerzos para reinventarse y corregir errores es una pésima señal que quita credibilidad a los que se oponen a esa dinámica de reflexión en profundidad sobre el gobierno y la gestión de los servicios públicos locales.

Como recuerda Trillas, el capitalismo es ambiguo, y sólo funciona si tomamos la decisión adecuada, porque engañar es tan inherente al capitalismo como proporcionar bienes materiales que satisfacen muchas de nuestras necesidades. Y para que los ciudadanos comprendan el sentido profundo de que el agua es un recurso escaso en el sentido de consentir usos alternativos que compiten entre sí, hay que explicarse muy bien en un contexto en el que siempre ha primado la emotividad. A veces, emotividad pura; y a veces, envolviendo algún interés.

Tenemos un servicio público, excelentes capacidades de organización y gestión en el ámbito público y en el privado, una autoridad hidráulica que administra el recurso y un gran conjunto de actores en el uso del agua. Hay que hablar de ello a fondo, con todos y entre todos. Otra cosa es secuestrar al actor público con capacidad de regulación y producir un mercado privado protegido. Eso no favorece la competitividad sino al capitalismo de BOE del que ya estamos excesivamente servidos.

Lo observado no garantiza un relato creíble. Puede que al final nos encontremos con una rueda de molino o con una píldora dorada. Por ese motivo me permito sugerir que la agenda Akerlof debe dotarse de mecanismos que demuestren la convicción de los promotores en que el objetivo real de tal iniciativa es el bienestar colectivo.

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