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Una vez más. Cinco toneladas de peces muertos. Cinco toneladas de nitrógeno diario. Un fertilizante que por abuso se ha convertido en veneno. ¿Desde cuándo? ¿Hasta cuándo? ¿Cuántas de esas toneladas corresponden a cultivos ilegales? ¿Cuántas a cultivos legales que no han asumido su responsabilidad ambiental? ¿Cuántas a residuos de granjas intensivas? ¿Cuántas a aguas residuales urbanas sin o con insuficiente tratamiento?

Tanta ceguera, ¡qué vergüenza! Tanto aspaviento para sacudirse las responsabilidades. Al desastre ambiental hay que añadir el desastre para el turismo de la zona. Cuánto descrédito, cuanta pérdida de valor de las fincas urbanas. Qué desprestigio para la llamada huerta de Europa. ¡Qué pérdida para las señas de identidad de tantas personas que se sentían orgullosas de esa zona!

No bastaron los avisos previos, las catástrofes anteriores. Cuanta más agua, peor: el Tajo, escuálido y vertiendo al Mar Menor. Un río atlántico convertido en un vertedero de residuos al mediterráneo. Con una rimbombancia similar a la ya utilizada, se podría decir que el Mar Menor se ha convertido en el sumidero de Europa.

Quizá algunos recuerden que el año 1966, en pleno franquismo, un bombardero americano perdió 4 bombas atómicas que cayeron en la playa de Palomares. El campo quedó sembrado de plutonio y en un gesto irresponsable, el ministro Fraga Iribarne se bañó en esa playa para mostrar que allí no había pasado nada grave. Pues bien, algún dirigente político actual ha comparado - ¿a conciencia o por ignorancia? - el desastre del Mar Menor con el que 55 años atrás sucedió en Palomares decidiendo que se iba a bañar allí para demostrar que todo lo que estamos conociendo es un montaje y que en realidad “el Mar Menor está mejor que nunca”.[1]

La fertirrigación aporta nutrientes -no sólo nitrógeno, también fósforo y otros- a los cultivos, pero su eficiencia está lejos del 100%, incluso con las técnicas actuales. Es decir, una parte significativa de esos componentes no se aprovecha y se pierde. La eficiencia en el uso de fertilizantes está en torno al 50%. El resto, se acumulan en el subsuelo y aparecen donde los lleva el agua, y si hay luz fertilizan lo que sea. Dicho de otra manera, la capacidad de fertilización de esos residuos es parecida a la de la producción agraria de la que provienen.

Los nutrientes en el agua alimentan la producción de fitoplancton que enturbia el agua. Una vez terminado su ciclo vital, muere y se descompone, consumiendo el oxígeno disuelto. En el mejor de los casos los peces mueren por asfixia. En algunos, intoxicados por el exceso de agroquímicos ingerido. No han muerto más peces porque no había más. La pesca en el Mar Menor se ha acabado por un largo tiempo, hoy es un caladero desacreditado y exhausto. Cinco toneladas de nitrógeno se convierten en decenas de toneladas de material orgánico. Se estima que el subsuelo del Campo de Cartagena almacena 300.000 toneladas de nitratos. Lo almacenado en décadas, no se va a resolver con un simple decreto, lo apruebe quien lo apruebe, es tan inútil como decretar a qué hora debe salir el sol. Hay mucha gestión por delante, obras, cambios de hábitos y cargas financieras a soportar por parte de quien olvidó esos costes en su escandallo particular. Tiempo, dinero y maneras.

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Un día y otro durante años. A 26ºC, temperatura máxima del Mar Menor en agosto, la solubilidad del oxígeno en agua es de 8,1 miligramos por litro. Eso es lo que necesitan los peces para vivir. La laguna tiene 200 km2 de superficie y una profundidad media de 4 metros, es decir, contiene 800 millones de metros cúbicos de agua. En verano y con las aguas limpias, el agua contenía 6.500 Tm de oxígeno disuelto.

20 años atrás, la pesca en el Mar Menor todavía daba capturas del orden de 200 Tm anuales. Se acabó.

Lo sorprendente es el desparpajo de algunas organizaciones que, sin mencionar los agroquímicos, explican que la agricultura no es responsable ni del calentamiento del agua ni de la llegada de 200.000 turistas. O el lío del saneamiento urbano, cuyos fondos se han canalizado históricamente a través de las comunidades autónomas a pesar de las competencias municipales en la materia.

Es decir, como si el problema del Mar Menor, no fuera con ellos. Me acuerdo del viejo chiste del vagabundo que, yendo por el camino con un cerdo de origen dudoso a la espalda, se ve sorprendido por un guardia civil que lo interpela: ¿dónde vas con ese cerdo a la espalda? Y el otro, sin inmutarse, mira atrás, deja caer el animal al suelo y sacudiéndose la camisa dice: uy, ¡quita bicho, quita!

¿Hay que acabar con el trasvase del Tajo, como ya se ha pedido de forma oportunista? Probablemente lo mejor sería cumplir con los protocolos y asegurar un caudal circulante suficiente y una protección de esas aguas mejor que la observada en la cuenca del Segura. Hace un año se presentó el esquema de Temas Importantes del Plan Hidrológico del Tajo. Las referencias al trasvase fueron muy suaves. Siempre se referían a él como “los excedentes transvasados a la cuenca Segura”, con la incógnita sobre su viabilidad futura en función del cambio climático, y el respeto a los caudales ecológicos establecidos en el Real Decreto 773/2014. Pues bien, la avaricia rompe el saco y ahora ya se reclama abiertamente el fin del trasvase.

En el Segura, finalmente parece que la máquina administrativa se empieza a mover después de años de pasividad. Como decimos en Catalunya, “quan fou mort, el combregaren” (le dieron la comunión después de morir). A buenas horas.

En realidad, la alternativa hace años que está ahí: además de una correcta gestión del agua dulce, las desaladoras esperan su turno, como en cualquier zona árida que se quiera próspera. Lo es Israel, lo es California y, entre nosotros, en Canarias saben mucho de eso. Como ya mostré hace un tiempo, estoy convencido de que la viabilidad de la agricultura murciana no depende de eso.[2]

No se trata de averiguar quién es más culpable. El que haya trabajado bien, que levante la mano y lo explique. Y los demás, a trabajar mejor. Cada uno en lo suyo y aprendiendo el difícil arte de la coordinación y la transparencia. Es posible y resulta gratificante.

[1] Teodoro García Egea. El Confidencial, 24 de agosto de 2021.

[2] Trasvases y externalidades. Joan Gaya. iAgua 28/12/2020

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Redacción iAgua

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