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Las energías del agua

  • energías agua

La relación entre el agua y la energía es tan antigua como la humanidad. Los saltos de agua movieron norias y molinos hasta época reciente, y los cursos de agua fueron, a favor de la corriente, nuestras primeras autopistas para transportar personas y mercancías.

La primera gran novedad al cabo de los siglos fue la máquina de vapor. Con ella se convirtió el agua en un intermediario energético de otras fuentes como la leña o el carbón. La revolución industrial que siguió al invento cambió profundamente el mundo conocido hasta la fecha. Y es que las ventajas fueron enormes: por una parte, se pudo deslocalizar la producción de los lugares en los que el agua era abundante. Por otra parte, la intensidad energética transmitida por el agua se multiplicó.

La primera cuestión no sólo permitió el desarrollo industrial de zonas sin desniveles o con agua escasa, sino que estuvo en el origen de la revolución de las comunicaciones: la más inmediata fue el ferrocarril, pero también cambió la navegación, que se emancipó del viento y del remo ( y de la soga en algunos lugares en los que se remontaba el río con tracción animal) con lo que ganó en autonomía y fiabilidad, y con ello se entrevieron los cambios que más tarde darían lugar a la motorización del transporte por carretera.

La segunda, multiplicó la energía asociada al agua. El salto de un metro cúbico de agua por un desnivel de un metro, cede 2,7 watios.hora. El vapor a presión cede cantidades de variables energía según las características de calderas y turbinas, pero que se miden en kilowatios.hora y en general superan en tres órdenes de magnitud a la de un salto de agua.

Por otra parte, los ciclos termodinámicos de las máquinas requieren de refrigeración. Entre los materiales más usados están el agua, por su elevado calor específico, y el aire, por su ubicuidad. Un metro cúbico de agua es capaz de absorber 1,16 kwh de energía calorífica por cada grado centígrado que se calienta.

Esas cualidades energéticas del agua, explican buena parte del mundo tecnológico que hemos conocido hasta el momento. Pero la nueva frontera de las energías renovables también tiene reservado un lugar privilegiado para el agua. Ahora se trata de liberar la energía del enlace hidrógeno-oxígeno para liberar hidrógeno como nueva fuente de energía. La ruptura de ese enlace supone liberar 6.500 kwh por cada metro cúbico de agua tratada. O lo que es equivalente, una tonelada de hidrógeno libera la misma energía que 136 toneladas de petróleo.

De forma análoga al salto operado cuando se sustituyó la energía mecánica del agua por sus cualidades térmicas, la nueva frontera que aportan las energías eólica y fotovoltaica eleva de nuevo en tres órdenes de magnitud la energía que puede ceder el agua. El hidrógeno es un combustible limpio y de notable intensidad energética que puede consumido de forma inmediata, pero su ventaja estratégica es que puede ser almacenado y transportado, es decir, usado como colchón logístico para compensar la variabilidad de las renovables y disociar su producción de las pautas de consumo.

El agua utilizada para esos nuevos ciclos no se recupera directamente en las instalaciones. Pero su vuelta al ciclo natural permite decir que es un recurso renovable, es decir que no se agota y volverá a estar disponible en el futuro.

Así pues, en la nueva época en la que ya estamos, seguiremos más pendientes que nunca del agua, no sólo por la necesidad de adaptar su disponibilidad a los usos convencionales sino por sus funciones energéticas, las clásicas y las derivadas del nuevo paradigma energético en desarrollo.