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Regular al regulador (2)

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Sobre el blog

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  • Regular al regulador (2)

La ofensiva del sector para obtener una regulación de mercado se desarrolla de forma combinada y coordinada en diversos frentes:

  • El mediático, que tiene lugar en el los ámbitos de gran difusión y en el mundo profesional introduciendo una cuidada selección de conceptos: aquí se puede hablar de todo y discrepar de todo, pero es evidente que hace falta una regulación. ¡Vaya!, o sea que se puede hablar de todo menos de lo importante…
  • El judicial, poniendo cerco a un gran número tipo de decisiones municipales (no sólo las orientadas a cambios de sistema de gestión).
  • A veces los planteamientos jurisdiccionales han venido precedidos de visitas de determinados personajes que han llegado a conseguir el desistimiento de la autoridad municipal para no entrar en conflictos. ¡Cuidado!, no es lo mismo negociar que presionar y crear atmósferas de inseguridad. Nadie ha nacido para ser un héroe.
  • El legislativo. Se reconocen iniciativas y enmiendas que no corresponden a propuestas programáticas de partidos, o coincidencias cuasi milagrosas entre posiciones políticas diversas, en general tendentes a limitar el margen de maniobra de los municipios en su toma de decisiones.

Y si el legislativo resulta accesible al sector, ¿cómo no pensar que el regulador resultante también lo va a ser? Marcel Coderch[1], buen conocedor de la evolución de la regulación en España, lo resume diciendo, por una parte, que los mercados regulados acaban reduciendo los actores en juego y la competencia entre ellos. Por otra parte observa que la fusión de los antiguos reguladores en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, ha reducido la calidad y la intensidad de la regulación. El ejemplo del sector financiero ilustra que la principal regulación es a nivel interno, entre los propios actores pero que, a pesar de lo que ha caído con la crisis, no conoce ningún expediente contra los bancos.

Ese modelo de regulación camina en dirección contraria a la que reclama Jean Tirole[2] cuando postula a favor de reguladores independientes para los temas clave de la economía. Pero lo que el sector del agua pretende es substituir el regulador público municipal por ese modelo de regulación con vicios de origen que se acentúan con esa concentración política que denuncia Coderch. Y eso, sin diálogo con los municipios, sin análisis de los puntos fuertes y débiles de la situación actual y sin reformar la figura que ahora se pretende extender ¿Quién va a ganar con ello? Esa es una pura acción de lobby que busca un refugio seguro para sus negocios. En las circunstancias políticas actuales puede que la iniciativa prospere, pero no va a añadir ni un ápice de credibilidad social.

Últimamente estamos asistiendo a llamadas apocalípticas de los integrados[3] Algunas voces auguran crisis urbanas asociadas a la remunicipalización. Hay que agradecerles doblemente, su celo por el futuro y su aprecio acrítico por la situación anterior, tan maravillosa que no necesitaba de ninguna revisión.

Pero el problema principal no es ese, sino quien gobierna el agua y para qué. Ahí el relato oficial esconde sus bazas y es precisamente ahí donde pierde credibilidad y todos perdemos una oportunidad más para construir un relato potente y consensuado sobre la gestión del agua. Las múltiples muletas –legales, financieras, etc.- en las que se apoya, y las añadidas que se pretenden, demuestran más bien las limitaciones de un sector que, a pesar de ser privado, no confía en su competitividad ni en su capacidad para demostrar a los municipios su utilidad o la necesidad objetiva de aquello que podría ser su aportación más natural: capacidad de gestión y conocimiento técnico.

Un servicio público como el abastecimiento de agua tiene dos reguladores naturales: la administración hidráulica y la administración local titular del servicio. Los problemas observados y de los que no se oye nada en los foros interesados, tienen su solución en el marco jurídico vigente. La selección sesgada de elementos de la realidad ofrece una apariencia veraz que en lenguaje moderno ha venido en llamarse postverdad y que permite la construcción de un argumentario –que no un razonamiento que aproxime a la verdad-. Lo demás es ignorar la realidad y oscurecer el relato.

Construir una post verdad: ¿será eso el populismo?

  • [1] Ara, 16 de abril de 2017. Coderch es presidente de l’Autoritat Catalana de la Competència y fue vicepresidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones.
  • [2] Jean Tirole es Premio Nobel de Economía 2014 y autor del libro La economía del bien común.
  • [3] Algún lector advertirá la deliberada alusión a Umberto Eco, maestro en el análisis del lenguaje y su significado.

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