Huella hídrica, comercio virtual de agua y soberanía alimentaria

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Sobre el blog

Joaquín Olona Blasco
Consejero de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragon.

La aplicación de recursos hídricos a producciones agrícolas de elevada huella hídrica, baja productividad por m3 utilizado y bajo valor económico (de mercado) ha sido interpretado como signo de mala gobernanza del agua en España y motivo de reasignación del agua de riego en beneficio de la naturaleza y de usos más interesantes que la agricultura (Aldaya & Llamas, 2013) por su mayor contribución al PIB y al empleo como, por ejemplo, el turismo (Llamas et al., 2009). El comercio internacional puede favorecer el ahorro de agua al poder ser más barato transportar los alimentos que obtener el agua necesaria para producirlos (Llamas, M.R., 2005) sin perder, necesariamente, seguridad alimentaria y reduciendo la contaminación difusa (Aldaya & Llamas, 2013). La agricultura, que desempeña un importante papel socio-territorial y ambiental, siendo la actividad que más agua consume produce un escaso valor económico (comercial); por ello cabe preguntarse hasta qué punto interesa dedicar en España agua azul para el regadío de unos cereales de poco valor económico y que pueden importarse (Aldaya & Llamas, 2013).

¿Hasta qué punto interesa dedicar en España agua azul para el regadío de unos cereales de poco valor económico y que pueden importarse?

El trabajo de Aldaya & Llamas (2013) también señala que, en España, la agricultura es la responsable de casi el 85% de la huella hídrica total, que el cultivo de los cereales es la actividad con mayor impacto (35% de la huella total) y que la importación de cereales, junto con la de oleaginosas, hacen de España un país importador neto de agua virtual.

Las opiniones referidas, en la medida que lo son, resultan cuestionables. La consideración de la agricultura como sector aislado está superada por la visión integrada del sistema agroalimentario, que incluye las industrias y servicios de suministro así como de transformación y distribución de los productos. La agricultura estadounidense, cuya contribución al PIB es del orden del 1%, sustenta un sistema agroalimentario en expansión que aporta el 12% al PIB y el 15% del empleo total (OECD, 2011). En Ontario, que concentra el 40% del PIB canadiense, el sector agroalimentario lidera la ocupación, rivaliza con la automoción y fundamenta uno de los principales centros mundiales de I+D (Synthesis Agri-Food Consulting, 2011). Tampoco es irrelevante el peso del consumo de alimentos, que representa el 10-15% del consumo total en los países desarrollados y más del 50% en los menos desarrollados.

El sistema agroalimentario español aporta el 8,4% al PIB y 2,3 millones de empleos (MAGRAMA, 2014). Sus exportaciones determinan una balanza comercial agroalimentaria positiva ayudando al control de nuestra frágil balanza comercial. Todo ello a pesar de la importación de cereales y soja, cuyo volumen iguala prácticamente la producción nacional. Reducir el cultivo de cereales, que son la base de la alimentación, es cierto que permitiría ahorrar agua pero también lo es que perjudicaría nuestra balanza comercial y, por tanto, nuestra economía. No obstante, como la vigente crisis demuestra, cada fracción del PIB cuenta y no es fácilmente reemplazable. Tampoco conviene olvidar que los precios de mercado determinantes del PIB no siempre reflejan el verdadero valor de los bienes y servicios. Como dijo Antonio Machado, “sólo el necio confunde valor y precio”.

El comercio internacional de materias primas agrícolas, a pesar del enorme crecimiento de los intercambios internacionales durante los últimos años, suponen menos del 15 % de la producción agrícola global (de Castro, P., 2012). Sin embargo ejerce una notable influencia en la configuración de las políticas agrícolas a través de la Organización Mundial de Comercio. Uno de los fundamentos de la política agrícola de los Estados Unidos y del gasto público asociado, es la contribución de las exportaciones agrícolas a la reducción de su abultado déficit comercial (White House, 2014). El apoyo a las exportaciones también está en el núcleo de la política agrícola canadiense o australiana mientras que el control de la elevada dependencia alimentaria justifica los altos niveles de apoyo financiero que aplican Japón, Noruega o Suiza a su agricultura. El apoyo público a la agricultura es propio de los países más avanzados donde la progresiva reducción de su aportación al PIB es consecuencia del mayor crecimiento del resto de los sectores, no de la regresión de la producción agrícola.

En España, la agricultura es la responsable de casi el 85% de la huella hídrica total

El comercio internacional también tiene un impacto determinante en la formación de los precios de los alimentos. Desde 2007, las inversiones especulativas en materias primas agrícolas han aumentado de forma explosiva. En enero de 2011 el Parlamento Europeo señalaba que “los movimientos especulativos son responsables de casi el 50% de los recientes aumentos de precios de los alimentos”. Entre 2007 y 2008 el índice de precios agrícolas utilizados por el Fondo Monetario Internacional creció en un 50%, para luego descender repentinamente y volver a subir a niveles aún superiores a principios de 2011, consolidando una subida del 130% con respecto a 2002 (de Castro, P., 2012).

Los países del Oriente Medio, que fueron los precursores del comercio virtual propuesto por J.A. Allan (1998) para transferir agua desde las zonas de exceso hacia las de escasez, han sido también los más activos en promover el acaparamiento de tierras o land grabbing. Un fenómeno que multiplicó por 10 el volumen medio de negociación de tierra agrícola entre 2008 y 2009 (de Castro, P., 2012).

La incidencia del comercio de agua virtual en el uso del agua a nivel mundial es modesta si se tiene en cuenta que el comercio de productos agrícolas e industriales supone un flujo de 2.320 Km3 de agua virtual (Hoekstra & Mekonnen, 2011) y que sólo el aumento del agua utilizada en la alimentación mundial podría superar los 3.000 km3 hasta 2050 (Garrido, A., 2009). Además, la mayor parte del comercio tiene lugar entre países que cuentan con abundancia de agua, previéndose que así siga siendo (Rosegrant, M. et al, 2004).

El comercio internacional de alimentos ofrece oportunidades y obstáculos para la seguridad alimentaria (Jägerskog, A. & Jønch Clausen, T., 2012) siendo necesario adoptar medidas adecuadas para evitar que el aumento de la demanda e intensificación del uso del agua en las zonas favorecidas por el comercio genere conflictos en el reparto del agua (Garrido, A., 2009).

El acceso al agua y su reparto entre los diferentes usos requiere soluciones político-institucionales avanzadas ya que los conflictos del agua no obedecen, necesariamente, a problemas de escasez física sino que tienen su origen en la mala gestión de los poderes públicos (Llamas, M. R., 2005). El actual enfoque del debate sobre la crisis del agua puede resultar incorrecto por entender que lo más grave no es la escasez sino la contaminación y la falta de inversión (Biswas, A., 2005). Algo parecido sucede con la crisis alimentaria, donde el acceso a la nutrición está impedido (seguridad alimentaria) o sujeto a riesgos inaceptables (soberanía alimentaria) como consecuencia de las malas políticas públicas.

La incidencia del comercio de agua virtual en el uso del agua a nivel mundial es modesta

Más allá de la seguridad alimentaria, que se centra en la disponibilidad de alimentos para la población, la soberanía alimentaria considera, además, su procedencia y modo de producción. En sentido general, reivindica el derecho a decidir políticas agroalimentarias propias coherentes con las necesidades y objetivos de desarrollo. También pone de manifiesto la relación de la importación de alimentos anormalmente baratos con el debilitamiento del sistema agroalimentario local, reclamando la protección del mercado interior contra las malas prácticas que conducen a precios internacionales inferiores a los costes reales de producción.

No sería razonable prescindir de las funciones económicas del comercio internacional. Existe una enorme asimetría entre la geografía demográfica y la de los recursos agrícolas. Así, las superpobladas India o China cuentan con bajas disponibilidades de agua y tierra agrícola por habitante sino. Países con una elevada disponibilidad de tierra agrícola por habitante, como es el caso de Australia, cuentan con recursos hídricos relativamente escasos sucediendo lo contrario en Brasil o Indonesia

Fuente: Elaboración propia a partir de FAOSTAT.

Fuente: Elaboración propia a partir de FAOSTAT y AQUASTAT.

Reivindicar la seguridad y la soberanía alimentarias no implica rechazar el comercio internacional sino exigir el perfeccionamiento de sus funciones económicas y la corrección de sus patologías, incluida la especulación que acentúa la volatilidad e inestabilidad de los precios agrícolas. Pero sin perder de vista que el intercambio de recursos estratégicos, como son de hecho los agroalimentarios, configura relaciones de poder donde reducir la dependencia externa, y no aumentarla, es la estrategia dominante.

Los conflictos del agua tienen su origen en la mala gestión de los poderes públicos

Las interacciones entre las políticas agrícolas y del agua son muy complejas y su comprensión resulta crucial para el logro de una gobernanza justa y eficaz (Flichman, G. et al., 2004). Con independencia de que la agricultura debe mejorar la productividad sostenible de todos sus factores, la asignación del agua, lo mismo que la del resto de recursos estratégicos, no puede basarse en criterios exclusivamente comerciales.

Referencias:

  • Aldaya, M. & Llamas, M.R. eds. (2013). El agua en España: Bases para un pacto de futuro. Fundación Botín. Septiembre, 2013.
  • Biswas, A. (2005). An Assessment of Future Global Water Issues. Water Resources Development, vol. 21, nº 2, pp. 229-237.
  • De Castro, P. (2012) Hambre de tierras. Eumedia.
  • Faostat http://faostat3.fao.org/home/E. Consulta 29-12-2014
  • Flichman, G. et. al. (2004), Integrating agricultural policies and water policies under water supply and climate uncertainty, Water Resour. Res., 40, W07S03, doi: 10.1029/2003WR002877.
  • Garrido, A. (2009) El agua como recurso escaso: Definiendo la propiedad de las aguas en consideración a aspectos globales, nacionales y regionales. Colección Mediterráneo Económico, nº 15. El nuevo sistema agroalimentario en una crisis global, pp. 143-161 Fundación Cajamar.
  • Jägerskog, A., Jønch Clausen, T. Eds (2012). Feeding a Thirsty World – Challenges and Opportunities for a Water and Food Secure Future. Report Nr. 31. SIWI, Stockholm.
  • LLamas, M. R. (2005). Los colores del agua, el agua virtual y los conflictos hídricos. Discurso inaugural del año académico 2005-2005 de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Madrid.
  • Llamas, M.R., Aldaya, M., Garrido, A., López-Gunn, E. (2009). Soluciones para la escasez del agua en España y su aplicación a otras regiones. Rev. R. Acad. Cienc. Exact. Fís. Nat. (Esp). Vol. 103, Nº. 1, pp. 41-54, 2009. X Programa de Promoción de la Cultura Científica y Tecnológica
  • MAGRAMA (2014). “La contribución del sistema agroalimentario a la economía española: una propuesta metodológica” Análisis y Prospectiva – Serie AgrInfo nº 23. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. NIPO: 280-13-181-2
  • Hoekstra & Mekonen (2011). The green, blue and grey water footprint of crops and derived crop products. Hydro. Earth Syst. Sci., 15, 1577–1600, 2011
  • OECD (2011). Evaluation of Agricultural Policy Reforms in the United States. OECD Publishing.
  • Rosegrant, M. et al. (2004) Does International Cereal Trave Save Water? The impact of Virtual Water Trade on Global Water Use.
  • Synthesis Agri-Food Consulting. 2011. A Global Hub for Food Processing.
  • http://www.aofp.ca/pub/docs/Agrifood_Summary_Nov2010_ENG_AODA.pdf
  • White Hose (2014). 5 Ways the Farm Bill strengthens the economy

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