Una agrofisiología para una agricultura insostenible

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La agricultura usa anualmente en el mundo unos 450 millones de toneladas de nitrógeno. Entre 1961 y 2019, el uso de fertilizantes ha crecido un 800% sin que haya aumentado, de igual modo, la producción agrícola. Es un problema energético y climático; pues se destina más del 5% del consumo del mundial de gas en obtener nitrógeno de la atmósfera. Hace que la agricultura sea unos de los sectores que más contribuye al cambio climático.

En la Primera Guerra Mundial, tienen lugar mejoras técnicas en el proceso Haber-Bosch para producir nitrógeno con el que la industria química produce explosivos. Tras la guerra, siguiendo los postulados de la agricultura química de Justos von Liebig, los excedentes de nitrógeno de la industria química serán consumidos por los agricultores como fertilizantes sintéticos.

Afortunadamente, los suelos son receptores de detritus que son potenciales suministradores de fósforo; pero, en vez de investigar cómo aprovechar ese fósforo, se recurre a la escasa roca fosfática disponible. En décadas, si no cambian las tendencias, el actual modelo agrícola conduce a un colapso mundial de los sistemas de producción de alimentos. Mientras tanto, tenemos 821 millones de personas que padecen hambre y 2.200 millones desnutrición. Y se ofrece a los agricultores una “garantía contractual” de que la tierra quedara “desinfectada”; lo cual es un contrasentido para la noción de Denominación de Origen o la expresión del terruño. Se vende un falso progreso con un empobrecimiento del suelo sin vida.

Los químicos atmosféricos denominan la geológica del Antropoceno aquella que altera el ciclo del nitrógeno. El concepto de “capacidad de carga” (con la fórmula de Paul Erhlich: I=PAT) borra ese cambio que tiene lugar hace un siglo. La agricultura es una variable como la población y el consumo. La revolución neolítica agraria tenía una “capacidad de carga” más pequeña por tener menos población y amplios periodos de rotación.

En décadas, si no cambian las tendencias, el actual modelo agrícola conduce a un colapso mundial de los sistemas de producción de alimentos

Que cada año 10,5 y 15,2 millones de toneladas de fósforo acaben en los océanos, con un aumento de la acidez, no es algo que nos debamos resignar. Estamos ante una “pandemia global” de contaminación química y acidez del suelo, de los océanos, del aire y agua, con una pérdida microbiana del suelo, pérdida de biodiversidad, etc. El Antropoceno va más allá de la ciencia de sistemas de la tierra que desafía a la ciencia.

Hace un siglo, con el uso del nitrógeno de síntesis en agricultura, se advierte al agricultor de lo diferente que es uno y otro nitrógeno; obtenido del aire u orgánico. La calidad nutricional de los alimentos no es la misma cuando tenemos una tierra fértil gracias al nitrógeno orgánico.

La simbiogénesis es un término que usa Lynn Margulis en 1974 para expresa esa colaboración entre los cinco reinos. James Lovelock explica por qué inhalamos nitrógeno del aire y luego excretamos este en forma de urea. No encaja con una evolución guiada por la eficientes. ¿Por qué gastar, de forma ineficiente, por cada 100 gramos de urea 90 kilocalorías (o 390 kilojulios) y 4 litros de agua? Si exhaláramos el nitrógeno como hacemos con el dióxido de carbono, ese nitrógeno no lo usarían las plantas como nutrientes para crecer y pasaríamos hambre.

Hay otro motivo para recuperar la vitalidad del suelo. Esa biótica, que tiene el suelo, además de formar parte de una cadena trófica y fija carbono en el suelo libera sulfuro de dimetilo (DMS), que está implicado en la formación de nubes. ¿Por qué gestionar la sequía en lugar de favorecer transformaciones bioquímicas a través de las cuales interactúa la geosfera y la biosfera?

José Ortega y Gasset dice que sería más fértil aclarar qué no hicimos, en lugar de aclarar de qué hicimos. Es más fértil la fisiología que la patología. James Lovelock propone fisiólogos en lugar de virólogos, pues no comprendemos la relación huésped-parásito. Por ello, un enfoque correcto sería el del agrofisiólogo, que tiene una comprensión de la homeostasis y la complejidad de los ecosistemas.

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Sobre el blog

Jordi López Ortega
Director del Consorcio Hidrogeno Verde (Área 8) y profesor de la Universidad Isabel I