Un poco de historia

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Sobre el blog

Jorge Chamorro
Ingeniero especialista en tratamiento y depuración de aguas y en desalación.
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Permitirme que haga un breve repaso a la historia del tratamiento y la depuración de aguas en España, especialmente de esta última. Como siempre, recordaros que son mis vivencias y están plagadas de mis creencias, por lo que no pretendo que se tome como verdad absoluta. Aunque para mi sea verdad.

Hace más de 50 años los servicios de abastecimiento de aguas era una tarea en manos de técnicos con un claro marcado vocacional. Ni los salarios ni el prestigio social eran de primer nivel.

Con el paso del tiempo los técnicos fueros concienciando a sus conciudadanos de que el servicio del agua debería de estar sufragados por los usuarios a través de las tarifas. Al principio la cosa funcionaba, se recaudaba el dinero y se destinaba al servicio de aguas.

Desgraciadamente, los recursos económicos municipales eran insuficientes y se empezó a destinar, al principio una pequeña parte, de los ingresos del agua potros menesteres. Como los técnicos todavía tenían cierto poder, los políticos de turno, eran muy comedidos.

Los servicios empezaron a ser deficitarios y los técnicos, después de mucho luchar, convencieron a los políticos de actualizar las tarifas para poder garantizar el servicio.

Se logró, al menos momentáneamente y durante algunos años, que los servicios de agua fueran de calidad y bien gestionados. Las empresas públicas y privadas que los realizaban tenían, en sus genes, el carácter de servicio y, sin descuidar los beneficios-las empresas privadas trabajan para ello-lo principal era la calidad del producto y la satisfacción de los clientes.

Es más, las empresas privadas que trabajaban en este sector estaban concienciadas de que los beneficios que debían de obtener estaban limitados por la calidad del servicio. Si, aunque no se crea, se tenía la creencia que la supervivencia de la empresa estaba íntimamente ligada a la mesura en los beneficios.

En mi opinión, se murió de éxito. Viendo los recursos económicos que se generaban en el servicio de aguas y el potencial financiero del mismo, empezó la era de la especulación económica. Gestores de primer nivel fijaron sus ojos en este NEGOCIO: así lo empezaron a llamar.

Tanto en el sector público como en el privado (mediante el desembarco de otros actores) se empezaron a ordeñar, económicamente, los servicios del agua. Los primeros para atender otras necesidades económicas y algo más. Los segundos para maximizar los beneficios económicos de la gestión.

Lo sé muy bien porque yo lo viví, los técnicos fuimos desplazados por gestores que buscaban aumentar los beneficios. Como los trabajos se facturaban bajo dos conceptos: canon fijo (pesetas/día) y canon variable (pesetas/m3), se empezaron a diseccionar todos los costes. Inicialmente las empresas privadas obtenían la mayoría del beneficio a través de una gestión eficiente de las compras de la energía y de los reactivos gracias al factor de escala. Con el nuevo escenario se empezó a especular con todos los conceptos: Se escatimó en la formación del personal, se redujo el mantenimiento preventivo, etc.. Los beneficios empezaron a ser obscenos.

Entonces, la parte pública reacciono de forma lógica. Como las empresas privadas no reinvertían parte de los beneficios económicos en el servicio optaron por una acción que, con el paso del tiempo, se ha demostrado nefasta: se suprimió el canon variable. Las administraciones públicas empezaron a gestionar ellas mismas los costes variables: la compra de la energía eléctrica, los reactivos y los costes de disposición de los biosólidos.

Con la parte del jamón de los beneficios en manos de la propiedad, el hueso de los costes fijos (personal y mantenimiento) empezó a ser exprimido de forma salvaje. Por ambas partes, por la propiedad, reduciendo los plazos de adjudicación de la prestación del servicio, y por la parte privada reduciendo, en lo posible, los costes de personal y, especialmente, los costes de mantenimiento.

Año tras años se han ido reduciendo las actuaciones de mantenimiento preventivo y, por supuesto correctivo. Se ha fiado todo al azar y a la reducción de la vida útil de los equipos electromecánicos.

¿Alguien, en su sano juicio, puede creer que los costes de mantenimiento y conservación de cualquier instalación industrial disminuyen con el paso del tiempo?

Entonces ¿por qué se admite, de forma sistemática, en los presupuestos anuales de la mayoría de los servicios, que estos costes vayan disminuyendo?

¿Cuándo vamos a parar esta locura?

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