El SADEbro, un río de certidumbres e incertidumbres

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Sobre el blog

José Adolfo Álvarez
Responsable del Centro Proceso de Cuenca de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
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Cuando en 2002 se puso en marcha el Sistema de Ayuda a la Decisión (SAD) fue recibido con escepticismo en la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), al igual que lo fue el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) su “hermano mayor”, hasta una vez aclarado si era una herramienta o un fin dentro de la organización de la CHE, por lo tanto no pilló de sorpresa ni arrugó a los promotores del SAD.

Han pasado 13 años y tanto el SAIH como el SAD han enraizado en la estructura de la CHE y las distintas unidades hacen uso de ambas herramientas para el desarrollo de sus competencias. Pero mientras el SAIH ofrece información tangible y, que los usuarios pueden comprobar in-situ en las estaciones de aforo, embalses o canales de riego, el SAD tiene que demostrar en cada episodio su buen hacer y, ello es gracias a dos especialistas que ponen todo su alma, esfuerzo personal y conocimiento técnico, en cada nuevo episodio de avenida que se nos presenta o en cada informe que les solicitamos.

¿Por qué hay que estar continuamente demostrando el buen hacer?

Tanto el SAIH como el SAD han enraizado en la estructura de la CHE y las distintas unidades hacen uso de ambas herramientas para el desarrollo de sus competencias

Todos los que trabajan en elaboración de predicciones de caudales saben que hay un río de incertidumbre en los datos de entrada y por ende en los resultados obtenidos. Veamos algunas de estas incertidumbres:

  • las predicciones meteorológicas con las que se alimenta el SAD provienen de modelos meteorológicos deterministas a corto plazo (48 o 72 horas) y a medio plazo (10 días) y con una resolución espacial (mallas entre 3x3 y 16x16 km) que no les permite precisar en qué cuenca se van a producir las lluvias ni la cuantía exacta ya que te facilitan la información para una región geográfica que no tiene en cuenta la red hidrográfica. Esto presenta la primera incertidumbre, ¿Se alerta al embalse de Mediano o al de Barasona?
  • la información observada que facilita la red SAIH, la medida de la precipitación, sobre todo con temperaturas bajas, tiende a  infravalorar las lluvias observadas, en especial cuando es en forma de nieve. Por otro lado, los datos de caudales altos que proporcionan las estaciones de aforo presentan una incertidumbre mayor de lo normal, debido a las dificultades técnicas que conlleva la  realización de aforos directos en condiciones de gran turbulencia y alta velocidad en las que los ríos suelen arrastrar árboles y otros flotantes de gran tamaño que suponen además un serio peligro para los técnicos que realizan las mediciones. Aquí tenemos la segunda fuente de incertidumbre: lluvia observada “mal registrada” y caudales de avenida “teóricos”.
  • Para tener una buena calibración de los modelos hidrológicos (NAM, ASTER), que van a convertir la lluvia prevista u observada en escorrentía y de los modelos hidráulicos (MIKE11, MUSKINGUM), que van a trasladar los caudales por los cauces, son necesarios datos de eventos históricos de episodios de avenida, cosa que no es posible en algunas cuencas bien por falta de estaciones para obtener los datos o por falta de episodios. Aquí tenemos la tercera incertidumbre, ¿cómo podemos conseguir que el modelo esté bien calibrado y dé resultados cercanos a la realidad sin disponer de observación?

¿Cómo se gestionaba antes y cómo se gestiona ahora un episodio de avenida?

Antes en los embalses se detectaba la avenida cuando ésta llegaba a la propia presa, por lo tanto los resguardos que se mantenían eran mayores que ahora para garantizar la seguridad de la presa, con el riesgo de luego no tener suficientes reservas almacenadas para acometer la campaña de riego y se tomaban decisiones sin tener en cuenta la repercusión de las maniobras en ríos de aguas abajo ya que el objetivo único no podía ser otro que la seguridad de la presa.

En los ríos sin embalses los avisos de crecidas se emitían casi cuando llegaban a las poblaciones cercanas a la inundación y por lo tanto los tiempos de respuesta eran menores, lo que provocaba mayores daños.

Hemos pasado de gestionar las avenidas envueltos en un mar de incertidumbres por los pocos datos disponibles, a gestionarlas en un río de incertidumbre

En ambos casos tiene mucho mérito la gestión de nuestros predecesores que con papel milimetrado  y telegramas eran capaces de dar previsiones para el eje del Ebro (Castejón-Zaragoza) e informar a las autoridades y en el caso de los embalses, con ayuda del estadillo donde se recogían las variaciones de volumen y las aportaciones, se decidían las salidas para garantizar la seguridad de la presa.

Ahora el SAD, a pesar de tanta incertidumbre como hemos comentado, es una herramienta que puede ayudar a reducir los daños que provoca una riada, ¿y cómo lo hace?

Los técnicos del SAD en contacto permanente con los responsables de las Áreas de Hidrología (responsables de los ríos) y de la Jefatura de Explotación  (responsables de la gestión de los embalses), analizan los resultados de los modelos hidrológicos e hidráulicos y entre todos se “resuelven” las incertidumbres antes de la toma de decisiones como:

  • qué maniobras son las más adecuadas realizar en los embalses para laminar los caudales entrantes y evitar que los caudales vertidos se sumen en el momento más inoportuno a los caudales de los ríos no regulados.
  • informar de cuándo y qué valor se espera alcanzar en las estaciones de aforo y, en caso de superar los niveles de alerta, dar aviso a los organismos de Protección Civil, responsables de las medidas a adoptar para proteger a las poblaciones por donde va a discurrir la avenida.

En resumen, hemos pasado de gestionar las avenidas envueltos en un mar de incertidumbres por los pocos datos disponibles, a gestionarlas en un río de incertidumbre gracias a la aportación de la información que nos facilita la red SAIH, la labor de los promotores y desarrolladores del SADEbro y sobre todo al trabajo de los dos especialistas que lo explotan cada día, y la experiencia de los técnicos de la Comisaría de Aguas y de la Dirección Técnica, quienes finalmente toman las decisiones con una incertidumbre cada vez menor.

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