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Sobre el blog

José Antonio Rodríguez de la Cruz
Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos; especialidad Hidráulica y Energética. Máster en Políticas Públicas; energía, medio ambiente y gestión de recursos hídricos. Vocal del Comité de Asuntos Rurales del Instituto de la Ingeniería de España.
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El Lobby Romano sigue siendo todopoderoso, incluso en el siglo XXI. Así quedó claro por última vez en el concurso Nacional de Puentes organizado por The General (@johngrey) en Twitter [cuenta de divulgación sobre la ingeniería de altísimamente recomendable seguimiento]. Dicho lobby sigue muy vigente y puede que sea lo que explique que los puentes romanos sigan ganando concursos 2.000 años después de haber sido construidos. Lo ha hecho recientemente el de Mérida y lo hizo el año pasado el de Alcántara (compitiendo a nivel mundial); por cierto, Extremadura siempre a la cabeza en asuntos romanos. 

No obstante, los romanos no sólo ejercieron su dominio para volar sobre el agua, como el caso de los ejemplos anteriores para pasar por encima del Guadiana y del Tajo respectivamente; sino que también dominaron el propio líquido elemento.

Como decía en mi anterior artículo, que pretendía ser el inicio de una serie sobre la historia hidráulica española –aunque siempre conectando con el presente- “el agua nunca se para, nunca se detiene, es necesaria para el día a día de las personas, de los animales y del campo”.

Sin duda, la civilización romana supuso un antes y un después en el manejo del agua. Si bien es cierto que las culturas previas también hicieron aportaciones a la hidráulica –véase la agricultura durante la colonización de la Península Ibérica por parte de fenicios y cartaginenses, por ejemplo-; los romanos fueron los primeros que construyeron auténticas mega-infraestructuras que han llegado a nuestro tiempo y algunas además en uso.

Roma fue impulsora entre otras cosas, de las siguientes acciones:

  • Construcción de importantes obras hidráulicas destinadas al abastecimiento y en menor medida al riego.
  • Ejecución de redes de distribución.
  • Implantación de procedimientos de reparto de agua que requería elementos hidráulicos avanzados.

La mayor envergadura que los proyectos pueden alcanzar gracias a las nuevas técnicas introducidas por los romanos, permite introducir el término de “regulación” dando un paso más allá respecto al de “derivación”.

Las maravillas romanas siguen en explotación. No sólo los puentes de los que se habla al principio de este artículo, sino también un buen número de obras hidráulicas. Quizá el mejor ejemplo sean las presas de Proserpina y Cornalvo (ambas del siglo II d.C. según el registro de SEPREM -Sociedad Española de Presas y Embalses-) también en Extremadura; región que es un auténtico museo romano al aire libre.


Embalse de Proserpina (turismomerida.org)

Los romanos construyeron pensando en riego, abastecimiento y, por supuesto, industria, destacando por encima de todo la minería. Visita obligada son las explotaciones mineras de Las Médulas, en la provincia de León, donde los romanos reventaron las montañas –literalmente- para encontrar oro. Para ello, utilizaron un complejo sistema de construcciones hidráulicas. La transformación realizada en su momento en la naturaleza, es considerada hoy como un escenario singular, paisaje característico español digno de visitar.

Los romanos, también realizaron trasvases, eso sí, la mayoría, dentro de la misma cuenca. Destaca por tanto el Canal de Cella, por ser un trasvase entre diferentes ámbitos de planificación (del Júcar al Ebro).

Es ésta una cultura fascinante y no es de extrañar que siga vigente su importancia. En estas semanas de confinamiento, se han repuesto algunos de los capítulos de la serie documental Ingeniería Romana, con sello español. Propios y extraños la han disfrutado e incluso los no iniciados se han entretenido con la misma y se han adentrado en los conceptos hidráulicos que, mediante métodos gráficos adaptados, se explican para todos los públicos.

Sin duda, el emblema que aún sigue más vigente de la ingeniería hidráulica de los romanos, son los acueductos. Como se explica en los mencionados documentales eran, en no pocas ocasiones, fruto de colaboración público-privada por parte de familias acaudaladas como forma de propaganda para su buen nombre. Destacan así, especialmente el de Segovia y el de Tarragona.

Roma supone el enorme salto tecnológico de la gran historia hidráulica española. Tras el “prólogo” de hace unas semanas, empiezo con este el primero de una serie de artículos que repasarán, a modo divulgativo, la técnica y la política de las obras hidráulicas de nuestro país.

Es normal que los romanos sigan llamando la atención de las generaciones actuales. Las comunicaciones eran clave para ellos (aún se conservan buenos ejemplos de calzadas) pero si algo dejaron claro, es que, si no podían llevar agua a un lugar, dicho sitio no era bueno para levantar una ciudad.

Ingeniería y arquitectura deben mucho a Roma, hoy en día se siguen usando muchas de sus enseñanzas en estas disciplinas. Además, hay mucha gente maravillada por esta civilización y que sigue teniendo interés por todo lo que se organice alrededor de los romanos (ya sea un nueva muestra en un museo o un concurso de Twitter). Sus construcciones, fusionaron para siempre los conceptos de Ingeniería y Paisaje

El germen romano fue un fascinante punto de partida para lo que vendría después, con sus puntos fuertes y débiles. Os invito a seguir esta serie de artículos, en las próximas semanas, en las que mi intención es hacer un repaso rápido hasta el siglo XIX, a partir del cual, iré más despacio. 


Acueducto de Segovia (El Norte de Castilla)

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Referencia: Documentación Técnica del Plan Hidrológico Nacional (2000); Centro de Estudios Hidrográficos; Análisis de antecedentes y transferencias planteadas; Madrid, septiembre de 2000.

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