Fulano Pérez es un señor de 43 años que desea emprender un negocio de fabricación de bloques. Él tiene un terreno en Puente Piedra con suficiente espacio para iniciar su emprendimiento, no obstante, para empezar su negocio necesita agua, ya sea para el pulido de los bloques o para los baños que usarán los trabajadores de la fábrica.
Sin embargo, Fulano se entera de que la empresa encargada del suministro de agua potable en la ciudad, aún no tiene conexiones en la zona, por lo que recuerda que una vez escuchó que el agua subterránea comprende el 30% de agua dulce y se decide a evaluar esa opción.
Fulano contrata a unos perforadores informales que le habilitan un pozo de agua subterránea en su predio, por lo que al fin cuenta con el recurso hídrico tan fundamental para su emprendimiento, no obstante, Fulano desconoce que para contar con un pozo de agua subterránea se debe solicitar un permiso ante la Autoridad Nacional del Agua y que al extraer el agua subterránea en Puente Piedra está desgastando el acuífero Chillón que tiene altos niveles de explotación. Fulano opera su pozo sin que nadie se entere ya que éste está dentro de cuatro paredes, no cuenta con medidor y, es más, le han contado que varios de sus vecinos cuentan con este mecanismo de extracción de agua; por lo que trabaja tranquilo ignorando que su accionar está generando un perjuicio para las generaciones actuales y futuras.
¿Cómo corregir el accionar de Fulano? Él únicamente es un emprendedor que desea trabajar, desconoce de leyes, desconoce de conceptos medioambientales y que nadie le diga que la extracción de agua de una fuente natural tiene cobros asociados, porque él a duras penas está empezando.
¿Cómo le hacemos entender a Fulano que existe un servicio de Monitoreo y Gestión de Aguas Subterráneas que se encarga de supervisar y vigilar que el acuífero del cual está extrayendo el agua sea utilizado de manera sostenible, si él no lo ve, si el no percibe ese servicio?
He ahí el principal reto en la gestión del agua subterránea, en hacer visible el problema que genera la extracción de un recurso invisible. Asimismo, el reto de generar los suficientes incentivos para que Fulano, decida, por su propia cuenta, formalizar su extracción de agua, ya sea a través de asistencia técnica gratuita, facilidades para instalación de pozos y medidores o el libre acceso a trámites que agilicen su formalización.
Otro reto, más allá de la formalización, es el de mejorar los servicios de Monitoreo y Gestión de Aguas Subterráneas que ofrecen los operadores, ya sean las EPS (SEDAPAL y SEDALIB) o las juntas de usuarios, que no direccionan acciones a socializar su trabajo con sus usuarios a manera de acercarlos como aliados en el uso del recurso, sino que lo hacen únicamente como si fueran clientes a los cuales se les tiene que facturar y cobrar.
Un último reto sería el establecimiento de tarifas justas de acuerdo al tipo de uso efectivo que se le da al agua, que contemplen el financiamiento de un plan de acción claro y entendible ante los ojos de los usuarios, del cual ellos puedan tener información actualizada y del cual sientan que su accionar es parte fundamental del cuidado y de la prevalencia del agua subterránea.
Estos y otros retos forman parte de una tarea pendiente que tienen las instituciones encargadas de la gestión del recurso hídrico subterráneo, que deberían lograr que, así como Fulano, más usuarios se concienticen sobre el uso del agua subterránea y se perciban así mismos como actores clave en el cuidado de un recurso invisible, pero cuyas consecuencias de su mala gestión generarán impactos muy visibles en las generaciones futuras.