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Una propuesta de valor añadido a la gestión del agua potable

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Vista desde una cierta perspectiva, la gestión del agua potable domiciliaria en España y en otros países es mejorable.

Hace solo dos meses he publicado un libro, titulado Una visión global del agua. Realmente se trata de un ensayo en el que hago conocer cómo es la gestión del agua de una manera divulgativa, didáctica, explicada para todos, pero a la vez, entre sus páginas, analizo problemas y sugiero soluciones para ayudar a mejorar la gestión, tanto para las empresas, como para los ciudadanos.

El libro está teniendo mucho éxito, ya estamos en la segunda edición y cerca de la tercera. El tiempo que he dedicado a escribirlo, me ha permitido pensar detenidamente en muchos de los aspectos que importan en la gestión del agua y he observado que en la mayoría de los casos se necesita una mejora y una renovación de los objetivos y de los procedimientos con los que se operan. Siempre con valor añadido.

Desde las empresas de agua se puede dar un valor añadido al trabajo que ya se hace para el bienestar público en relación con el agua

Vamos a analizar en el presente artículo todas las cuestiones que rodean a la calidad del agua que se entrega a los vecinos en la fachada del edificio o en la válvula de entronque de la acometida.

El agua que ha llegado hasta la válvula está controlada y salvaguardada por la empresa que la sirve, pero, ¿qué ocurre a continuación de que el agua traspasa el punto de la acometida? A partir de ese momento es responsabilidad de los propietarios del edificio, que sin pretenderlo se convierten en una “comunidad” de distribución del agua que les va a llegar a sus viviendas, para beberla y para usarla según sus necesidades. El problema reside en que los vecinos que conforman la comunidad que les adscribe jurídicamente, no son conocedores de las particularidades del agua, ni de lo que puede ocurrir entre la acometida de agua y los grifos de los vecinos. Y suelen suceder cosas muy importantes, que pueden llegar en ciertos casos a cambiar radicalmente las características del agua que ha sido suministrada por la empresa gestora del servicio.

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El tiempo que he dedicado a escribir el libro me ha permitido pensar en muchos de los aspectos que importan en la gestión del agua

Es un tema que nos deja preocupados, porque el arquitecto del edificio ya no está desde el final de la obra, los ayuntamientos y los administradores de fincas no tienen los medios ni los conocimientos necesarios como para poner al día los controles sobre el agua en el interior de los edificios.

Les contaré cuáles son los problemas más importantes que pueden surgir en el interior de los edificios:

  1. Los depósitos de agua, que permiten acumular un cierto volumen para situaciones de cortes de agua de las redes principales.
    • La mayoría de ellos no suelen ser tratados, higienizados ni limpiados. Suelen estar exactamente igual que cuando se construyeron.
    • Pueden tener entrada de otras aguas, así como de insectos que puedan vivir en los sótanos de los edificios.
    • No tienen compartimentos estancos para según qué temporada del año. Es posible que el tamaño del depósito sea el ideal para una estancia normal de dos o tres días en invierno, pero no así en el verano, cuando la mayor parte de las viviendas se encuentran cerradas porque se han ido de vacaciones. El agua del depósito se quedará sin cloro.

Al contrario, los edificios de las playas tendrán el agua con suficiente cloro en el verano, pero no lo tendrá en los meses cuando solo lo ocupen menos del 10% de los vecinos. Mucho depósito para tan poco vecino.

  1. La falta de cloro puede causar serios problemas en la salud. A esto se puede unir la falta de higiene en los depósitos.
  2. Determinadas comunidades de vecinos deciden por sí solas colocar “descalcificadores” en la entrada del edificio, al objeto de cambiar la “dureza del agua” y volverla más blanda. Estos aparatos, además de necesitar un cierto espacio, utilizan resinas intercambiadoras de cationes, de tal modo que el calcio y el magnesio que pueda contener el agua que entra al inicio del mismo, queda desprovista de ellos, pero forzosamente es sustituida por sodio. El agua que sale del descalcificador es un agua muy blanda, pero, según su carga inicial, puede ser de un contenido alto o muy alto en sodio, lo cual todos saben que no es bueno que esta sea bebida por personas con problemas cardiovasculares o con tensión alta. O sea, hemos sustituido un agua que puede formar incrustaciones en las tuberías o en los electrodomésticos por un agua que en todo caso podría atacar a las tuberías, o crear problemas de salud al beber el agua.
  3. En otros muchos casos, hay vecinos que instalan aparatos normalmente para su propia vivienda de “ósmosis inversa”. En la mayoría de los casos, es casi lo mismo que montar una propia industria en el hogar. Contienen filtros para eliminar el cloro, membranas para no dejar traspasar los elementos químicos que contiene el agua origen, y de nuevo filtros. Requieren una cierta dedicación, ya que hay que sustituir filtros con criterios no suficientemente bien objetivados, sustituir membranas y lo más grave es que el agua producida no tiene cloro, por lo que los filtros de carbón activo pueden crear condiciones de formación de bacterias, tales como la “pseudomona aeruginosa”. Otra cuestión es que el agua no aporta nada al organismo, al no contener casi elementos químicos, pese a que algunos de ellos son necesarios para la salud.
  4. Al no existir personal especializado en esas cuestiones, de modo individual se presentan en las viviendas, personas con el objetivo de vender instalaciones para mejorar el agua del grifo. Son fraudes, que describo en el libro.
  5. El resto de elementos que constituye la red privada de aguas de una comunidad de vecinos suele estar en una situación muy precaria, por antigüedad o por corrosiones electrolíticas.
  6. Hay más factores que pueden encontrar en mi libro.

Dicho todo esto, les invito a una reflexión, que seguro que ya se han hecho muchos de los lectores de este artículo: ¿Cómo es posible que esté ocurriendo todo esto? ¿Por qué no se está controlando la calidad del agua y sus posibles modificaciones desde la entrega del agua por parte del suministrador hasta el grifo del ciudadano?

Por todo esto creo que la manera de resolver esta complicada situación para dar confianza al cliente final pasa por las siguientes decisiones:

  1. Desde los Ayuntamientos se deben crear nuevos reglamentos municipales para que las comunidades de vecinos se vean abocadas a disponer de un contrato de mantenimiento de todo lo que incumbe al agua dentro de su edificio, al objeto de controlar su calidad. En definitiva, llegar a la puerta de la casa del cliente. Las comunidades de vecinos tienen ya contratos de mantenimiento en relación a los ascensores, a las calderas de calefacción, a las plagas de insectos, etc, etc. ¿Por qué no tener un contrato más para el control del agua en el edificio?
  2. Desde las empresas de agua se puede dar un valor añadido al trabajo que ya se hace para el bienestar público en relación con el agua. Los citados contratos de mantenimiento, quién mejor podría hacerlo que las propias empresas, sus filiales o subcontratadas, para aprovechar, no ya su conocimiento en tiempo real, si no también la digitalización obligada a conocer el contenido en cloro en los depósitos o a poder demostrar las modificaciones extremas de la calidad del agua que haya podido hacer algún vecino en su ámbito privado.
  3. Los ayuntamientos ganarían en confianza y en servicio a los ciudadanos.  Estos se sentirían totalmente cubiertos en sus necesidades de controlar lo que beben y disponer de buenos consejos para no modificar si no quieren la calidad del agua que les llega.
  4. Y las empresas incrementarán su facturación, probablemente de manera importante, si toman la encomienda del trabajo del que estamos hablando, incorporando a la vez una mayor digitalización del agua servida y dando de sí todos sus conocimientos.

Otro día hablaremos del valor añadido de saber escoger, si es que se puede, el agua origen que llega a la ciudad.

José Luis Hervás Martín es autor del libro “Una visión global del agua”, de la editorial Diego Marín (Murcia).

En su carrera profesional, José Luis Hervás Martín ha ocupado puestos de investigación, gestor, asesor, jefe de área, director general, consejero, consejero-delegado, y presidente de empresas de agua, energía, medioambiente y servicios de los Grupos de Aguas de Barcelona, Aguas de Valencia y Sacyr-Vallehermoso. Ha pertenecido a 35 consejos de administración y ha impartido cursos de tercer ciclo durante once años en la Universidad de Alicante.

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