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Cambio climático, agua y suelo

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Sobre el blog

Jose  Luis Soler Martinez
Empresario. Director General de Imabe do Brasil Ltda. , Fundador de Grupo Oceánica Maroc, Turalter, Srl. , Technoymar Soluciones, S.L. y Ecowater Technologies, S.L. Ecowater Innova/Zequanox en Europa y América Latina
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  • Cambio climático, agua y suelo

Agua y atmósfera y suelo, son nuestro soporte vital. Sin alguno de estos 3 elementos, la vida, tal como la conocemos, sería inviable. Beber, respirar y comer son los procesos metabólicos que hacen posible el sustento de nuestra vida y de la mayoría de los seres vivos. Estrechamente vinculados, cualquier alteración de las condiciones físico-químicas de uno de ellos, afectará inevitablemente a los otros y por tanto la vida.

Nunca como hasta ahora, las personas han conocido con mayor detalle aspectos generales sobre estos imprescindibles componentes de la vida.

Sin embargo, la información sensible no llega más que a los círculos científicos especializados. La opinión pública desconoce los factores de riesgo y las consecuencias que conllevan el desequilibrio o la inestabilidad que se produce en cada uno de ellos de forma persistente.

Al referirnos al cambio climático, estamos pensando en los efectos que se producen en la Atmósfera como consecuencia del efecto invernadero O lo que es lo mismo: subida de la temperatura de la atmósfera como resultado de la concentración de gases, principalmente dióxido de carbono.

Un importante factor de desequilibrio de las condiciones necesarias para albergar vida ha sido y está siendo provocado por la actividad humana.

Es bien sabido que las emisiones de gases a la atmósfera son un factor de riesgo pero poco hablamos y mucho menos conocemos, sobre la contribución al proceso del elemento Suelo, en relación, no solamente al cambio del clima, también a la vida de los seres vivos.

Las funciones del suelo, a pesar de la importancia fundamental que suponen para el ecosistema y la economía, se dan por supuestas y se consideran abundantes, al contrario de lo que ocurre con el aire y el agua.

La degradación del suelo a menudo pasa desapercibida, ya que es un proceso lento que rara vez tiene efectos alarmantes inmediatos. Por esas razones, la sensibilización acerca del suelo plantea todo un desafío.

La degradación del suelo, en sus distintas formas, es un problema fundamental y persistente.

Veamos algunos de los impactos.

La degradación del suelo causada por actividades humanas contribuye al cambio climático. Ha sido responsable del 20 % del carbono emitido a la atmósfera entre 1850 y 1998. El drenaje y conversión de los humedales en todo el mundo, por sí solos, generan emisiones de hasta 800 millones de toneladas de carbono al año, la mayor parte de las cuales podría evitarse con una labor de rehabilitación

La desertificación, la degradación de la tierra y las sequías afectan a más de 1.500 millones de personas en más de 110 países; el 90 % de las cuales viven en regiones de rentas bajas y provoca una pérdida anual de hasta 50 000 km2, sobre todo debido a la erosión. Desaparecen anualmente 24.000 millones de toneladas de tierra vegetal. En las dos últimas décadas, el suelo perdido equivale a toda la superficie cultivada de los Estados Unidos.

Para emitir un criterio que nos permita vislumbrar los riesgos actuales en relación a estos elementos y el escenario posible en los próximos 50 años, es necesario disponer de la información suficiente. Los datos que hoy disponemos sobre estos elementos vitales, son incuestionables.

La importancia del suelo y la multitud de los servicios ambientales que dependen de las propiedades del suelo no están bien entendidas por la sociedad en general.

Parte del problema es que, con una sociedad cada vez más urbana, muchas personas han perdido contacto con los procesos que conducen a la producción de alimentos. La mayoría de la gente espera para encontrar comida en los estantes de los supermercados sin apreciar los papeles que juega el suelo. Conceptos como ciclo de nutrientes y manejo de materia orgánica, que son críticos para la fertilidad del suelo y la producción de alimentos, son un misterio para la mayoría de nosotros.

El 70,8% de la superficie terrestre está ocupada por agua, pero tan solo un 2,5% de toda el agua existente en el planeta es agua dulce, o sea, apta para consumo. De esta, la mayoría se encuentra inaccesible en glaciares, en los polos, etc, Tan solo disponemos para consumo del 0,5% que es agua subterránea o superficial.

El 70% de esta agua es empleada en agricultura. Aquí empezamos a entrever la relación directa entre estos dos elementos vitales. Agua-suelo.

Se estima que actualmente se consume al año el 54% del agua dulce disponible y, según la UNESCO, a mediados del siglo XXI la población mundial alcanzará los 12.000 millones de habitantes previstos, la demanda se habrá duplicado y las reservas hídricas de nuestro planeta llegarán a su tope.

En los últimos decenios, la tecnología aplicada a la agricultura ha sufrido grandes avances, especialmente en relación a irrigación, biofertilizantes, energías renovables, robótica, que posibilitan una mejoría en la producción de alimentos tanto en calidad como en cantidad.

Esta es solo una cara de la moneda. Aún queda mucho por hacer, especialmente en lo referido a mejoría de las características del suelo no solo en relación al uso y consumo neto de agua sino a impedir que las pérdidas por infiltración o escorrentía sean mínimas. Aun sabiendo que estas pérdidas por evaporación, escorrentía, o percolación del agua utilizada en el riego, podrán ser reutilizada posteriormente, en los dos últimos casos, incluso por usuarios fuera del sistema agrícola, no podemos olvidar que el agua infiltrada incorpora elementos tóxicos. El riego es el mayor productor mundial de aguas residuales por su volumen (en forma de drenaje agrícola). A nivel mundial, las tierras agrícolas reciben anualmente cerca de 115 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados minerales.

Podemos observar algunos de los efectos de la actividad agrícola en la calidad del agua.

  • Sedimentos/turbidez

Los sedimentos transportan fósforos y plaguicidas adsorbidos a las partículas de los sedimentos; entarquinamiento de los lechos de los ríos y pérdida de hábitat, desovaderos, etc.

  • Aplicación de fertilizantes

Escorrentía de nutrientes, especialmente fósforo, que da lugar a la eutrofización y produce mal gusto y olor en el abastecimiento público de agua, crecimiento excesivo de las algas que da lugar a desoxigenación del agua y mortandad de peces

Lixiviación del nitrato hacia las aguas subterráneas; los niveles excesivos representan una amenaza para la salud pública.

  • Aplicación de estiércol

Esta actividad se realiza como medio de aplicación de fertilizantes; si se extiende sobre un terreno congelado provoca en las aguas receptoras elevados niveles de contaminación por agentes patógenos, metales, fósforo y nitrógeno, lo que da lugar a la eutrofización y a una posible contaminación.

Contaminación de las aguas subterráneas, especialmente por el nitrógeno.

  • Plaguicidas

La escorrentía de plaguicidas da lugar a la contaminación del agua superficial y la biota; disfunción del sistema ecológico en las aguas superficiales por pérdida de los depredadores superiores debido a la inhibición del crecimiento y a los problemas reproductivos; consecuencias negativas en la salud pública debido al consumo de pescado contaminado.

Algunos plaguicidas pueden lixiviarse en las aguas subterráneas, provocando problemas para la salud humana a través de los pozos contaminados.

  • Granjas/parcelas de engorde

Contaminación del agua superficial con numerosos agentes patógenos (bacterias, virus, etc.), lo que da lugar a problemas crónicos de salud pública. Contaminación por metales contenidos en la orina y las heces.

Posible lixiviación de nitrógeno, metales, etc. hacia las aguas subterráneas.

  • Riego

Escorrentía de sales, que da lugar a la salinización de las aguas superficiales; escorrentía de fertilizantes y plaguicidas hacia las aguas superficiales, con efectos ecológicos negativos, bioacumulación en especies ícticas comestibles, etc. Pueden registrarse niveles elevados de oligoelementos, como el selenio, con graves daños ecológicos y posibles efectos en la salud humana.

Enriquecimiento del agua subterránea con sales, nutrientes (especialmente nitrato).

  • Talas

Erosión de la tierra, lo que da lugar a elevados niveles de turbidez en los ríos, entarquinamiento del hábitat de aguas profundas, etc. Perturbación y cambio del régimen hidrológico, muchas veces con pérdida de cursos de agua perennes; el resultado es problemas de salud pública debido a la pérdida de agua potable.

Perturbación del régimen hidrológico, muchas veces con incremento de la escorrentía superficial y disminución de la alimentación de los acuíferos; influye negativamente en el agua superficial, ya que reduce el caudal durante los períodos secos y concentra los nutrientes y contaminantes en el agua superficial.

  • Silvicultura

Gran variedad de efectos; escorrentía de plaguicidas y contaminación del agua superficial y de los peces; problemas de erosión y sedimentación.

  • Acuicultura

Descarga de plaguicidas (por ejemplo, TBT1) y altos niveles de nutrientes en el agua superficial y subterránea a través de los piensos y las heces, lo que da lugar a fenómenos graves de eutrofización.

La conservación y mejora de los suelos agrícolas deben ser el objetivo prioritario pero al mismo tiempo tienen que constituirse como una barrera para impedir que las aguas utilizadas en el riego, no se pierdan por infiltración. Esta pérdida no sólo merma la capacidad hídrica del sistema, sino que contribuye a la contaminación de los acuíferos como hemos podido observar en el cuadro anterior.

El re equilibrio de los suelos agrícolas es una de las tareas pendientes en el sector agrícola. El campo agrícola no solo debe ser un espacio productor de alimentos, se debe constituir como un observatorio permanente que permita el control sobre las condiciones idóneas que deben prevalecer para hacer de la agricultura un recurso sostenible en el largo plazo

El campo agrícola como observatorio permanente, proporcionara, entre otros, la actualización de los datos sobre las características físico-químicas de los suelos agrícolas y diseñar los modelos que permitan aportar elementos exclusivamente biológicos que compensen las deficiencias originales del sustrato o bien las que hayan podido originarse como consecuencia de una actividad agrícola intensiva y continuada. De otra parte, obtener el mejor balance de elementos nutrientes en función del tipo de cultivo y por último, otra no menos importante: incorporar “barreras” que impidan la pérdida de agua y retengan los elementos fertilizantes.

Medidas en esta dirección podrían reducir en un 20% las pérdidas de agua por infiltración. Un 30% las pérdidas de fertilizantes. Y reducir la contaminación neta por nitratos en más de un 50%.

Somos testigos de un fenómeno extraordinario que nunca antes había sucedido. Estamos viendo pasar ante nuestros ojos un proceso de cambio vertiginoso, al que algunos llaman la Cuarta Revolución Industrial, marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, que nos anticipan que cambiará el mundo tal como lo conocemos.

El suelo, junto al agua y el aire, como elemento de soporte básico de la Humanidad, tendrá, inexorablemente, que adaptar sus características actuales de uso y manejo a las necesidades y demandas de equilibrios medioambientales, a un aumento de la población y por consiguiente del consumo de alimentos, junto a la optimización de la explotación de los recursos hídricos, cada vez mas escasos.

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