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Sobre el blog

Jose  Luis Soler Martinez
Empresario. Director General de Imabe do Brasil Ltda. , Fundador de Grupo Oceánica Maroc, Turalter, Srl. , Technoymar Soluciones, S.L. y Ecowater Technologies, S.L. Ecowater Innova/Zequanox en Europa y América Latina
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A muchos frentes abiertos los humanos nos enfrentamos, en este tiempo que nos ha tocado vivir. Los escenarios que contemplamos a diario, los que presumiblemente ocurrirán a corto plazo y los que, según los análisis, estudios, predicciones y vaticinios, les tocará vivir a las generaciones venideras, no son, bajo ningún concepto, deseables.

Y precisamente ahora. Cuando la globalización parecía que iba a armonizar las políticas nacionales en muchos órdenes de la vida, se nos viene encima, de forma palmaria, un proceso de degradación ambiental, largamente anunciado y menos comprendido por la mayoría de los 7 mil millones de seres humanos que habitamos el planeta, y al que llamamos cambio climático y según la Fundeu, deberíamos llamar crisis climática.

Sin embargo y espero que no se me malinterprete, no hay mal que por bien no venga.

La crisis climática, cuyo proceso es irreversible, por mucho que algunos traten de disimular o disfrazar, ha puesto de manifiesto que, la llamada globalización, que nació en el mundo occidental como la compleja epopeya de unir los mercados, social  es y culturales del resto del mundo, a través de una serie de transformaciones sociales y políticas, y que debería ser el tejido aglutinador de los intereses y decisiones globales, ya no depende de los gobiernos. Tal vez nunca dependió.

Hoy en día los gobiernos pierden atribuciones que son asumidas por la sociedad civil en un fenómeno que se ha denominado sociedad red, el activismo, cada vez más, gira en torno a movimientos y redes sociales mientras los partidos políticos pierden su popularidad e influencia ante los ciudadanos, como fue antaño.

Ante este escenario, ¿cómo vamos a exigir a los gobiernos, cuyos niveles de credibilidad ha descendido muchos enteros, que resuelvan conflictos y adopten medidas eficaces y duraderas que hagan frente a un fenómeno universal, de naturaleza no humana, aunque los humanos hayamos contribuido de forma inequívoca a acelerar algunos de sus procesos?

La inoperancia de gobiernos y organizaciones supranacionales, para asumir y resolver, se pone de manifiesto por una lista eventos, que detallo más abajo. Fijémonos en esta cronología: (Advertencia, puede causar cierta inquietud y algún enojo).

  • 1949. Conferencia Científica de las Naciones Unidas sobre Conservación y Utilización de los Recursos celebrada en Lake Success, (Nueva York), fue el primer órgano de las Naciones Unidas en ocuparse de forma tangencial de este asunto.
  • 1972. Conferencia Científica de las Naciones Unidas conocida como la Primera Cumbre para la Tierra, celebrada en Estocolmo (Suecia) adoptó una declaración que enunciaba los principios para la conservación y mejora del medio humano y recomendaciones para un plan de acción internacional.
  • 1980. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente expresó su preocupación por la destrucción de la capa de ozono y recomendó medidas para limitar la producción y el uso de clorofluorocarbonos F-11 y F-12
  • 1987. Asamblea General de las Naciones Unidas. Perspectiva Ambiental hasta el año 2000.
  • 1988. Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)
  • 1989. Declaración de Male sobre el calentamiento de la atmósfera y el aumento del nivel del mar. Declaración de Helsinki sobre la protección de la capa de ozono. Protocolo sobre Sustancias que erosionan la Capa de Ozono o Protocolo de Montreal
  • 1990. Segunda Conferencia Mundial sobre el Clima
  • 1992. La Cumbre para la Tierra. Río de Janeiro (Brasil). Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)
  • 1995. Conferencia de las Partes. Mandato de Berlín. COP1. 1996. COP2. Ginebra. 1997. COP3. Protocolo de Kyoto (Japón). Entró en vigor 7 años después de haber sido negociado por 180 países. 1998. COP4. Buenos Aires. 1999. COP5. Berlín. 2000. COP6. La Haya.2001. COP7.Marraquech.2002. COP8. Nueva Delhi.2003. COP9. Milán.2004. COP10. Buenos Aires. Firmaron 141 países. 2005. COP11. Montreal. 2006. COP12. Nairobi. 2007. COP13 Bali. 2008. COP14. Poznan. COP15. Copenhaguen. 2009. COP16.Cancun. 2011. COP17. Durban. 2012. COP18. Doha. 2013. COP19. Varsovia. 2014. COP20. Lima. 2015. COP21. Paris. Alcanzar acuerdos sobre lo que se había aprobado en 1992. Firmaron 175 países. 2016. COP22. Marraquech. Firmaron 111 Países. 2017. COP23. Bonn. 2018. COP24. Katowice. 2019. COP25. Inicialmente Brasil. Después Chile. Finalmente, Madrid. 2020. A celebrar en Glasgow.

71 años de reuniones, debates, informes oficiales hasta conseguir, como hecho más relevante ante la opinión pública mundial, la aparición de Tintín Eleonora Ernman Thunberg​, más conocida como Greta.

Una estudiante de 17 años, junto a un numeroso grupo de científicos, ha conseguido sensibilizar y conmover a millones de personas en todo el mundo, haciendo visible y más comprensible, un preocupante fenómeno que estaba siendo abordado en despachos oficiales y centro de convenciones y por lo que hasta ahora hemos comprobado, con pocas capacidades comunicativas y mucho menos, resolutivas.

Aunque son muchos los conflictos existentes a lo largo y ancho del planeta y todos cruciales para el presente y futuro de la humanidad, (migraciones, pobreza, guerras, desigualdad social, infancia, etc.), sin duda alguna, el que nos afecta a todos, sin distinción de razas, credo, cultura y lugar que habitemos, es el que se refiere y afecta nuestro hábitat común: el cambio climático.

En los últimos 150 años, la humanidad ha conocido más desarrollo y evolución tecnológica que en los anteriores 150.000. El desarrollo del pensamiento, la ciencia y la tecnología actuales debería permitirnos obtener un conocimiento extraordinario sobre la realidad humana el entorno medioambiental que habitamos. Este hecho también debería ofrecernos una perspectiva del presente y el futuro. ¿Está ocurriendo esto? Sin duda. Pero ese caudal no se está filtrando al tejido social. La gente ignora casi todo del mundo que habita. 

Los efectos nocivos provocados por el ser humano sobre el medio ambiente y en otras especies animales y vegetales, esenciales para mantener el equilibrio necesario para la existencia de vida, son la consecuencia de los patrones de conducta impuestos por  los diversos modelos de desarrollo que hemos implementado en los últimos 260 años, todos ellos de enorme impacto, en un muy corto plazo de tiempo y cuyas consecuencias, ahora podemos apreciar. ¿Quién nos anuncia sobre lo que debemos cambiar y las alternativas?   

Mientras que una parte del sector industrial y agrícola de los países más desarrollados, ya esboza los primeros gestos para reconducir el proceso de la cadena productiva, otros sectores aún se aferran a un modelo pernicioso basado en el uso y consumo de productos de ciclos cortos de vida.

Es curioso y muy preocupante observar como el grupo de países en vías de desarrollo denominado BRICS para referirse conjuntamente a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y con un peso muy importante en la población, la economía y los recursos, continúan la senda de un modelo de desarrollo cuya fecha de caducidad ya se anuncia.

Nos enfrentamos a un conjunto de problemas complejos que no solo se refieren a un proceso cíclico de la naturaleza, acelerado e incrementado gracias a la intervención del ser humano, al uso inadecuado de los recursos naturales del planeta o a intereses de carácter económico o político. También debemos considerar otros fenómenos de carácter etnográficos, etnológicos, antropológicos del desarrollo, que posibilitan comportamientos muy diferentes, pero con un denominador común: alcanzar el mayor grado de bienestar y confort, conforme los estándares occidentales de referencia actuales.

Tal vez, los movimientos sociales activados en las últimas décadas, azuzando gobiernos y grandes corporaciones. O por el impacto económico y ecológico generado por los fenómenos atmosféricos devastadores que se producen y se producirán, posibilite activar políticas que reconduzcan la actividad humana por una senda compatible con el ecosistema en los próximos 50 años. Ni la crisis climática y ninguna de sus manifestaciones  se detendrá, pero es posible que, de alguna manera, estemos a las puertas de un nuevo ser humano, al que podremos denominarlo de cualquier manera menos de homo sapiens. 

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