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Invasiones biológicas. Coronavirus vs D.polymorpha

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Sobre el blog

Jose  Luis Soler Martinez
Empresario. Director General de Imabe do Brasil Ltda. , Fundador de Grupo Oceánica Maroc, Turalter, Srl. , Technoymar Soluciones, S.L. y Ecowater Technologies, S.L. Ecowater Innova/Zequanox en Europa y América Latina
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  • Invasiones biológicas. Coronavirus vs D.polymorpha

Perplejos aún, vamos asimilando poco a poco, los efectos de un fenómeno que, como una mala sombra, va inundando hasta el último rincón del planeta. Miles de personas, cada día acusan los graves efectos, directos e indirectos, de los estragos que se están produciendo mientras un inexorable contador nos muestra, día tras día, el recuento de nuevas víctimas.

Personas mayores, los más vulnerables, otras personas con patologías previas, también. Todos somos víctimas potenciales. Personas ajenas a un fenómeno invasivo que se ha introducido en nuestro hábitat y está produciendo, no solo la muerte de miles de personas, sino también está modificando nuestros hábitos y los modelos funcionales de nuestro ecosistema.

Otras pandemias han acontecido y han asolado la Humanidad y, curiosamente, y sin ánimo de especular, las invasiones biológicas más letales para las personas de esta parte del mundo, han procedido y proceden de Oriente. La peste antonina, (165-180 d. C.), la peste de Justiniano (541 d.C.), la peste negra, (1347 d.C.) el cólera, (1816) la gripe asiática, (1957) la gripe de Hong Kong, (1968), la gripe aviar, y el síndrome respiratorio agudo grave (SRAG), (2003), por citar solo algunas.

Los que hemos dedicado parte de nuestra vida al control de invasiones biológicas, y conocemos en cierta medida los mecanismos y procesos de la invasión, podemos establecer un paralelismo entre un fenómeno pandémico como el COVID-19 y la invasión de moluscos bivalvos invasores en los sistemas hídricos de todo el mundo.

Mientras que, de los bivalvos invasores conocemos hoy prácticamente todo lo que se refiere a su carácter bioquímico y su etiología, de este nuevo formato de  coronavirus que asola la salud de la humanidad, aún tenemos mucho por descubrir y aprender. Voy, en este artículo, intentar establecer una línea de relación entre ambos fenómenos y veremos que, salvando obvias diferencias, existen muchos puntos comunes.

La “pandemia” provocada por los bivalvos invasores, es también llamada la invasión silenciosa. Aunque el origen se remonta al siglo XVIII, es a finales del siglo XIX cuando  dos diminutos bivalvos (D. polymorpha y D.rostriformis bugensis),originarios de la región de Ponto-Caspio (Mar Negro, Mar de Azov y Mar Caspio) vienen arrasando de forma sistemática, los sistemas de agua dulce de Europa, inicialmente, y después, desde la segunda mitad del siglo XX, la practica totalidad de los sistemas hidrológicos de América del Norte. 

El proceso invasivo se inicia cuando las vías fluviales que desembocan en el mar Negro (Danubio, Dniéster, Dniéper y Don) y Mar Caspio, (Volga, Ural, Emba, Terek, Sulac, Atrek), son aprovechadas y utilizadas como medios de navegación fluvial  en Europa. En este caso, es el transporte  el agente transmisor de la plaga. El incremento del tráfico marítimo de mercancías y personas, como consecuencia del desarrollo económico, es el motor que impulsa la expansión de la plaga.

Durante años, este fenómeno no trascendió a la luz pública y aún hoy, no ha tenido el eco que la gravedad del problema requiere, ni adoptadas medidas suficientes para atajar este gravísimo problema, a pesar de los estragos acarreados. Probablemente una de las causas sea que el destinatario objetivo final no es el ser humano. Sin embargo, como afectados y damnificados subsidiarios, si lo somos.

Desde el punto de vista ambiental, los estragos de la pandemia originada por el D. polymorpha y el D. rostriformis bugensis, aún no se han podido evaluar y probablemente jamás podamos saberlo certeza, pero si podemos asegurar que son inconmensurables. La asociación producida por la crisis del clima y las especies beneficiarias de las nuevas condiciones ambientales, son un binomio que marcará el destino de millares de especies acuáticas en el futuro.

Desde el punto de vista económico, somos incapaces de expresar cifras precisas dado que los daños producidos en las infraestructuras y la pérdida de productividad, son incorporados a los costes de producción y, por tanto, a cargo del consumidor. Las estimaciones oficiosas calculan el monto en unos 545,000 millones de euros en los últimos 10 años  ¿Podemos imaginarnos cuanto se podría haber conseguido si el dinero empleado en intentar controlar las invasiones de bivalvos, hubiera sido destinado a investigación, innovación o desarrollo de nuevos modelos industriales compatibles con el medio ambiente?

Al igual que la expansión de la invasión de bivalvos por todo el mundo, la expansión del coronavirus, también es fruto del desarrollo económico y la globalización. A diferencia de otra grave afectación como fue y es, el FHE, (fiebre hemorrágica del Ébola), que tuvo su origen en Yambuku, una ciudad del norte de Zaire, un país que ocupa el puesto 170 en el índice de desarrollo humano (IDH), y cuyo ámbito trascendió a los países limítrofes, el coronavirus se origina en Wuhan (China) una región perteneciente al país más poblado del mundo, la primera potencia económica por PIB, en términos de paridad de poder adquisitivo y uno de los principales exportadores de mercaderías del planeta.

Mientras que la expansión de moluscos bivalvos tuvo, inicialmente, como soporte principal impulsor, las infraestructuras navales, (casco de embarcaciones y tanques de lastre principalmente), en el caso del coronavirus, ni barcos, aviones o trenes, son los vehículos de transportes del virus. Somos los seres humanos los que alojamos y dispersamos al peligroso organismo invasor.

¿Podríamos imaginarnos una persona afectada por el COVID-19 haciéndola ingerir hipoclorito sódico, permanganato potásico, o cloro para eliminar el virus de su cuerpo? 

La movilidad de las personas por causa del turismo, las relaciones empresariales, profesionales y sociales, hace que el control sea más complejo. Sin embargo, la metodología que se emplea en el control de bivalvos invasores, para distinguir las diferentes zonas potenciales de afectación, dentro de un espacio geográfico y estructural, podría ser de utilidad para establecer los niveles de riesgo y aplicar en cada caso, la solución más idónea.

No olvidemos que las drásticas medidas adoptadas de confinamiento de la población son originadas por la incapacidad de trazar una huella del proceso expansivo y sobre todo por no disponer de un antídoto de control.

Aunque no existe aún un medicamento específico para eliminar el virus del organismo humano, ya han comenzado los tratamientos epidemiológicos en grupos de individuos afectados y con toda seguridad, en un corto espacio de tiempo, se desarrollará una vacuna o medicamento capaz de frenar la expansión y controlar los efectos de la enfermedad.

En el caso de los moluscos bivalvos, si existen tratamientos biológicos que controlan las colonias y acaban con la expansión descontrolada preservando el equilibrio y funcionamiento de las estructuras hidráulicas. Pero también se están llevando a cabo tratamientos de control inadecuados, mediante productos químicos y tóxicos.

¿Podríamos imaginarnos una persona afectada por el COVID-19 haciéndola ingerir hipoclorito sódico, permanganato potásico, o cloro para eliminar el virus de su cuerpo? Lamentablemente esto está ocurriendo en muchos “tratamientos de control” de bivalvos invasores. Intoxicar las aguas para matar el molusco.

Mucho nos queda por aprender sobre esta pandemia, pero no podemos olvidar las lecciones aprendidas de otros fenómenos pandémicos cuyos objetivos son otros seres vivos, co-habitantes, junto al ser humano, de nuestro planeta y absolutamente imprescindibles para el sostenimiento del equilibrio ambiental.

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