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Soluciones verdes, vistas a través del agua (II): La falacia de los pedos de vaca y el chuletón

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  • Soluciones verdes, vistas través agua (II): falacia pedos vaca y chuletón
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Sobre el blog

José María de Cuenca de la Cruz
Curioso, inquieto y creativo… aprendiz de escritor, e interesado también por las nuevas tecnologías y la educación. Me encanta asumir retos y compartir lo aprendido. Trabajando en lo que me apasiona…. me siento como un pez, en el agua claro.
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Acabo de volver a leer que las emisiones de metano tienen un efecto invernadero 25 veces más potente que las de dióxido de carbono. Al hilo de que algunos investigadores afirman que, en términos de efectos sobre la retención del calor solar, el volumen de gases expulsado por el ganado bovino (aproximadamente unos mil millones y medio de cabezas) tiene un impacto similar al que genera la industria del transporte. En consecuencia se alimenta esa creencia popular que identifica esos efluvios únicamente con los más deleznables, que Quevedo nombraba como “el ruiseñor de los putos”. Parece que vienen malos tiempos para las vacas.

Muchas personas con las que me relaciono son compañeros de nuestro sector, o de afines ligados con el medio ambiente. Somos quizá uno de los colectivos más familiarizados con los conceptos de huella hídrica y de carbono. Aunque por ello no deja de asombrarnos la cantidad de agua necesaria para producir un kilo de carne de vacuno, unos 15 m3.

Por ello, entre nosotros, cada vez son más las personas que se hacen eco de noticias sobre famosos que con gran sacrificio han renunciado a los placeres de un buen chuletón. Mensajes que unidos a la preocupación por el cambio climático y a las consecuencias que tendrá sobre nuestro estilo de vida, hacen que, quien más quien menos, todos nos preguntemos si todo esto podría afectarnos en la dieta. De momento, parece que lo más molesto se limita a la moda explorar la opinión del vecino sobre su ingesta de carne, en especial de chuletones y solomillos. Quizá porque estas piezas tienen connotaciones político económicas además de ecológicas…. una combinación de factores irresistible, al aunar tradición y modernidad en el cotilleo popular. Preocupaciones escatológicas aparte.

Algunos defienden que todos deberíamos convertirnos en vegetarianos. Realmente según el informe elaborado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) no habría mucha diferencia entre la opción de sustituir el consumo de carne roja por aves o cerdos, o la de convertirnos en vegetarianos, y seguir ingiriendo lácteos o huevos. Según el panel de expertos sobre el cambio climático de la ONU, el 23% de las emisiones GEI se deben a actividades relacionadas con el uso de la tierra como la agricultura y la silvicultura. Por ello defienden que se debe poner especial cuidado en estas labores. Entre las actuaciones indican la posibilidad de modificar la dieta para reducir la producción de alimentos responsables de las mayores emisiones. Y lo clavan para conseguir publicidad, porque con la recomendación los medios conviertan a las pobres vacas en protagonistas, aunque se olviden de otros compuestos como el óxido nitroso, con un potencial de calentamiento global 298 veces superior al del CO2… Pero el N2O no es celoso, de él se acordarán todos cuando deseen convertir en protagonista al coche…

Trataré de ser imparcial frente a tantos intereses. Pero en mi opinión, es una pena que una parte del debate sobre el cambio climático se centre en si uno puede zamparse un chuletón o debe sacrificarse como en viernes de cuaresma. Antes de aparecer la franquicia mundial de Master Chef, se sabía que “El sabio habla de las ideas, el inteligente de los hechos, el vulgar de lo que come”. Ahora es peor aún: en algunos círculos se habla también de lo que come el vecino…. Tampoco quiero entrar a los efectos de Master Chef en las preocupaciones sociales, programa que por cierto defiende el consumo de carne de vaca. Si creo que todos -responsablemente- debemos intentar centrarnos en buscar soluciones y no en seguir borreguilmente aquello que señalen los focos mediáticos. Incluso aunque afirmaciones como esta puedan resultar sospechosas a los alcahuetes de los discursos más políticamente correctos. Los profesionales del agua somos especialmente responsables ante problemas como el del cambio climático, y debemos encontrar y proponer soluciones desde nuestro propio sector. Porque, aunque a estas alturas alguno ya se preguntará por qué admitió la redacción de iAgua este artículo, una solución a este indecente problema estriba -precisamente- en un uso del agua. Tranquilos no se trata de poner lavativas a los bóvidos.

El profesor Kebreab de la Universidad de California en Davis estima -en Román Paladino-, que los gases de efecto invernadero generados por el ganado rumiante procede en un 50% de sus fosas nasales, un 40% de sus eructos, y solo el restante 5%, de los pedos. Impulsados por una legislación que en ese estado norteamericano exige reducir un 40% las emisiones de metano, los académicos han comparado diversas alternativas para solucionar el problema ganadero. Tras sus estudios han comprobado que la solución más efectiva es la incorporación de unas algas como complemento dietético para mejorar la digestión de los rumiantes. Las algas, identificadas en 2014 por un equipo de CSIRO y la Universidad James Cook contienen bromoformo, que actuaría sobre la fase de fermentación entérica de la digestión, en la que se genera el hidrógeno que luego se recombina y libera como metano. Con ello se compensarían los efectos que el uso de fertilizantes en los pastos y los piensos preparados producen en el metabolismo animal, “aligerando” sus digestiones.

El alga utilizada es una rodofita o alga roja conocida como “alga de arpón”, denominada asparagopsis taxiformis. Originaria del oeste de Australia, es una especie invasora en las costas del Mediterráneo, y en el atlántico de Europa, incluida España. Pero hasta la fecha no se cultiva, y resulta complicada de recolectar en las cantidades necesarias para realizar ensayos a escala real. En la bahía de Vân Phong (Vietnam) la empresa Australis Aquaculture dedicada a la acuicultura, está probando con métodos similares a las bateas de moluscos para escalar el cultivo a una escala económicamente viable, pero la tecnología de producción de algas aún está en sus albores.

En todo caso, es un hecho que si no hay variaciones en la dieta humana, en un planeta cuya población va en aumento, para 2050 la demanda de alimentos crecerá hasta requerir una producción ganadera un 60% mayor que en la actualidad. Frente a esta extrapolación, unos ven negocio, y otros desastre ambiental. Muchos optan por soluciones imposibles, como imponer la dieta vegana; o simplistas, como subir los impuestos a la carne (y los huevos, y la leche).

Otros se esfuerzan más, y buscan alternativas para controlar las emisiones del ganado. Algunas convencionales, como ciertos medicamentos veterinarios. Los menos, intentan dar soluciones más innovadoras y basadas en la propia naturaleza. Entre estas últimas, el uso de algas parece ser la menos traumática para los animales, la industria y la sociedad… además de la más natural. Incluso es eficaz para reducir la huella hídrica de la carne. Y también es la que tiene mayor potencial para generar desarrollo y diversificación económica en el futuro, porque además de materia prima de cosméticos, fertilizantes o biocombustibles, parece que las algas cultivadas tienen otras aplicaciones más sabrosas que una humilde, aunque sofisticada ensalada: convertirse en un chuletón.

Buen provecho.

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