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Mi etapa de colaboración con Loyola de Palacio en gestión de aguas y planificación hidrológica

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  • Mi etapa colaboración Loyola Palacio gestión aguas y planificación hidrológica
    (Fotografía: © European Union 2000 - EP)

Sobre el blog

José María Esnaola Navarro
Consultor Geólogo e Hidrogeólogo.
Minsait
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Conocí a Loyola de Palacio en agosto de 1993. Me acuerdo de la cercanía e interés con que nos atendió a un grupo de alumnos del curso “Agua y medio ambiente”, dirigido por Ramón Llamas en la Universidad Complutense de Madrid, al terminar una sesión sobre la política del agua en España y el anteproyecto del Plan Hidrológico Nacional.

También recuerdo en esa época a Ramón Llamas en el Departamento de Geodinámica de la Facultad de Geología y la Real Academia de Ciencias, dedicado a la divulgación sobre la hidrogeología, la política del agua y su lucha contra la “hidroesquizofrenia” en España. “Hay que hacer soft science”, nos decía, mientras expresaba sus opiniones invocando la libertad de cátedra, no sin duras críticas hacia el sistema y los gestores de las administraciones públicas.

Quizá el debate en torno a la propuesta del Plan Hidrológico Nacional, presentada por el Gobierno en abril de 1993 con numerosos y controvertidos trasvases intercuencas, junto con la prolongada sequía que se estaba viviendo en España, fueron los catalizadores de tal actividad. El hecho es que, se estuviese más o menos de acuerdo con sus expresiones, los contundentes mensajes del profesor Llamas tuvieron un importante eco mediático y social.

El Pleno del Congreso acordó unánimemente, en marzo de 1994 y febrero de 1995, instar al Gobierno para que adoptase diversas medidas sobre la política del agua y para solucionar el problema de la sequía

Loyola de Palacio era Portavoz adjunta del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, principal grupo de la oposición. Comenzó a recabar la opinión de gestores, usuarios y técnicos para proponer mejoras en la gestión y planificación del agua. Supongo que esto dio pie a que Ramón Llamas asistiese a las reuniones que convocaba la portavoz. Como muestra de su apoyo desinteresado a quien creía que lo merecía, recuerdo que una periodista preguntó al profesor: “¿Es usted ahora colaborador de Loyola de Palacio?”. A lo que él contestó: “Colaborador no, yo soy admirador de Loyola de Palacio”.

Las iniciativas promovidas por Loyola tuvieron una gran repercusión y el Pleno del Congreso acordó unánimemente, en marzo de 1994 y febrero de 1995, instar al Gobierno para que adoptase diversas medidas sobre la política del agua y para solucionar el problema de la sequía.

Loyola solicitó al profesor Llamas la referencia de un profesional para trabajar como asesor en materia de aguas. Este fue el origen de mi entrevista y posterior incorporación al equipo de la asesoría parlamentaria, en el que me sentí acogido desde el primer momento. Era tal el ritmo de trabajo previsto que, para facilitar el seguimiento diario, me habilitaron una mesa en un despacho próximo al de Loyola. Me hizo partícipe de las reuniones y consultas que mantenía con políticos y expertos antes de fijar posición en los debates y ruedas de prensa. Era también ávida lectora de las últimas publicaciones sobre la gestión y economía del agua, y la agricultura en España y la Unión Europea, muchas veces proporcionadas por sus propios autores.

Se hicieron más frecuentes las reuniones con Ramón Llamas y con otro experto al que conocí entonces, José María Gil Egea. Ambos, desde su amplia experiencia y sin perder el buen clima de amistad, en muchas ocasiones planteaban propuestas distintas ante un mismo problema.

A Loyola le gustaba aquella diversidad de pareceres. Me correspondía tomar nota y organizar las iniciativas que habría que llevar a cabo bajo la dirección de la portavoz, trabajando siempre con un ritmo agradable y a la vez exigente. Una de las primeras tareas fue la coordinación de tres seminarios en la Fundación FAES, en septiembre de 1995, con representantes de administraciones, universidades y organizaciones ambientalistas. Los temas debatidos fueron: I. Usos y recursos del agua, II. Medio ambiente y calidad del agua, y III. Gestión, economía y legislación del agua.

Sirvan estas líneas como agradecimiento y sencillo homenaje a una persona íntegra, inteligente, exigente, cercana e incansable trabajadora que me otorgó su confianza para colaborar en su acción política en busca del bien común

Loyola decidió incorporar buena parte de las conclusiones a las iniciativas parlamentarias y al programa electoral. También planteó a las altas instancias la conveniencia de plasmar los resultados de estos seminarios, y de otras muchas aportaciones, en un libro que se titularía “El Agua en España: Problemas y Soluciones”.

Tras recibir el visto bueno, nos encargó a José María Gil Egea, Ramón Llamas y a mí los trabajos de redacción inicial de los capítulos. Trabajamos intensamente durante el último trimestre de 1995, mientras el alcance se iba ampliando con aportaciones de otros colaboradores. Era tal el entusiasmo de Loyola que se llevaba los borradores allá donde le correspondiese viajar en aquellos días.

La publicación no haría mención individualizada de los redactores; sería presentada por Loyola como fruto de la labor del Partido y el Grupo Parlamentario Popular en contacto con numerosos interlocutores y usuarios del agua en España. Tendría una extensión de unas 100 páginas, en lenguaje asequible y sobre la base de datos contrastados. Con la colaboración de una empresa consultora, el libro estaría en imprenta en enero y se presentaría en febrero de 1996.

Sin embargo, el libro resultó nonato, ya que en los primeros días de enero de 1996 Loyola nos comunicó que había recibido indicación de detener los trabajos. Aunque no conocimos más detalles, la decisión se debió seguramente a razones oportunidad política, ya que el 8 de enero se disolvieron anticipadamente las Cortes Generales, convocando elecciones para el 3 de marzo.

Con el nuevo Gobierno presidido por José María Aznar, Loyola de Palacio asumió el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y José María Gil Egea fue nombrado Asesor de su Gabinete. Unos meses después me incorporé al Ministerio de Medio Ambiente como Asesor del Secretario de Estado de Aguas y Costas, Benigno Blanco, en el Gabinete dirigido por Guillermo Heras. En esta etapa tuve el honor de participar en importantes iniciativas, como la Reforma y el Texto refundido de la Ley de Aguas, la aprobación de los Planes Hidrológicos de cuenca, la redacción del Libro Blanco del Agua en España, y los documentos técnicos del Plan Hidrológico Nacional.

Con Loyola de Palacio permaneció una relación de admiración profesional y amistad, como pude comprobar en un par de ocasiones en que fui convocado, junto a Ramón Llamas y José María Gil Egea, para compartir vivencias en un almuerzo. Su partida a Bruselas como Comisaria de la Unión Europea, y después su rápida enfermedad, nos privaron del siguiente encuentro de amigos para el que habíamos quedado emplazados por teléfono.

Sirvan estas líneas como agradecimiento y sencillo homenaje a una persona íntegra, inteligente, exigente, cercana e incansable trabajadora que me otorgó su confianza para colaborar en su acción política en busca del bien común.

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