España se nos hace mayor, se nos muere: el otro Alpedrete

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Sobre el blog

Juan Aragoneses Carralón
Ingeniero Civil. En excedencia forzosa por Cargo Público de la empresa Eptisa. Concejal de Ordenación Sostenible del Territorio, Servicios Municipales y Vivienda del Ayuntamiento de Alpedrete (Madrid).

El Día Mundial del Agua de este 2015 tiene como lema “agua y desarrollo sostenible”, o lo que es lo mismo, las interacciones entre el agua y las tres dimensiones del desarrollo sostenible: social, económica y ambiental. 

En esta época en la que según algunos extremistas y otros muchos interesados parece que cada día está más cerca la fragmentación de España por motivos políticos, servidor, nacido y criado en Alpedrete (Madrid, 14.005 habitantes), piensa mucho más en esa otra fragmentación, mucho más real y palpable, entre la España urbana, próspera y vital, y la España rural que agoniza.

Media España, la próspera y urbana, bebe agua de los ríos que nacen en esas zonas deprimidas del país

De ahí que uniendo ambas realidades me proponga reflexionar sobre el actual estado del medio rural español y las necesarias actuaciones para evitar su muerte definitiva, desde un punto de vista social, económico, medioambiental e hídrico.

En los corazones de la mayoría de las gentes habita un sentimiento común de pertenencia a un lugar y de defensa de lo “suyo”. Lo mismo defiende el toledano “su” Tajo que el extremeño “su” campo, un manchego “sus” Tablas de Daimiel y un salmantino "sus” papeles. También un catalán su lengua. Pero lo que está en juego es mucho más que eso, es la supervivencia de la España rural, de esa otra España tan bella como desconocida para muchos. Y para ello sólo hay una solución: un pacto de Estado que reorganice territorialmente España y que evite la lenta agonía de las zonas rurales.

No es una cuestión de ahorro, es cuestión de servicios públicos y eficiencia que produzcan bienestar en la gente. Eso, combinado de trabajo y oportunidades, o lo que es lo mismo, inversión productiva, es la ecuación perfecta para regenerar nuestro olvidado medio rural.

Una consecuencia de todo ello es el paupérrimo estado de la depuración en los pueblos españoles. Los ayuntamientos pequeños no pueden abordar los costes de operación y mantenimiento de las depuradoras en el caso improbable de que las tengan. Sobre todo si son pueblos dispersos, como ocurre en las soledades del interior peninsular. Para los ayuntamientos son infraestructuras impopulares, porque en zonas donde se consume agua de pozo a un precio irrisorio que apenas llega al céntimo de euro, la depuración eleva los costes hasta los 80 ó 90 céntimos de euro el metro cúbico. De ahí que algunos alcaldes privilegiados opten por no poner en funcionamiento sus EDAR con las consecuencias ambientales que su decisión provoca.

No olvidemos además que media España, la próspera y urbana, bebe agua de los ríos que nacen en esas zonas deprimidas del país: el Duero en Soria, el Tajo en Teruel y reparte su agua hacia el próspero levante a través del trasvase Tajo-Segura desde tierras de Guadalajara. ¿Solidaridad?

Son muchas las provincias de España donde sus índices poblacionales llevan demasiados años siendo negativos: Soria ha perdido en el último medio siglo el 40% de su población. Ávila el 35%. Salamanca el 15%. Alicante ha ganado un 200%. Cádiz un 100%. Esa es la gran diferencia.

Son excesivas las comarcas enteras donde hace años que no ven el nacimiento de un nuevo vecino. Son demasiados los pueblos, pedanías, anejos y entidades menores donde ver a un vecino menor de 60 años es tarea más que imposible un martes del mes de febrero. Es muy triste escuchar cómo te cuentan que el pueblo no tiene escuela desde hace 20 años por falta de niños y niñas. Es bochornoso ver y contemplar cómo lugares únicos y maravillosos de los Montes de Toledo, de la Alcarria, de la raya salmantina o de otras muchas zonas de España, se mueren sin que nadie le ponga remedio…

Desde el piso de una ciudad desde el que algunos podáis leer esto, os puede parecer exagerado. Seguramente os provoca risa cuando alguna vez se ve en la televisión eso de las caravanas de mujeres o cuando, ese anciano que en paz descanse decía aquello de que “¿y el Madrid qué, otra vez campeón de Europa?” Pero cerrad los ojos y pensad cómo será ese pueblo en el que nacieron vuestros padres o abuelos, al que vais en verano, ese en el que os bañabais en el río cuando erais jóvenes, cuando, pasado el verano, todos volvéis a la ciudad…

En España a fecha 1 de enero de 2014 había, según el INE, 8.117 municipios (o lo que es lo mismo, ayuntamientos), de los que 6.813 tienen menos de 5.000 habitantes. ¡El 84%!

Por poner sólo un ejemplo, en la provincia de Guadalajara existen 288 municipios de los cuales 170 tienen menos de 101 habitantes y sólo 8 más de 5.000…es decir, sólo el 2,8% de la población vive en municipios medianos o grandes que son los únicos capaces, ya no de proporcionar buenos servicios públicos, si no de simplemente ofrecerlos.

¿Qué pasará en 50 años cuando por los efectos del tiempo esas humildes y gentiles gentes ya no estén? 

Al llegar a uno de esos pueblos, el otro Alpedrete, Alpedrete de la Sierra (Guadalajara, 35 habitantes), lo primero que notas es una intensa soledad. Te das cuenta que estás solo, de que no hay nadie por las calles. Si con suerte te cruzas con un par de personas, te das cuenta cómo te observan al darles los buenos días…Evidentemente, saben más que de sobra que es la primera vez que pasas por allí. Cuando paseas por esos rincones perdidos te das cuenta que allí no pasa el tiempo. Miras las fachadas de sus casas, con ese aspecto de a medio pintar tan característico. Sus hombres con sus burros, porque gracias a dios, aún quedan burros… Sus bicicletas aparcadas delante de las casas, artilugios que bien podrían estar sacados de “las bicicletas son para el verano” del gran Fernán Gómez. Paseas por esas calles de hormigón, estrechas y por supuesto sin aceras, con sumo cuidado para no pisar la mantita con garbanzos y judías que la “señora María” ha dejado delante de su puerta. Oyes a lo lejos como una furgoneta parada pita insistentemente: es el panadero…Y al entrar en sus ayuntamientos, descubres que comparten un auxiliar administrativo con otros 4 ó 5 pueblos de la comarca, y ahí acaba todo. Al hablar con sus alcaldes, si es que se da el caso normal de que estén jubilados, descubres como para arreglar una calle tienen que suplicar la subvención de alguien y si no, pues no se arregla. Pero son personas de verdad. Sin maldad. Siempre con una sonrisa y cargados de amabilidad y hospitalidad.

Recuerdo el primer pueblo que visité en mis viajes por Castilla: Marrupe, en Toledo. Era un viernes de junio a eso de las 10 de la mañana. Había unas 50 personas en la plaza. ¿Serían las fiestas? Un hombre se dirigió a nosotros: era el Alcalde. Estaban todos tomando chocolate celebrando el nacimiento de la hija de la "chica de la farmacia". Tras visitar su embalse, su depósito de agua y su recién estrenada potabilizadora (sufragada con Fondos FEDER) el buen hombre nos invitó a conocer el nuevo centro social del pueblo. Una casa frente al Ayuntamiento, recién reformada, donde los vecinos podrían "echar la partida" y los pocos chavales pasar las tardes. ¡Se le veía una cara de felicidad! Ese hombre había conseguido el anhelo de su gente con mucho esfuerzo y ahora, se enorgullecía de mostrarlo a todo nuevo visitante que por allí pasaba...

Pero, ¿qué pasará en 50 años cuando por los efectos del tiempo esas humildes y gentiles gentes ya no estén? ¿Qué está pasando ya con todo esos “Señores Cayo” que se empeñan en no dejar morir esa España tan especial?

Cuando veo los parques del extrarradio de Madrid llenos de parados pasando la mañana me los imagino ganándose la vida dignamente en pueblos ahora vacíos y olvidados. Cuando observo los coches del metro de Madrid abarrotados en hora punta pienso en cuántos serían más felices en otro lugar muy lejos de allí…

Pero es verdad que esas zonas tampoco andan sobradas de oportunidades. La gente las abandona por algo. Por eso pienso que si las gentes volvieran y las inversiones llegaran, con ellos llegaría la esperanza.

En esta época de crisis en las que muchos abogan por el “austericidio” yo apuesto por la inversión, las mancomunidades de servicios (Aguas del Huesna, por ejemplo), la unificación de ayuntamientos para mejorar su capacidad de actuación, por bonificaciones fiscales y un largo etcétera de medidas que a buen seguro harían brotar el agua de la vida en todas aquellas zonas que hoy se mueren de sed.

No es normal que en una época en la que las distancias no se miden en kilómetros, sólo lleguen las grandes inversiones públicas y privadas a las grandes concentraciones de población y a los centros de poder.

Es muy triste ver como esa España se nos muere. Es muy triste ver como zonas ricas en tierras de cultivo, en ganado, en recursos energéticos como sol, viento y biomasa, en entornos dignos de ser conservados y visitados, en caza y pesca, se nos quedan despobladas. Y a eso le debemos poner remedio. Es nuestra responsabilidad.

Si puedes soñarlo puedes hacerlo.

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