Agua y economía circular: un paradigma necesario

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  • Agua y economía circular: paradigma necesario
  • La economía circular es un pilar fundamental del motor del crecimiento europeo.

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iAgua Magazine Nº 7
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Caminando por la Alhambra con el Dr. Valentín Molina, profesor titular de la Facultad de Económicas de la Universidad de Granada, me recordaba que la economía circular es una ciencia social que se encarga de estudiar la asignación de recursos limitados de forma eficaz y eficiente, y que la escasez de agua provoca externalidades negativas en el conjunto del sistema económico, como indicaba el Comisario Europeo de Medio Ambiente, Janèz Potocnik en el III Fórum Internacional Economía – Eficiencia de Recursos, “hay que transformar Europa en una Economía eficiente de los recursos, aunque sólo la eficiencia no es suficiente”. Y proseguía el Dr. Molina, indicando que si los recursos fueran “apreciados” como nutrientes del sistema productivo – véase el agua como el nutriente biológico y tecnológico más importante – se podrían ir cerrando ciclos útiles, como pone de manifiesto la economía circular, a través de protocolos que aseguren la sostenibilidad del recurso.

En una sociedad europea donde 3 de cada 4 habitantes viven en las ciudades, el aseguramiento de los recursos básicos agua, energía y alimentos  es un factor  primordial al que se aferra la economía circular, basada en el principio de las 4R: reutilización, reciclaje, recuperación y recreación…y entre rumores de agua, el profesor me enseñaba el informe del panel de expertos contra el cambio climático de la ONU (http://www.ipcc.ch) , que muestra que el planeta se encuentra en una encrucijada medioambiental por el uso intensivo de los recursos. Y me puntualizaba que “el modelo actual de economía ortodoxa y lineal: extracción, producción, comercialización, uso y generación de residuos/desechos ha provocado que muchos de los elementos y factores productivos estén casi finiquitados en un horizonte de 100 años”. Además estos recursos tradicionales aparejan otras externalidades negativas en términos de emisión de gases de efecto invernadero (GEI). “Una economía circular sería el revulsivo para crear ciudades sostenibles e inteligentes desde el punto de vista medioambiental”, y en ese preciso momento le recordaba el Proyecto Masdar que Norman Foster está levantando en Abu Dhabi, la primera ciudad del mundo con 0 emisiones de CO2, sin residuos y abastecida 100% por energías renovables. Un modelo a imitar en nuestra sociedad occidental.

Las nuevas tecnologías nos proporcionan capacidad infinita para interactuar de forma público - privada y propiciar modelos sostenibles

Dejando atrás la sala del Sultán y refugiándonos a la sombra fresca, le mostraba el boletín nº 331 “Cuestión de Europa” que edita la Robert Schuman Foundation donde   Antoine Frérot, Director General de Veolia Environment, empresa líder internacional en gestión de recursos y recuperación energética, indicaba que la economía circular es un pilar fundamental para Europa en la eficacia de los recursos y como motor del crecimiento europeo, y reflexionando con el brazos cruzados, el Dr. Molina me apostillaba que cree que es necesario cambiar el modelo y de paradigma, si nos atenemos a los datos actuales de generación energética (http://www.iea.org/bookshop/477-WorldEnergyOutlook2014), el abastecimiento mundial de energía puede tener serios problemas.

Asimismo le mostraba las 12 recomendaciones que Veolia realizó basadas en la experiencia sobre el terreno de 19.000 trabajadores, y sobre el Agua, como recurso esencial, indicaba que “era necesario la aplicación concreta del principio de recuperación sostenible de costes, propugnada por la Directiva Marco del Agua (DMA), garantizando el mejor acceso al agua y al saneamiento, y cerrar la brecha entre nuevas infraestructuras e inversión”, por lo que le planteaba si podremos concienciar a los ciudadanos ante la necesidad de depuración de las aguas. El profesor me espetó que la historia nos enseña que el ser humano tiene gran capacidad de adaptación, así algunos estudios demuestran que el 70 % de la población de países como Canadá, Suiza, Noruega o Austria tiene conciencia ambiental, también motivado por unos niveles más altos de estudios, pero aún así el 25% de las personas con nivel de escolaridad inferior a secundaria demostró preocupación por el tema medioambiental, según el Programa Internacional de Encuestas Sociales de la OCDE. ¿Dónde está el gran reto? En que las administraciones hagan partícipes a los ciudadanos siendo parte activa en la conservación del medio natural y ambiental, con políticas de concienciación que demuestren la necesidad de la depuración de nuestras aguas residuales.

Contemplando la vista de Granada desde el mirador Romántico en el Palacio de Verano de la ciudad nazarí, le refresco la memoria a mi interlocutor, y pongo en mis labios las palabras de Mª Ángeles Ferre, subdirectora general de Colaboración Público – Privada, del Mº de Economía y Competitividad, subrayando que “era esencial una colaboración encaminada a la innovación y al fomento de redes de Participación Público-Privadas (PPP) en torno a la Economía circular que provoquen la reducción de los recursos agua, suelo, energía”, y como si fuera un senador respondió ipso facto “todos los caminos conducen a Roma”, pues habrá que tomar los caminos que consigan optimizar nuestros escasos recursos, y esos caminos serán bienvenidos para aquellos que pensamos que hay otras maneras de hacer las cosas, y sobre cómo concienciar a las generaciones venideras. Y en seguida me recomendó la película “Interestelar”, donde reflexiona sobre el modo de vida tradicional y si continúa dicho modelo clásico, conllevará consecuencias en las distintas dimensiones del ser humano. Y sentenció: “las nuevas tecnologías nos proporcionan capacidad infinita para interactuar de forma público - privada y propiciar modelos sostenibles”.

Divisando ya a lo lejos el Patio de Los Leones, le pido al Dr. Molina  incidir sobre el estado de la depuración de aguas residuales, y le cito el VII Informe de la CE, que indica que hemos pasado del 77% al 91% en cuanto al tratamiento de las cargas contaminantes de las aguas de las grandes ciudades de la UE, u a pesar de que la inversión de la UE desde 2007 a 2013 ha sido de 14.300 millones de €, sólo 15 de las 27 capitales de la UE disponían de colecta y tratamiento de las AA.RR, y le indico que las normas fueron establecidas hace 20 años, sentenciando que este dato indica que no avanzamos en la velocidad adecuada, asumiendo sanciones económicas inclusive, y olvidándonos de las externalidades negativas y que estamos “despreciando” un recurso que se podría reutilizar de forma periódica y cíclica.

 Mientras que nos dirigimos a la salida, le pregunto al profesor Molina  desde su atalaya universitaria y dada su dilatada experiencia en España y fuera de nuestras fronteras, si es una utopía aspirar a que la mentalidad de nuestros gobernantes gire 360º y el manido concepto de “desarrollo sostenible” se asiente en una economía circular. Y mirándome a los ojos me espetó que “muchos hombres y mujeres en la historia de la Humanidad  han tenido pensamientos utópicos, va en el ADN del ser humano, y termina dándole forma a  nuestra personalidad. Me considero persona positiva, y a pesar de los desequilibrios que arroja nuestro planeta (la concentración de CO2 mundial ha alcanzado en marzo de 2015 un nuevo récord de 400 ppm, según anunció la Agencia del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos, NOAA, por primera vez), y tras leer el Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas (que recomiendo), creo que no se producirá el cambio urgente a corto plazo”. Existen por tanto contradicciones a resolver, por qué no cuidamos donde vivimos, por qué actuamos de manera fagocitadora con los recursos que disponemos y que sabemos que son escasos, como el agua. Y aunque los gobernantes tienen su responsabilidad, los ciudadanos en su conjunto deberían de pensar globalmente y actuar localmente. La sostenibilidad deberá ser el eje transversal sobre la que orbite una incipiente economía circular. Así terminamos nuestro paseo  granadino, con un sabor amargo en los labios pero con la esperanza férrea en el futuro.

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