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El futuro de las ciudades (I)

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  • futuro ciudades (I)
    Masdar city, ciudad en el desierto de Abu Dhabi, EAU, propuesta de Foster + Partners.

Sobre el blog

Juan José Argudo García
Jefe de Servicio y Coordinador de Zonas en Sociedad Mixta del Agua-Jaén, S.A. Empresa mixta de Diputación Provincial de Jaén y Acciona Agua. Ingeniero de Recursos Energéticos y Máster en Ingeniería de Materiales y Construcción Sostenible.
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Como indicábamos al final del artículo anterior, vamos a iniciar una peregrinación por el futuro, que comenzará en un presente y quizás regresemos de forma puntual al pasado, para conocer cómo se fundaron las primeras ciudades, y cómo deberán ser en un futuro próximo que está a la vuelta de la puerta.

Para ello nos apoyaremos en urbanistas, arquitectos, ingenieros, ecologistas, y demás especialistas que nos pongan el dardo en el centro de la diana, y como comentaba en un artículo sobre las herramientas para una gestión eficaz del agua, incidiendo en el cálculo y minoración de la huella hídrica a la hora de producir alimentos o ropa, por ejemplo, en base a lo argumentado por el profesor Arjen Hoesktra, de la Universidad de Twente, en los Países Bajos, creador del concepto de WATER FOOTPRINT, y como otro pilar básico, la economía circular, debido a que si queremos hacer un uso responsable del agua, y sobre todo a la hora de producirla y gestionarla, deberíamos introducir con calzador este concepto en cada uno de los procesos que engloban la gestión del Ciclo Integral del Agua, desde la captación de la misma en las fuentes naturales hasta la reutilización una vez depurada el agua que usamos, puesto que no podemos pensar que con el mero hecho de depurar las aguas residuales estamos cumpliendo con este precepto (es lo que se debería exigir por todos en todos los casos, sin excepción) que debe de estar en la mesa de los ingenieros que diseñan una bomba, que planifican una Estación de Tratamiento de Agua Potable, cómo afecta un nuevo depósito regulador de una ciudad o cómo podemos reutilizar los residuos que generamos en el proceso de mantenimiento y conservación de Estaciones de tratamiento o depuración y/o las redes de abastecimiento o alcantarillado, convirtiéndolos en nutrientes tecnológicos, en lugar de mero desecho que no tiene ningún valor, haciendo una auténtica valorización de los mismos que pongan en valor aquello que eliminamos sin darle una nueva vida. Es la suma de estas herramientas, huella hídrica, economía circular y nutrientes tecnológicos y otras que iremos desgranando, lo que nos permitirá hacer de nuestras ciudades un lugar donde los habitantes quieran vivir y donde probablemente siendo más felices vivan más sanos durante más años.

Y para centrar el tema nos remontamos al año 1925, cuando a un joven arquitecto francosuizo pionero de la arquitectura moderna, de menos de 40 años llamado Charles-Edouard Jeanneret Gris, más conocido por LE CORBUSIER, el seudónimo que adoptó unos cinco años antes, le plantearon la siguiente cuestión ¿Cómo mejoraría la vida de los ciudadanos de la RIVE DROITE parisina? A lo que contestó: “Derribaría las viviendas, estatuas y calles de buena parte, y construiría 18 torres acristaladas de 200 metros de altura iguales, separadas unos 400 metros entre sí, divididas por extensiones de césped para los peatones y autopistas elevadas para los coches”, y sentenciaba cuando arreciaban las críticas: “el progreso se alcanza por la vía de la experimentación, la cuestión se dirimirá en el campo de batalla de lo «nuevo»”.

Porque en la experimentación de lo nuevo, en la búsqueda de nuevas soluciones, llegaremos a la difícil resolución de la ecuación planteada. Máxime en un momento en que todos los presagios apuntan a que en el año 2050 la población de la Tierra estará en una horquilla entre 9.800 y 10.000 millones de habitantes, con un 70% de los mismos habitando en las ciudades. En base a cómo hagamos y construyamos nuestras ciudades ahora y dentro de 30 años, podremos garantizar los suministros básicos como el agua, energía, alimentos, etc.  

Por ello vamos a iniciar esta peregrinación hacia lo más innovador, hacia las soluciones que plantean verdaderos visionarios como Le Corbusier, en un siglo XXI atenazado con verdaderas contradicciones y dilemas como el cambio climático, las migraciones, las guerras por el agua y materias primas, las guerras por ideas religiosas, las huidas hacia zonas menos afectadas por los desastres naturales, aumento de sequías e inundaciones no experimentadas en cientos de años, y cuando, finalmente todos tengamos que remar en la misma dirección, puede que sea demasiado tarde.

En el mismo artículo comentado con anterioridad, citaba un documental realizado por el cineasta británico Peter Weber y documentado y dirigido por Sthepen Emmot, catedrático en Oxford y director del Microsoft Research de la Universidad de Cambridge, titulado “ten billions” (Oxford Productions) donde se planteaba si era sostenible un mundo donde un crecimiento demográfico tan incontrolado y donde el 70% del agua que se produce a nivel mundial, se dedica aún hoy día a la agricultura. Queda mucha tarea para voltear esta situación que casi en el año 2020 no tiene sentido que una modernización y mejora de los sistemas productivos no provoque un aminoramiento de las necesidades hídricas. Y aquí vendría ideal aplicar en todas las plantaciones del mundo el concepto riguroso y ecuánime de la HUELLA HÍDRICA, para testar de primera mano y auditar cómo este sector productivo aún tiene un camino largo que recorrer para alcanzar cotas de rendimientos deseables y ahorros hídricos que se podrían dedicar a otros usos.

Para poner negro sobre blanco cuáles serían las medidas y/o principios que regirían las ciudades del futuro presente, National Geographic pidió consejo al despacho de arquitectura SOM (Skidmore, Owings y Merrill), autores de obras como la UN World Trade Center de Nueva York, de 541 m de altura o de la BURJ KHALIFA, el edificio más alto del mundo con 828 m de altura, no dudaron en plasmar sus ideas que resumimos brevemente y que iremos detallando en futuros artículos.     

  1. Urbanizar por ecología.
  2. Protección de las fuentes de agua, en cuanto a la captación, tratamiento y reutilización.
  3. Usar el mayor porcentaje de energía renovable.
  4. Construir ciudades más densas.
  5. Hacer que los residuos sean recursos utilizables.
  6. Producir alimentos de forma local y sostenible.
  7. Los trenes de alta velocidad provocan una alta movilidad y mejoran la vida de las personas.
  8. Aumentar la cultura y el patrimonio de población diversa con ayudas públicas.
  9. Apostar por un incremento de la economía online y automatizada.

Aquí tenemos ya unos serios principios por donde apuntar nuestras flechas porque todo está íntimamente relacionado con la gestión de los recursos básicos, la energía, el suministro de agua, la minimización de las emisiones de carbono, el empleo de energías alternativas, conceptos como el de gentrificación, densificación, etc. nos vienen a poner de relieve que ciudades como Detroit y Copenhague, con similar población, tienen una superficie muy distinta, siendo la primera de 370 km2 y la segunda de unos 88,25 km2, es decir, unas 4 veces menos, provocando que el consumo de combustible de los vehículos o de los transportes públicos sea mucho mayor, así como las emisiones de CO2, por poner un ejemplo.

Afianzaremos estos conceptos en próximos artículos para desentrañar los verdaderos desafíos que tienen las ciudades del futuro próximo. Los desafíos que tenemos todos los que habitamos en este mundo. Los desafíos que la naturaleza nos presenta de forma continua y a veces, de forma muy imprevisible, o quizás no tanto. Veremos.  Aunque hay una voz acreditada de la Universidad de Harvard, Steven Pinker, que en su libro publicado el año pasado, “En defensa de la Ilustración. Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso” defiende que viviremos más años, cuando la salud nos acompaña, siendo más felices. La solución de los problemas los encontramos en el ideal de la Ilustración:  El uso de la razón y la ciencia. El psicólogo cognitivista evalúa la condición humana en el tercer milenio y nos insta a ver con otra perspectiva los titulares alarmistas y diversas profecías. En el título del libro encontramos las respuestas y herramientas que necesitamos para afrontar los problemas y continuar con el progreso, en todo el mundo.

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