Connecting Waterpeople
Acciona Agua

Renacimiento, agua y vida

3
165
  • Renacimiento, agua y vida
    Fuente de Santa María, en Baeza.

Sobre el blog

Juan José Argudo García
Jefe de Servicio y Coordinador de Zonas en Sociedad Mixta del Agua-Jaén, S.A. Empresa mixta de Diputación Provincial de Jaén y Acciona Agua. Ingeniero de Recursos Energéticos y Máster en Ingeniería de Materiales y Construcción Sostenible.
· 165
3

Después de décadas de oscuridad, Italia devolvió la Luz al mundo, un mundo que emergió de la peste negra, y que aportó espectáculo, innovación y técnica, con el aporte de nuevas ideas de las mentes más brillantes de la Historia. Obras artísticas, arquitectónicas y de ingeniería más importantes nacieron en un momento irrepetible de la historia, denominado Renacimiento.

Cuando cae el imperio romano en el año 476 d.C., desaparece la dominación de los emperadores, y Europa es dominada durante siglos por reyes alemanes del nombrado Sacro Imperio Romano Germánico. Así en el siglo XII, las repúblicas italianas tratan de recuperar su gloria mediante la revitalización de Europa, y dibujarán los planos del mundo occidental moderno. Así nos lo cuenta Peter Weller, en el documental “La era de los arquitectos. Constructores de un imperio”, con un Máster en la Universidad de Siracusa en Arte del Renacimiento Italiano, tan abrumador como bello, en la época de más impacto del segundo Milenio, a través de los inventos, con Leonardo da Vinci, Galileo, Gutemberg y su imprenta, Copérnico,… donde vivimos en una época de culto a la personalidad donde el artesano es el artista desconocido y el constructor sin nombre se convierte en el arquitecto.


Fotografía 1. Palazzo Vecchio. Florencia ©Fotografía del autor.

Del siglo XII al siglo XVI surgen en las ciudades estado italianas unos nuevos líderes como son los Mercaderes, que no son nobles y no pertenecen a la aristocracia, pero su poder económico los hace ser imprescindibles en el nuevo resurgir italiano. Entre ellos los Médicis en Florencia, que pasan de dirigir bancos o negocios a gobernar ciudades, alcanzar el poder y adquirir arte y arquitectura. En estos siglos la ciudad es la base del Renacimiento y entre ellas, encontramos a Siena, donde acudió mucha gente, y tal y como pasaba en Roma, Pompeya, Cartago, los persas o los mayas, la clave estaba en el AGUA.

El abastecimiento a Siena, fue realizado mediante una red de acueductos desde fuera de la ciudad, denominados “bottini”, que disponían de pozos de registro para el mantenimiento y conservación y de ventilación y para la entrada de luz al interior. Con una precisión exacta para que no se produjera un desbordamiento del acueducto y tampoco que se detuviera el agua, los bottini fueron unas obras clave para el crecimiento de las ciudades italianas.

A pesar de ello, la ingeniería hidráulica no evitó una de las mayores catástrofes del mundo en 1347, la peste negra, que ya hemos comentado. Así Giovanni Bocaccio, escribió que “podías comer con tus amigos y cenar con tus ancestros en el cielo”, debido a que fue testigo presencial de la peste. Siena perdió el 60% de su población en unos meses, y ya no recuperaría la posición que tuvo en la Italia moderna. Siena perdió su lugar por la peste, y ahí devino el surgimiento de Florencia.

En la Italia renacentista del siglo XV comienza una nueva actitud humanista del conocimiento científico de los molinos y su mejora para prestar servicio a los hombres. Los primeros son los ingenieros militares instruidos como Taccola, Francesco di Giorgio Martini y el propio Leonardo da Vinci se interesan por los molinos y los describen y los dibujan, así como realizan innovaciones. Jerónimo Cardano (1501-1576) en su obra De rerum varietate indica que en su época los molinos de viento eran conocidos en el norte de  Italia, el Milanesado y otras regiones italianas. Aunque un conocimiento más profundo sobre los molinos lo encontramos en el español Jerónimo Grava, matemático de Carlos V, ingeniero hidráulico escribió un tratado “Declaración del uso y fábrica de instrumentos de agua, molinos y otras cosas”, un humanista español que se ocupó de los molinos.

Otro ingeniero español nacido en Monzón (Huesca) que se dedicó a estudiar y diseñar artefactos hidráulicos fue Pedro Juan de Lastanosa, que escribió la obra “Veintiún libros de los Ingenios y las Máquinas” publicado sobre el 1589, atribuido erróneamente mucho tiempo a Juanelo Turriano. Lastanosa también se estudió cómo resolver el problema del abastecimiento de aguas a la ciudad de Nápoles, que recogió en un documento titulado “Discurso de las Aguas del Selino”. Fue inspector del Canal Imperial de Aragón, en el momento en que los maestros constructores del agua gozaron de la mayor consideración social en las coronas de Aragón y Castilla. Dijo que “el agua es uno de los cuatro elementos que Dios ha creado para beneficio de los hombres y sin ésto no se puede sustentar nada” e insiste en las capacidades energéticas del agua como “combustible” que mueve las industrias harineras tan básicas para las ciudades. Y con las aguas perdidas serían un singular aparejo para el ejercicio de hacer paños, cueros y tinturas, que no pocas riquezas acarrean a las ciudades.

Y para finalizar solo hacer mención a que el Renacimiento también supo encuadrar el agua en programas estéticos públicos y privados. En las plazas se situaban las fuentes como centro rector. Como ejemplo podemos citar la Fuente en Sesa de los Tres Caños, la del Vivero en Barbastro o el Pilar de Carlos V en la Alhambra de Granada. La Fuente de Santa María en Baeza sirve para ilustrar el efecto perseguido por Ginés Martínez en 1564, al situarla en la plaza del mismo nombre entre el seminario y la Catedral.


Imagen 1. Fuente de Santa María en Baeza. 1564. Ginés Martínez. Fuente Baeza turismo.

Comentarios