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Sobre el blog

Juan José Salas
MÉDICO DEL AGUA y DOCTOR EN QUÍMICA. 40 años de experiencia en el tratamiento de las aguas residuales, especialmente de los vertidos generados en las pequeñas aglomeraciones urbanas. En la actualidad: Jubilado pero Activo (JpA)

Me apresuro, estimado lector, a aclararle que este post carece de cualquier relación con la política nacional, aunque debo reconocer que el título da juego, de sobras, para ello.

En realidad el título viene a colación de una noticia, muy comentada en fechas recientes, y que tiene que ver con el celo con el que el Presidente de todas las Rusias protege sus cacas de la curiosidad ajena, especialmente de la occidental.

Para ello, según la fuente de la noticia (la prestigiosa revista Paris Match), el Presidente viaja acompañado de su propio váter, equipado con un juego de bolsas (más o menos numeroso según la duración de su estancia en el país extranjero), y que se emplean para guardar celosamente sus excrementos. Posteriormente, estas bolsas se remiten a Rusia para su destrucción controlada y total.

El objetivo de este escatológico proceder se centra en evitar, a toda costa, que las cacas del Presidente caigan en manos extranjeras, que puedan determinar, a través del análisis de las mismas, su verdadero estado de salud. En definitiva, las cacas de este Presidente son uno de los secretos de estado mejor guardados del mundo.

Según las mismas fuentes, esta cautela fecal estaría plenamente justificada, pues ya en el año 1964 agentes del servicio secreto danés se hicieron con las cacas del líder soviético Nikita Jrushchov, con fines aviesos, en el transcurso de su visita a Dinamarca.

Remontándonos más en el pasado, en el año 1949, en una visita del líder chino Mao Zedong a su homólogo Joseph Stalin, durante los diez días que duró la misma, los servicios de inteligencia rusos se las idearon para derivar las tuberías de saneamiento de la residencia oficial del líder chino, y poder hacerse con sus heces para su posterior análisis. A este respecto, y según las mismas fuentes, un antiguo miembro del KGB habría llegado a afirmar que la policía secreta de Stalin disponía de un laboratorio de alto secreto, destinado únicamente al análisis de cacas humanas.

Ante esto cabe preguntarse si la expresión cloacas del estado, no tendrá su verdadero origen en esta curiosa rama de la fontanería.

Hasta aquí la jocosa noticia, que en este caluroso estío que estamos padeciendo, me suscita los siguientes comentarios:

  • Una vez más, se pone claramente de manifiesto que el análisis de las cacas en busca de información sobre el estado de la salud de su productor es un tema que viene de lejos. Por ello, no deja de sorprenderme el revuelo que se ha originado con el masivo análisis de las aguas residuales (al fin al cabo cacas diluidas) en busca de restos del virus SARS-CoV-2. Pareciera que hubiésemos descubierto la pólvora, cuando esta práctica, de usar las heces como fuente de información, tiene un origen muy antiguo. ¡Nada nuevo bajo el sol!
  • En un post anterior he comentado los conceptos cacafilia y cacafobia, manejados con soltura por el profesor Funamizu, de la Universidad de Okkaido (Japón), quien mantiene que desde tiempos remotos en el mundo oriental las cacas se ven con mucha naturalidad (cacafilia), mientras que nosotros, los occidentales, nos dejábamos llevar por los prejuicios de la cacafobia. Después de leer la noticia sobre las cacas del Presidente, constato que la cacafilia va ganando adeptos entre los occidentales. ¡Cosas de la globalización!
  • Para finalizar, me surge una duda sobre si la forma de actuar de los servicios secretos rusos, para preservar el secreto de estado, no incurre claramente en un delito tributario de evasión fecal, pues a mi juicio, las cacas que se generan en un país deben tratarse (tributar) en este país, y más aún ahora, cuando las cacas están dejando de verse como un residuo, para ser una importante fuente de recursos. Para hablar sobre este posible delito de evasión fecal, el Médico del Agua ha intentado ponerse en contacto, en repetidas ocasiones, con el responsable de la recogida, custodia y destrucción de las cacas del Sr. Presidente, el general Popov, pero sin éxito por el momento, dadas sus múltiples e inconfesables ocupaciones.

Podríamos pues concluir este post afirmando que: si la cara es el espejo del alma, la caca es el espejo del cuerpo en su conjunto.

P.D.1. En este enlace se puede ver un vídeo ilustrativo sobre el funcionamiento de un váter similar al del Sr. Presidente.

P.D.2. Estimado lector, este post no es más que una licencia literaria que me suelo permitir en el periodo estival, y que si ha conseguido arrancarle alguna sonrisa, habrá cumplido con creces su cometido.