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Depuración de aguas residuales y solidaridad intermunicipal

Sobre el blog

Juan Mateo Horrach Torrens
Ingeniero Industrial por la ETSEIB, UPC. M.B.A. por IESE. Ingeniero Industrial del Servicio de Residuos del Consell de Mallorca en excedencia. Consultor profesional independiente en ciclo del agua, residuos y energía.
  • Depuración aguas residuales y solidaridad intermunicipal

En este artículo queremos poner de manifiesto la importancia y necesidad de que los municipios grandes y con amplias zonas urbanas contribuyan al saneamiento de las aguas residuales de los municipios pequeños, porque esta contribución al final redunda en beneficios para todos.

En Baleares, hace tiempo que se practica esta solidaridad. Cuando se aprobó el canon de saneamiento en 1991, con la aprobación de la Llei 9/91, reguladora del canon de saneamiento de aguas, se inició un proceso de contribución de los municipios grandes a los pequeños. Fue una idea innovadora, y aunque podría discutirse la idoneidad de los coeficientes aplicados a los distintos sujetos pasivos, es un hecho incontrovertible que supuso un paso decisivo para la mejora del tratamiento de las aguas residuales en Baleares, y permitió situar a nuestra comunidad en una posición preeminente en esta materia. El canon se recauda en función de la facturación de los consumos de agua potable, llevados a cabo por particulares y empresas. Es decir, que la recaudación depende del consumo de agua y no del coste de depuración, que varía enormemente entre municipios, tanto en términos absolutos, como en términos relativos (coste por metro cúbico depurado). El canon de saneamiento ha seguido básicamente igual desde 1992, con una excepción conceptualmente muy importante: el canon ha dejado de ser finalista desde 2013, por modificación de la ley 9/1991 en la ley de presupuestos, en la que se aprovechó además para aplicarle una sustancial subida. No vamos a reiterar la necesidad de revisar la figura del canon actual, ya repetidamente argumentado en esta tribuna, sino que nos centraremos en los motivos que justifican esa solidaridad.

En tratamiento de aguas residuales, las economías de escala tienen mucha importancia. Los costes unitarios por m3 descienden de forma importante a medida que aumentamos la capacidad de tratamiento de las plantas. Por lo tanto, ahí tenemos un primer factor a tener en cuenta. Una depuradora para un municipio de 2.000 habitantes, sea de la tecnología que sea, supone un coste final por m3 muy superior a una depuradora para 200.000 habitantes.

En materia de depuración, tanto o más importante que la construcción de la planta y la tecnología de tratamiento, es el mantenimiento y explotación de la misma a lo largo de su vida útil

Acabamos de citar la tecnología. Y surge de nuevo una diferencia importante. Las tecnologías utilizadas en las grandes plantas de tratamiento no pueden escalarse a voluntad. Necesitan una dimensión mínima para poder ser aplicadas. Ello hace que, para municipios pequeños, no podamos aplicar dicha tecnología, y tengamos que recurrir a otras alternativas de tratamiento, normalmente más extensivas en superficie y menos intensivas en tecnología. En unas islas como las Baleares, en las que el territorio es un recurso escaso, el resultado final es un encarecimiento del coste final, que penaliza de nuevo a los pequeños municipios.

En materia de depuración, tanto o más importante que la construcción de la planta y la tecnología de tratamiento, es el mantenimiento y explotación de la misma a lo largo de su vida útil. El mejor diseño no nos sirve de nada si luego llevamos a cabo una explotación y un mantenimiento deficientes. Sin embargo, para conseguir buenos resultados, se requieren medios materiales y humanos, de los que la mayor parte de municipios medianos y pequeños carecen. Para ello, en buena parte, se creó el IBASAN, ahora integrado en ABAQUA, Agencia Balear del agua. Para disponer de equipos técnicos y recursos económicos que permitieran este elevado nivel de mantenimiento. Sin embargo, incluso así, las depuradoras más pequeñas han adolecido de la dedicación necesaria para alcanzar unos resultados buenos, si bien hay que señalar que recientemente se han firmado nuevos contratos de explotación y mantenimiento que tienen potencial para corregir, por lo menos en parte, esta situación.

Sin embargo, no podemos olvidar que el objetivo final es alcanzar un buen resultado tanto en términos globales de Comunidad, como en términos locales, municipio a municipio. Y ello es así por varias razones. En primer lugar, porque es nuestra obligación. Debemos cumplir con las normativas vigentes, que exigen niveles de tratamiento elevados y consecuentes con una sociedad avanzada del siglo XXI. También, porque la población ya ha dejado muy claro en reiteradas consultas, que uno de los temas que más le preocupa es la calidad ambiental del entorno, y ello pasa por una buena depuración de aguas, tanto en las grandes poblaciones como en los núcleos pequeños. La calidad global no se obtiene si no es con calidad municipio a municipio, puesto que la contaminación no entiende de términos municipales, y puede trasladarse de un lugar a otro a través de los acuíferos, torrentes o incluso una vez llega al mar. En consecuencia, si queremos asegurar un buen nivel de saneamiento en nuestra comunidad, tenemos que actuar en cada municipio y núcleo que genera aguas residuales.

En municipios pequeños, tenemos que recurrir a otras alternativas de tratamiento, normalmente más extensivas en superficie y menos intensivas en tecnología

Finalmente, no podemos olvidar cual es nuestra principal actividad económica. Nuestro presente y nuestro futuro dependen de un buen estado ecológico de nuestro territorio. Si lo que queremos es cambiar el modelo actual de masificación en muchos de los destinos turísticos de nuestras islas, por un modelo menos intensivo en visitantes, con mayor nivel de renta disponible, no podemos prescindir de la calidad ambiental en municipios pequeños, que constituyen parte fundamental de nuestro atractivo, y pueden condicionar los resultados de otros municipios mayores.

Todo ello exige una planificación global del saneamiento de nuestra comunidad, que a día de hoy no se ha materializado, un buen análisis de las tecnologías aplicables a cada tipología de proyecto, en función de diversos parámetros de partida, como la población a tratar, las actividades económicas, la dispersión, la estacionalidad, el potencial de reutilización del agua depurada, la disponibilidad de terrenos adecuados, y otros, caso a caso. También requiere un buen análisis económico de las necesidades de inversión y mantenimiento de la planta actual y futura, potencial de reubicación para favorecer tamaños de planta más fiables y eficientes, y disponibilidad de recursos para ello. 

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