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La plaga de los emisarios submarinos

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Sobre el blog

Juan Mateo Horrach Torrens
Ingeniero Industrial por la ETSEIB, UPC. M.B.A. por IESE. Postgrado en Inversión y financiación UPM. Ingeniero Industrial del Servicio de Residuos del Consell de Mallorca en excedencia. Ingeniero consultor.
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Recientemente se ha revelado que la fiscalía de Medio Ambiente de las islas Baleares inició una investigación a partir de la denuncia de un particular sobre los vertidos continuados en la bahía de Palma de Mallorca, fundamentalmente procedentes del emisario submarino que vierte las aguas de la depuradora de Palma.

En este blog nos hemos hecho eco en reiteradas ocasiones del problema, que consideramos de gran trascendencia ecológica.

Varios vídeos, entre ellos los editados por la entidad Mallorca Blue, ponen de manifiesto con toda su crudeza la baja calidad del agua de salida, así como el impacto sobre el suelo marino de la Bahía. Mallorca Blue cifra en 600 hectáreas la pradera de posidonia afectada. Literalmente, se está matando la vida marina de la bahía. En la foto de “El Mundo” que acompaña este artículo vemos una muestra de ello.

La bahía de Palma es un enclave fundamental en el conjunto de Mallorca. Acoge una parte importante de las plazas turísticas de la isla, con largas playas de arena, así como calas y zonas rocosas de gran atractivo. También constituye un campo de regatas excepcional, mundialmente reconocido.

El puerto de Palma, entrada de más del 90% de las mercancías que llegan a la isla, así como diversos puertos deportivos de primer nivel, están integrados en la bahía.

La depuradora de Palma tiene más de 40 años de antigüedad. Una segunda depuradora, conectada con esta, fue construida hace 10 años, complementando la capacidad de tratamiento del agua utilizada por más de 400.000 personas residentes, que se multiplican por más de 2,5 en verano, hasta superar el millón.

El agua tratada, es un decir, se vierte en su mayor parte al mar a través de emisario submarino, que desemboca en el centro de la bahía.

Está pendiente desde hace unos años la remodelación total de la planta, a través de un proyecto de interés general del Estado.

Esta es la excusa empleada por los sucesivos gestores y políticos responsables de la empresa municipal, Emaya, titular de las plantas, y ahora argumentada por las personas afectadas por la investigación. Y decimos excusa porque para nosotros no es argumento suficiente para tener a media Mallorca contaminada. Pero de este tema, hablaremos otro día.

La realidad es que este desastre ambiental, de proporciones importantes para Mallorca, es el claro exponente de nuestra tesis principal: los emisarios como solución a la evacuación de las aguas residuales tratadas son cosa del pasado, y no deberían figurar en el catálogo de soluciones del futuro.

La economía circular ha entrado de lleno en nuestro mundo. Es una cuestión capital para el futuro de nuestro bienestar y el de nuestro planeta cambiar la filosofía de producción, basada en esquemas del siglo XX, que han permitido una importante evolución del bienestar en términos globales, pero partiendo de una hipótesis que ya no es válida: que los recursos materiales eran infinitos, y por tanto, los esquemas productivos no tenían entre sus prioridades la eficiencia en el uso de los mismos. Nos conformábamos con ser eficaces, y obtener aquellos productos que necesitábamos en la cantidad precisa. Pero el mundo en general, y la ingeniería en particular, no puede quedarse estática, pensando que ya tenemos unos procesos avanzados y no hay que preocuparse. Es nuestra obligación buscar las mejores técnicas disponibles para la solución de los problemas ante los que nos enfrentamos.

Con el agua, pasa algo similar. Nos hemos conformado con tener agua potable en calidad y en cantidad, a un precio asequible, para poder utilizarla en todos sus usos. Exigimos un precio bajo, muchas veces demasiado bajo, para que podamos utilizarla de forma extensiva, innecesaria, sin preocuparnos por ello. Una vez usada, el destino final nos interesa en tanto en cuanto no provoque alteraciones de nuestro bienestar, y en el mejor de los casos, no suponga un impacto significativo en el medio natural. Y esta es una filosofía caduca, que debe revertirse para alcanzar nuevas metas en términos de eficiencia, manteniendo la eficacia precisa.

Nos hemos conformado con tener agua potable en calidad y en cantidad, a un precio asequible, para poder utilizarla en todos sus usos

Los emisarios submarinos eran ideales para esta visión pasada. Al remitir el agua usada al mar, o a los ríos, nos deshacemos de ella sin apenas efecto visible. Ello permite cubrir eventuales defectos de tratamiento del agua residual, que en el caso de tener que evacuar el agua tratada por otros sistemas, como vertido al terreno o a un torrente, difícilmente podría disimularse. Además, al ser el mar una enorme masa de agua, el proceso de dilución hace que todo quede difuminado hasta desaparecer. O eso se pensaba, porque a la vista está que no es así.

Estamos en un mundo en el que los recursos empiezan a escasear, mientras que la demanda aumenta, debido al aumento de población y de demanda de bienestar.

El agua es un bien que se presta especialmente para aplicar esta nueva filosofía de la economía circular, que pretende convertir los residuos de un proceso en recursos que se puedan aprovechar de nuevo, evitando el consumo primario de recursos naturales.

El agua usada puede tratarse de muchas formas. Disponemos de conocimiento, tecnología y experiencia para aplicar tratamientos de forma eficiente que permitan la reutilización del agua depurada en múltiples usos. Regadío, ambiental, urbano, industrial, y hasta consumo humano si es preciso, que presentan grandes necesidades que actualmente o no se satisfacen, o se satisfacen utilizando agua potable, cada vez más escasa y costosa en términos energéticos y ambientales. Lo que carece de sentido es que la lancemos al mar, habiendo efectuado una parte importante del trabajo y coste que supondría poderla reutilizar.

Consideramos imprescindible que los nuevos proyectos de saneamiento de una zona, municipio o mancomunidad, no incorporen la opción del emisario submarino como sistema de evacuación del agua residual tratada. Asimismo, en las plantas que actualmente están en funcionamiento y disponen de emisarios, se vayan sustituyendo a medida que se proceda a su remodelación.

De esta forma, obligamos a buscar soluciones alternativas que pasan obligatoriamente por la reutilización. Asimismo, obligamos a aplicar técnicas de gestión de plantas de depuración más precisas, con un mayor nivel de calidad y control. Y ello obliga a investigar y desarrollar nuevas tecnologías, nuevas aplicaciones y contribuye a reducir este “gap” que tenemos entre lo que somos como sociedad en su conjunto, y lo que podríamos ser.

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