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Beber agua con sal, ¿otra estupidez humana relacionada con el agua?

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Sobre el blog

Laura F. Zarza
Licenciada en Ciencias Ambientales. Comunicación y Marketing en iAgua. Escritora de fantasía y ficción en el tiempo libre.
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Pese a lo destructivo que puede llegar a ser el ser humano, ya sea consigo mismo, con su entorno o con otras especies, si hay algo que nos preocupa, irónicamente, es nuestro bienestar. Por ello, y es algo que cada vez se da con más frecuencia, buscamos la forma de llevar una vida más sana. La última tendencia es beber agua salada o agua de mar.

Es cierto que el cuerpo humano necesita sal para sobrevivir. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda tomar un máximo de 5 gramos al día, pero no nos equivoquemos, el agua de mar no es lo mismo que un vaso de agua con sal (que tampoco es bueno). El porcentaje medio de sal que existe en los océanos es de 3,5% (35 gramos por cada litro de agua), por lo que si bebiésemos aunque fuese solo un vaso de agua de mar al día (unos 250 ml), estaríamos ingiriendo una cantidad de sal de 8,75 g aproximadamente.

Teniendo en cuenta que la sal está presente en casi todo lo que comemos, bien porque la mayoría de los alimentos procesados o preparados la contienen en cantidades elevadas o bien porque se añade al preparar la comida en casa, añadir uno o varios vasos de agua salada o agua de mar es ingerir cantidades de sal en exceso, pudiendo tener graves consecuencias para el organismo.

Añadir uno o varios vasos de agua salada o agua de mar es ingerir cantidades de sal en exceso, pudiendo tener graves consecuencias para el organismo

El cuerpo humano permite una salinidad de 9 gramos de sal por cada 1000 gramos de fluido (o eso es lo que tengo entendido). Nuestros fluidos se consideran isotónicos (la concentración de soluto es igual fuera y dentro de una célula), mientras que el agua de mar es considerada hipertónica (tiene mayor concentración de soluto en el medio externo). De esta forma, aquellas personas que siguen esta nueva moda de consumir agua de mar bajo la creencia de que esta práctica puede librar al cuerpo de toxinas e incrementar los niveles de energía, la realidad es que nuestras células detectarían una presencia mayor de sal fuera de ella que dentro, e intentaría equilibrarlo mediante el proceso de ósmosis. Esto haría que las células encogiesen su tamaño para producir grandes cantidades de orina, eliminando más agua de la que se ingeriría junto a la sal y, consecuentemente, provocando una deshidratación. Además, el consumo excesivo de sal puede provocar hipertensión (o agravarla) y aumentar considerablemente el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y ACV (accidente cerebrovascular), debido a que las venas se contraerían para mantener la presión arterial y provocando que la sangre deje de llegar al cerebro.

Pese a las consecuencias, beber agua de mar podría ser “factible” en situaciones extremas como periodos de sequía o en casos de naufragio (y tomando las debidas precauciones). Sin embargo, no deja de ser un riesgo elevado. Mejor seguimos bebiendo agua del grifo.

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