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Un compromiso global ante los desafíos del agua

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Sobre el blog

Laura F. Zarza
Licenciada en Ciencias Ambientales. Comunicación y Marketing en iAgua. Escritora de fantasía y ficción en el tiempo libre.
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Global Omnium
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Si bien el cambio climático ya es llamado el desafío de nuestro tiempo, cuyos impactos económicos, sociales y ambientales son cada vez mayores, la gestión del agua es uno de los retos más importantes que debe afrontar el planeta en las próximas décadas. De hecho, según UNISDR, el 90 % de los desastres naturales están relacionados con el agua.

Pese a que hay suficiente agua en el planeta -de momento- para abastecer a los 7.000 millones de personas que lo habitamos, su distribución irregular, la gestión insostenible que hacemos de ella y la incidencia ya citada del cambio climático, hacen que la escasez de agua ya afecte a una de cada cuatro personas. A ello debe sumarse que, según la ONU, tres de cada diez personas carecen de acceso a servicios de agua potable seguros y seis de cada diez carecen de acceso a instalaciones de saneamiento gestionadas de forma segura. Además, el Atlas de Riesgos relacionados con el agua del Water Resources Institute (WRI), señaló que diecisiete países -en los que habita un cuarto de la población mundial- se enfrentan a un estrés hídrico “muy alto”, donde los usos agrícolas, industriales y municipales consumen hasta un 80 % de los recursos de agua superficiales y subterráneas disponibles de media al año.

Ante las cifras, resulta imposible negar ni exagerar la importancia que supone para el futuro de la humanidad la gestión de los recursos hídricos. Y es que el agua se encuentra en el epicentro del desarrollo sostenible. La transversalidad del ODS 6 “Agua limpia y saneamiento” con el resto de Objetivos de Desarrollo Sostenible, principalmente en salud, educación, crecimiento económico y medioambiente, posicionan al agua como un eje fundamental también para el desarrollo socioeconómico de las diferentes regiones del planeta. Y así como para el desarrollo humano, el agua y el cambio climático ya no pueden tratarse por separado, el compromiso no solo debe ser a nivel local; debe traspasar fronteras y abordarlo de manera conjunta a nivel mundial.

Resulta imposible negar ni exagerar la importancia que supone para el futuro de la humanidad la gestión de los recursos hídricos

El uso y consumo de agua creció a un ritmo dos veces superior al de la tasa de crecimiento de la población, y se estima que la demanda mundial de agua (en términos de extracción) aumente cerca de un 55 % para 2050. Por ello, garantizar la seguridad hídrica que demanda la población mundial pasa por una reflexión conjunta sobre estrategias de sostenibilidad, teniendo en cuenta los recursos y condiciones de cada uno de los países, y donde la cooperación entre los mismos también es clave. Una buena gestión del agua, especialmente en las ciudades, es compleja y requiere una coordinación entre sectores y diferentes autoridades locales que encaminen las estrategias hacia un uso más sostenible y equitativo de los recursos hídricos. Entre ellas, las nuevas tecnologías y la digitalización ofrecen un amplio abanico de oportunidades para hacer frente a las posibles oleadas de crisis hídricas en forma de escasez o agua contaminada que, desde hace año, no dejan de sucederse.

En este sentido, los gobiernos, las administraciones públicas y las empresas deben comprometerse a caminar hacia la transición a un modelo de economía circular, en el que el agua se utilice tantas veces como sea posible recurriendo a otras fuentes, como la desalinización y la reutilización; en el que se manejen diferentes calidades de agua para diferentes usos -industrial, agrícola o urbano- según se ajusten a los parámetros establecidos por la legislación; y donde se puedan recuperar recursos a partir de las aguas residuales en la medida de lo posible. Sin embargo, según el grupo de trabajo ‘Agua y economía circular’ de la Fundación CONAMA, esta transformación del modelo de gestión del agua conlleva también una serie de problemas: la dificultad para acceder a la financiación tanto a la hora de implantar los proyectos como su viabilidad a largo plazo; la necesidad de replantear y revisar los marcos normativos; y la desconfianza y la aceptación social de los avances en esta materia.

Si la finalidad de la economía circular es “hacer más con menos”, la de las nuevas tecnologías es “hacerlo mejor”

Y en este cambio de paradigma entran las nuevas tecnologías, claves no solo en el éxito de la economía circular en sector del agua, sino también en la optimización del uso del agua en otros sectores. La revolución digital es ya una realidad tan innegable y tangible como el cambio el climático, que pone al alcance de nuestras manos las herramientas necesarias para que el sector gestione el agua de la manera más eficiente posible. Tecnologías de la Información (TIC), big data, Internet de las cosas (IoT), machine learning, gemelos digitales o la inteligencia artificial, son algunas de las herramientas que permiten tener datos que antes no podíamos sacar, procesar toda la información a una velocidad impensable y mejorar los procesos productivos (y predictivos) como nunca hubiéramos imaginado.

Y, es que, si la finalidad de la economía circular es “hacer más con menos”, la de las nuevas tecnologías es “hacerlo mejor”. Con esa visión, tanto el sector público como el privado deben apostar por la innovación, de tal forma que, a lo largo de toda la gestión del ciclo integral del agua, el beneficio ambiental y económico sea máximo. Dos aspectos que, en consonancia, repercuten a nivel social.

En definitiva, la seguridad hídrica se enfrenta a un desafío sin precedentes. Solo la cooperación entre todas las partes implicadas a nivel local, regional y mundial, demostrará si de verdad estamos preparados para afrontar este nuevo escenario donde el desarrollo sostenible y la adaptación al cambio climático marcan la agenda, y cuánto estamos dispuestos a cambiar los patrones de conducta actuales ante la necesidad de repensar la gestión del agua. ¿Seremos capaces de hacerlo? Solo el tiempo lo dirá; pero no nos queda mucho. 

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