Presentación iAgua Magazine 15

Desertificación y sequía, la otra cara del agua

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  • Desertificación y sequía, otra cara agua
  • La desertificación y la sequía forman parte de los principales retos ambientales a los que nos enfrentamos, pero a menudo desconocemos su magnitud.

Sobre el blog

Laura F. Zarza
Licenciada en Ciencias Ambientales. Comunicación y Marketing en iAgua. Escritora de ficción en el tiempo libre.

Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Sin ser un motivo de celebración, este día sirve para reivindicar y concienciar sobre la importancia del agua, o más bien sobre la otra cara: su ausencia.

Mientras que la desertificación es un proceso de degradación ecológica en el que el suelo fértil pierde su potencial productivo como resultado de la destrucción de la cubierta vegetal, la erosión, la sobreexplotación de acuíferos, la sobreirrigación, la salinización de las tierras o simplemente la falta de agua; por su parte, la sequía es considerada como una anomalía climatológica en la que la disponibilidad de agua está por debajo de lo habitual de una determinada área geográfica, no siendo el agua suficiente para abastecer a los seres vivos de su entorno.

Unos 250 millones de personas sufren directamente los efectos de la sequía y la desertificación

Estrechamente relacionados, unos 250 millones de personas sufren directamente sus efectos, mientras que unos 1000 millones se encuentran en zonas de riesgo repartidas en más de 100 países (ONU). Sus consecuencias no se dan por separado, sino que son una sucesión de efectos negativos que desencadenan en una devastación sobre las personas y sobre el planeta.

Cambio climático: Una realidad que no se quiere ver

Aunque los negacionistas insistan en que no es real, el cambio climático representa una de las mayores amenazas presentes y futuras a las que el ser humano se enfrenta. Sus consecuencias son innegables y lamentablemente visibles en forma de inundaciones, tormentas, sequías y procesos de desertificación imparables.

El cambio climático y la desertificación tienen una relación retroalimentativa que no hace más que empeorar la condiciones de vida: La falta de lluvias, la baja humedad del suelo y el aumento de la temperatura que propician la desertificación, conlleva a  problemas como la degradación y erosión del suelo o los cambios en los usos del mismo, que producen a su vez la liberación de gases de efecto invernadero y que, como consecuencia, se refleja en un aumento mayor de la temperatura.

Agua: El déficit hídrico, en aumento

Según la ONU, a día de hoy la escasez de agua afecta a entre 1.000 y 2.000 millones de personas. Bajo el actual escenario de cambio climático, se calcula que cerca de la mitad de la población vivirá en áreas afectadas por un alto grado de estrés por déficit hídrico para 2030.

El problema radica en la creciente brecha entre la demanda y la oferta del agua que, propiciada por una escasez hídrica debido factores climáticos como la irregularidad de las lluvias o el aumento de las temperaturas, hace que las poblaciones con alto déficit hídrico solo tengan acceso a 1300 metros cúbicos al año cuando para un bienestar humano básico se necesita un mínimo de 2000 (ONU). Un ejemplo de esta gran brecha se da en América Latina, cuya demanda de agua creció durante el siglo pasado el doble de lo que lo hizo la tasa de población (CAF).

Seguridad Alimentaria: Lo que hay no es suficiente

La degradación del suelo como causa de los dos factores anteriores, hace que cerca del 20% de los suelos degradados sean tierras de cultivo y entre un 30% y 25% sean pastizales, según datos de la ONU. El último informe de la FAO ha revelado que existen 37 países que requieren ayuda alimentaria externa, 28 de ellos en África, donde se enfrentan a la peor sequía de los últimos tiempos, y donde varios países ya han decretado el nivel de alerta de inseguridad alimentaria.

Tanto la desertificación como la sequía afectan a la producción de cultivos y a pastos. La falta de agua no permite que la producción de alimentos sea suficiente y, como consecuencia de ello, las condiciones y productividad del ganado también se ven afectadas. Se produce así una sucesión de debilidades dentro de la cadena alimenticia que pone en riesgo la salud de las personas.

Pobreza: La salud en peligro

La subsistencia de más de 1.000 millones de personas que habitan alrededor de 100 países está amenazada por la desertificación (ONU). La falta de agua y la reducción del acceso a los alimentos en estas zonas, generan un aumento de brotes de enfermedades que provocan a su vez, altas tasas de mortalidad.

Los países del Cuerno de África están sufriendo las consecuencias de soportar temperaturas extremas y la ausencia de agua limpia y alimentos, llegando a situaciones críticas que amenazan sus vidas. Así, la OCHA advirtió el pasado mes de febrero que 12,8 millones de personas en el Cuerno de África sufren inseguridad alimentaria debido a la sequía. Un ejemplo de ello es la crisis que está viviendo Somalia, donde la OMS ha advertido que “la falta de agua potable debido a la sequía ha causado la epidemia más grave del cólera en los últimos 5 años”, y dejado al país al borde de su tercera hambruna en los últimos 25 años.

(Foto: Save The Children)

Migraciones: Cada vez más refugiados climáticos

El aumento de la desertificación y la desesperación por conseguir agua y alimentos para sobrevivir, ha llevado a muchos a abandonar sus países de origen. Estas condiciones hacen que algunas zonas se vuelvan inhabitables, provocando el desplazamiento de poblaciones enteras. Según cifras de la ONU, de 2000 a 2015 el número de migrantes en el mundo debido a la sequía aumentó de 173 a 244 millones. Y no solo esto, la organización estimó que la escasez de agua en áreas áridas o semiáridas provocará el desplazamiento de entre 24 y 700 millones de personas.

Continuando con el caso de Somalia, según informó el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), más de 3.000 personas están huyendo cada día de sus hogares debido a la sequía. Pero este no es el único problema climático, extendiendo el tema a las consecuencias del cambio climático en general, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, alertó de que si el Acuerdo de París falla supondrá “empujar al exilio a 250 millones de refugiados climáticos.

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