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Hablemos de la menstruación

  • Hablemos menstruación
    (Imagen: UNICEF).

Sobre el blog

Laura F. Zarza
Responsable de Contenidos en iAgua.

El Día Internacional de la Mujer, que se celebra cada 8 de marzo, conmemora la lucha de las mujeres por su participación dentro de la sociedad y en el desarrollo íntegro como personas. Entre los muchos temas por los que las mujeres nos hemos visto estigmatizadas en alguna ocasión, cabe resaltar uno que forma parte de nuestra biología: la menstruación.

Sí, menstruación. O regla, menorrea, periodo… llámala como mejor te parezca, lo importante es que hablemos de ella. El acceso y la práctica de la higiene menstruales son imprescindibles para avanzar en la igualdad de género; sin embargo, este proceso fisiológico de las mujeres que tanta vergüenza ha generado —y sigue generando— en nuestros días, es un estigma para muchas de nosotras. Ya sea por cuestiones religiosas, culturales o incluso políticas, mujeres y niñas de todo el mundo son afrentadas por tener la regla, especialmente en países menos desarrollados. Visto así parece un problema algo lejano, pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Tenía doce años recién cumplidos cuando sucedió. Esperaba su llegada con ilusión: ¡Iba a convertirme en una mujer! Es lo que me llevaban diciendo meses anteriores, cuando me explicaron tanto en el colegio como en casa qué era y algunos de los cambios hormonales que iba a experimentar. Lo que nadie me contó fue que, pese a su normalidad en la vida de una mujer, la sombra de la vergüenza planeaba sobre ello. “¿Y dónde voy a tirar las compresas cuando vuelva al colegio?”, le pregunté a mi madre al regresar a Madrid. “En la papelera, hija, dónde si no”, me respondió ella.

El acceso y la práctica de la higiene menstruales son imprescindibles para avanzar en la igualdad de género

Parece obvio que, en un país como España a punto de entrar en el siglo veintiuno, las mujeres y niñas tuviéramos las facilidades necesarias para gestionar nuestra higiene menstrual, pero ¿quién dijo que un país desarrollado lo sea en todos los aspectos? La primera (y única vez) que llamaron a mi madre por mi comportamiento en clase fue por mi menstruación. No tenía que venir a buscarme porque tuviera muchos dolores, sino porque me enfrenté a la profesora de Matemáticas (que también era la directora del centro), debido a que en los servicios de chicas no había papeleras para tirar las compresas o los tampones y ella quería obligarme a que me guardara mi compresa usada en la mochila. “Eso es cosa de chicas”, me dijo ella cuando me vio tirarla en la papelera de la clase; “Pues ponga papeleras en los baños de chicas”, rechisté yo. Pero no solo tuve problemas en el colegio, también en los campos de fútbol, tanto en los que acudía para jugar como a ver un partido, y donde el papel higiénico es gratis para todos, pero los productos de higiene femenina brillan por su ausencia (ni en máquinas expendedoras hay). Esto me recuerda a la campaña iniciada en 2018 por tres hinchas del Celtic de Glasgow, ‘On the Ball’, cuyo fin es conseguir que se regalen toallitas sanitarias y tampones en los estadios de fútbol del Reino Unido.

Y es que da igual que las mujeres pasemos una media de 2.920 días de nuestras vidas menstruando, o lo que es lo mismo, ocho años enteros. O que una vez al mes, y aproximadamente durante cuarenta años de nuestra vida, expulsemos nuestro flujo menstrual; la sociedad parece estar obcecada a invisibilizar algo que forma parte de nosotras y a un cuarto de nosotras nos sigue dando vergüenza hablar de ello. “Tengo la amiguita del mes” o “Estoy mala” siguen siendo frases que hoy día se escuchan para pedirle a una compañera, casi siempre entre susurros, que nos preste una compresa o un tampón para luego ir al baño escondiéndolos en la manga del jersey o de la chaqueta. Y yo me pregunto: ¿cómo pretendemos acabar con los tabúes que rodean la menstruación a nivel global si ni siquiera somos capaces de hacerlo en el ámbito local? Por cierto, mi colegió puso las papeleras en los servicios de chicas unos días después, año 1999.

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