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Historias del agua (3): El desastre de Minamata

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  • Historias agua (3): desastre Minamata
    Monumento en memoria de las víctimas (Wikipedia/CC)

Sobre el blog

Laura F. Zarza
Licenciada en Ciencias Ambientales. Comunicación y Marketing en iAgua. Escritora de fantasía y ficción en el tiempo libre.
Minsait
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Entre las décadas de 1930 y 1940, la fábrica Chisso empezó a producir aldehído acético y cloruro de vinilo (elementos de fabricación del plástico). Como catalizador del proceso se utilizaba mercurio metálico que después era vertido al agua sin tratar, llegando a la bahía de Minamata en Japón.

Así, la enfermedad de Minamata recibe dicho nombre por ser el centro de un brote de envenenamiento por metilmercurio en la década de los 50.  En 1956, el año en que se detectó el brote, murieron aproximadamente 45 personas. Creída en principio como una enfermedad contagiosa, entre 1953 y 1965 se contabilizaron 111 víctimas y más de 400 casos con problemas neurológicos.

En 1960, un estudio determinó que los gatos alimentados con pescado de la bahía presentaban la enfermedad de Minamata; que la bahía estaba muy contaminada por metilmercurio; y que en el hígado y riñones de las víctimas humanas había una elevada cantidad de mercurio, así como en el cabello de enfermos vivos. En 1961, la fábrica desvió algunas de sus aguas a un río vecino y amplió el radio de contaminación, afectando a todo el mar interior de Yatsusho.

Entre 1932 y 1968 se vertieron a la había 81 toneladas de mercurio a través de las aguas residuales sin tratar

No fue hasta 1968 cuando el gobierno japonés anunció oficialmente la causa de la enfermedad: la ingestión de pescado y de marisco contaminado de mercurio. Una vez empezada la investigación se dieron cuenta que en los últimos años se había registrado una elevada cantidad de algas muertas, almejas y ostras vacías, peces muertos flotando, aves que se desplomaban, pulpos paralizados y perros, cerdos y gatos que temblaban y morían. La liberación sin tratar de grandes cantidades de deshechos industriales con altas dosis tóxicas de metilmercurio en el agua, produjo una bioacumulación en la cadena alimenticia, yendo desde la vida marina local hasta la población.

Las autoridades japonesas revelaron que, entre 1932 y 1968 (año en que se cambió el proceso de síntesis por otro menos contaminante), se vertieron a la bahía 81 toneladas de mercurio a través de las aguas residuales sin tratar. El balance final, fechado en 2001, fue el diagnóstico de 2.955 casos de la enfermedad de Minamata, de los cuales 2.265 habían vivido en la costa del Mar de Yatsusho, donde Minamata es ciudad costera.

El caso de Minamata fue tan trascendental que constituye uno de los llamados "cuatro grandes procesos" de la responsabilidad medioambiental en Japón, puesto que por primera vez se admitió el uso de la prueba epidemiológica como prueba del nexo causal entre el consumo de los alimentos contaminados y la enfermedad. La acción ciudadana y el reportaje gráfico de W. Eugene Smith sensibilizaron a la sociedad, atrayendo la atención del mundo hacia la enfermedad de Minamata. En 1973 los tribunales de Kumamoto fallaron a favor de las familias, ordenando el pago de 320 millones de Yenes (unos 2,3 millones de euros) a los demandantes.

El caso de Minamata se ha convertido en un símbolo internacional de los daños ambientales

Un fallo de 2004 de la Corte Suprema responsabilizó al gobierno de no cumplir en su obligación de mantener limpias las aguas y de permitir que la contaminación continuase durante años después de su descubrimiento (la empresa no detuvo los vertidos hasta 1970), cerrando así años de litigios por este caso. Sin embargo, en 2010 los afectados por el suceso aceptaron un acuerdo del Gobierno japonés en la que retiraban su denuncia por daños interpuesta tanto al Gobierno como a la empresa responsable, a cambio de indemnizaciones y prestaciones médicas.

El caso de Minamata se ha convertido en un símbolo internacional de los daños ambientales, y ha servido para que otros países tomen medidas. De este modo, el Parlamento Europeo ratificó el pasado 9 de mayo el Convenio de Minamata de las Naciones Unidas sobre el mercurio, un tratado internacional de obligado cumplimiento diseñado para proteger la salud humana y el medio ambiente del mercurio.

Fuentes consultadas: Universidad de Alcalá de Henares; Ecologistas en Acción; Wikipedia.