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¿Qué aprendimos del VI Foro de la Economía del Agua?

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  • ¿Qué aprendimos VI Foro Economía Agua?
    (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)
  • El Foro de la Economía del Agua es una iniciativa auspiciada por la Universidad de Alcalá para promover un espacio de reflexión y diálogo sobre el ciclo urbano del agua.

Sobre el blog

Laura F. Zarza
Licenciada en Ciencias Ambientales. Comunicación y Marketing en iAgua. Escritora de fantasía y ficción en el tiempo libre.

El pasado 18 de septiembre, el Sant Pau Recinte Modernista de Barcelona fue testigo del VI Foro de la Economía del Agua, que se centró en el análisis de los desafíos globales del derecho humano al agua y saneamiento. Expertos nacionales e internacionales se reunieron para estudiar el estado de la seguridad hídrica a nivel global y doméstico, cuyas palabras no dejaron pocas lecciones sobre el tema.

Algo que me marcó especialmente fueron las palabras de Albert Castellanos, Director General de Promoció Econòmica, Competència i Regulació de la Generalitat de Catalunya: “La forma en la que gestionamos el agua también nos define como país”. Ya fuese refiriéndose a Cataluña (bajo la pretensión de la Comunidad Autónoma por independizarse) o a la propia España, no se puede negar que las palabras no sean muy ciertas. La teoría la sabemos: el agua es un bien vital y cada vez es más escaso, por lo que es importante gestionarlo correctamente; sin embargo, en la práctica la situación deja mucho que desear. Y esta práctica es lo que, precisamente, habla de un país, de una organización internacional de países o del mundo entero. La forma en la que el ser humano toma en consideración, trata y gestiona un bien tan preciado (tanto que el mundo entero depende de él), no es más que un reflejo de lo que le importa su propia existencia (o la de otros). ¿O es que podemos sobrevivir sin agua?

Albert Castellanos, Director General de Promoció Econòmica, Competència i Regulació de la Generalitat de Catalunya (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)

También José Carlos Díez, Director del Foro de la Economía del Agua, dijo algo que todos deberíamos grabarnos a fuego en la cabeza, y que en numerosas ocasiones se ha utilizado cuando se habla del cuidado del medio ambiente en general: “El agua es un asunto global que debe afrontarse desde lo local”. Y es que, el “piensa globalmente, actúa localmente” también puede (y debe) aplicarse al recurso hídrico. Pequeñas acciones desde las administraciones locales tienen una repercusión a nivel nacional y, en conjunto, a nivel mundial. Pequeñas acciones de millones de personas de los países ricos pueden suponer una gran oportunidad para los países más vulnerables.

José Carlos Díez, Director del Foro de la Economía del Agua (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)

Apoyando las palabras de José Carlos Díez sobre cómo afrontar los actuales problemas que rodean al acceso al agua y al saneamiento, Javier Lafuente, Vicerrector de Innovación y Proyectos Estratégicos de la Universitat Autònoma de Barcelona, dejó claro por dónde se debe empezar: El gran desafío es integrar a actores de diferentes ámbitos”. Y no está equivocado. El agua es un bien que nos concierne a todos, no solo a los que se dedican al sector del medio ambiente o, más específicamente, al sector del agua. ¿O acaso otros sectores no utilizan el agua? ¿Es solo responsabilidad del sector hídrico asegurarse de que todos tengan acceso a agua y a saneamiento? La respuesta es no. El acceso al agua es un derecho universal y, como tal, es algo que concierne a todos.

Javier Lafuente, Vicerrector de Innovación y Proyectos Estratégicos de la Universitat Autònoma de Barcelona (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)

Pero como se viene advirtiendo más allá del Foro de la Economía del Agua, una buena forma de garantizar el acceso al agua y el saneamiento pasa por una gestión adecuada de los países y, por ende, de las ciudades. Por supuesto, el eterno debate sobre si la gestión del recurso hídrico debe ser pública o privada también tuvo su momento en este Foro, y fueron muchas las referencias que se hicieron en torno a este tema. Así, Gonzalo Delacámara, Director académico del Foro de la Economía del Agua, insistió en que “el debate sobre la gestión pública y privada es falaz y ficticio porque no hay evidencias para sostener cuál es mejor”. Cada bando tira para su lado y parece no haber manera de llegar a un consenso entre ambos, dando la impresión de que lo que prima es tener razón en lugar de cubrir las necesidades hídricas de las personas. Pero ya sea en España o en cualquier otro país, la gestión del agua debe situarse por encima de cuestiones políticas y territoriales y es necesario adoptar un modelo inclusivo que involucre a toda la sociedad civil, contando tanto con el sector público como con el privado. La forma de conseguirlo es, según Delacámara, avanzando en transparencia y potenciando la regulación.

Gonzalo Delacámara, Director académico del Foro de la Economía del Agua (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)

Léo Heller, Relator Especial de Naciones Unidas sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, tampoco fue ajeno a este tema y lo dejó claro: “El enfoque de los Derechos Humanos no tiene preferencia por ningún tipo de gestión”. Y no le falta razón. A los 892 millones de personas que, según Heller, practican aún la defecación al aire libre o a los 2.100 millones de personas en el mundo que consumen agua de forma poco segura (ONU), no les importa quién gestiona el agua, sino una solución. La forma de superar este conflicto es la regulación, y coincide en esta afirmación con Delacámara: “El agua es un bien vital que debe ser regulado para garantizar el interés general. No importa si es el sector público, el sector privado o una combinación de ambos quién se ocupa de la gestión del agua: lo importante son los resultados. Y, por el momento, los resultados dicen que “el saneamiento es uno de los aspectos más retrasados en el avance del cumplimiento de los derechos humanos en el mundo”.

Léo Heller, Relator Especial de Naciones Unidas (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)

¿Y por qué es así? Blanca Jiménez Cisneros, Directora de la División de Ciencias del Agua y Secretaria del Programa Hidrológico Internacional (PHI) UNESCO, y José Luis Martín Bordes, UN-Habitat/Global Water Operator’s Partnership Alliance, dejaron algunas razones que explican por qué el agua y el saneamiento parecen estar a la cola de los derechos humanos. Para empezar, “la sociedad está desinformada sobre el acceso al agua y al saneamiento”. Las palabras de José Luis hacen que me pregunte por qué. ¿Por qué la sociedad no es consciente de los problemas hídricos a los que se enfrenta la humanidad en la actualidad? Sencillo. La gente no sabe que, por ejemplo, 319 millones de subsaharianos, 554 millones de asiáticos y 50 millones de latinoamericanos no tienen acceso a agua potable (WWC), o que millones de niñas deben andar diariamente hasta 6 horas para recoger agua para el uso doméstico de sus familias; pero sí sabe cuándo existe un problema en su zona que afecta al agua, porque no la tiene. Somos conscientes cuando nos toca en primera persona, como mucho en segunda, pero ni de lejos cuando hablamos más allá de nuestras fronteras. De hecho, según Blanca: “El 80% de la población mundial está expuesta a problemas que afectan a su seguridad hídrica”. Pero esta seguridad no solo se remite a la falta de agua o a la calidad de la misma, sino a que la realidad de este siglo es que "existen al menos 592 acuíferos compartidos por 150 países", lo que hace peligrar el reparto equitativo del agua y lo que, en un futuro, podría derivar en conflictos armados.

Blanca Jiménez Cisneros, Directora de la División de Ciencias del Agua y Secretaria del Programa Hidrológico Internacional (PHI) UNESCO (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)

Sin embargo, los países desarrollados no distan tanto de aquellos que aún están en vías de desarrollo. José Luis Martín Bordes explica que existe un denominador común en algunos de los desafíos en torno al derecho humano al agua: “la responsabilidad de la implementación y el cumplimiento del derecho al agua recae en los operadores de agua y saneamiento”. Pero esta responsabilidad no puede recaer solo en ellos; sino que deben ser respaldados por un marco institucional sólido, de manera que la responsabilidad sea compartida.

José Luis Martín Bordes, UN-Habitat/Global Water Operator’s Partnership Alliance (GWOPA) (Foto: Pablo González-Cebrián/iAgua)

Una de las razones, sino la principal, por la que existe la problemática actual relacionada con el derecho al agua y al saneamiento, según Martín Bordes, es que todavía “hay un déficit democrático respecto a la realidad, tanto del recurso hídrico como de los criterios de acceso y asequibilidad, a los servicios básicos de agua y saneamiento”. Al contrario de lo que se pueda pensar, no es difícil creer que sea así. ¿Por qué? Porque, a pesar de las acertadas palabras de Gonzalo Delacámara en las que decía que “debería bastar que una sola persona vea vulnerado su derecho al agua y al saneamiento para poner de manifiesto la necesidad de actuar”, la realidad vuelve a ser otra. El agua no es una prioridad de la agenda política porque a la ciudadanía no le interesa. Por supuesto, no es el caso de la Waterpeople, sino de aquellos que se conforman con ver el agua salir a través de sus grifos. En relación a este tema, Gonzalo Delacámara afirmaba que “es necesario conceder un perfil más alto en la agenda política y hacer un foco más intenso en las discusiones sobre los desafíos más importante sobre el agua”. Sin embargo, la línea en este aspecto es muy fina: una cosa es que haya un reflejo en la política de la preocupación de la ciudadanía por el agua, y otra muy distinta es que se politicen las cuestiones del agua.

Lo que no deja lugar a dudas en este VI Foro de la Economía del Agua, es la necesidad de implantar un regulador único. Una figura que, con el apoyo político, ciudadano y toda la sociedad civil en general, garantice que cada una de las personas de este mundo tenga acceso a un agua limpia y de calidad. Porque el derecho al agua y al saneamiento no es algo que se pueda otorgar; es algo que, como ciudadanos, nos pertenece.

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