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Las aguas subterráneas en el Día Mundial del Agua

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Sobre el blog

Lluís Godé
Secretario de la Junta Directiva de ADECAGUA.

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Si bien en muchas áreas del planeta son las aguas superficiales continentales las que aportan la mayor parte del suministro de agua para los diversos usos y en especial la del abastecimiento para consumo humano, en otras son las subterráneas las que cumplen con este rol.

En España son muchas las zonas, en general alejadas de los grandes ríos, en las que de no explotar las aguas subterráneas sería muy difícil garantizar estos recursos por lo que a nivel local constituyen una aportación esencial.

No obstante por lo que se refiere a la gestión de recursos hídricos el tema no debe plantearse como una opción frente a otra y además se deben tener en cuenta otras fuentes como las provenientes de desalación de aguas marinas en un entorno de gestión integrada, racional y sostenible en un contexto de cambio climático donde cada vez será más difícil, al menos en algunas zonas y épocas, garantizar los suministros solamente dependiendo de los aportes del cicló natural del agua.

Durante unos cuantos años las aguas subterráneas fueron un tanto infravaloradas en las decisiones planificadoras frente a las grandes obras hidráulicas centro de la política en materia de aguas de la época pero acertadamente ello ya empezó a cambiar en los actuales Planes Hidrológicos de cuenca y en otros elementos de gestión.

Cuantitativamente estas aguas son vulnerables frente a una sobreexplotación, por lo que deben ser gestionadas de forma planificada, solidaria y controlada, evitando acciones locales y pensando siempre en el conjunto del acuífero en cuestión. Una consecuencia grave en acuíferos litorales de esta sobreexplotación es la intrusión salina, fenómeno bien conocido en España en diversos casos y en especial en el Mediterráneo.

Las aguas subterráneas plantean frente a las superficiales algunas diferencias notables que se comentan a continuación.

Tienen en principio un mayor grado de protección natural frente a las contaminaciones, pues antes de llegar a ellas los posibles contaminantes deben atravesar la zona no saturada del terreno que actúa como una cierta barrera, pero una vez afectadas la recuperación es muchísimo más lenta que en las aguas superficiales de manera que, para simplificar, en las primeras se puede hablar de años y en las segundas solamente de días.

Las aguas subterráneas presentan una calidad intrínseca que no siempre las hacen aptas para determinados usos pero ello no debería considerarse como una contaminación sino como una anomalía natural dependiente del sustrato geológico del entorno (arsénico, hierro, manganeso, etc.), reservando el termino contaminación para los elementos químicos provenientes de procesos vinculados con la actividad humana, incluida la agrícola y ganadera.

Sí que se trata de contaminación el caso de los nitratos procedentes de actividades agrícolas y sobre todo ganaderas. Se dispone de legislación específica de protección regulando las conocidas “zonas vulnerables” que, lamentablemente, en muchos casos son ya “zonas vulneradas”, y más con la reciente normativa que ha rebajado el límite legal tolerable, en un tema con claras connotaciones sobre ordenación del territorio y política agro-ganadera y con escasos avances prácticos hasta la fecha.

También relacionado con actividades agrícolas están las contaminaciones por pesticidas a pesar de haber avanzado en el conocimiento y la legislación sobre estas sustancias químicas muchas de ellas de muy lentos procesos de degradación.

De origen industrial existe también constancia de bastantes casos de otros contaminantes como diversos compuestos organoclorados, asimismo de lenta degradación, y otros productos que puedan contener otros disolventes, plastificantes, metales pesados y otros.

La recuperación de acuíferos contaminados, tecnológicamente cada vez más posible, debiera ser un elemento destacado de cualquier planificación en materia de aguas, que sobrepase el obsoleto y sectorial concepto de hidráulico.

Si bien tecnológicamente y normativamente se ha avanzado en el conocimiento, protección y gestión de estas aguas, es evidente que todavía se debe progresar.

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