Sin respiro

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Sobre el blog

Lluís Sala
Biólogo especializado en regeneración de aguas y sostenibilidad. Música, fotografía, cultura, viajes, idiomas. Intentando aprender y procurando compartir. Nuevo reto: ser padre.
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Las cosas suceden a velocidad de vértigo, en todos los ámbitos. No hay tiempo para digerir una situación, que ya se presenta un nuevo reto, de mayor tamaño y más complejo. Los Kaiju (monstruos surgidos del fondo del océano) de la película Pacific Rim son una buena metáfora para muchas de las cosas que suceden en el terreno ambiental. La combinación de cambio climático y superpoblación empieza a mostrar signos de convertirse en un Kaiju de máxima categoría y los Jaeger (robots pilotados por humanos diseñados para combatir los Kaiju) de que disponemos para contrarrestarlos no parecen producir mella apreciable en ellos. La batalla se presenta dura y sin respiro.

Hasta hace poco el agua parecía un recurso literalmente inagotable. Si se terminaba, se traía más, y así hasta que se terminaron los lugares de dónde traerla. El sur de California, con las grandes áreas metropolitanas de Los Angeles y San Diego, es un perfecto ejemplo. Agotados los transvases de los valles más cercanos, del norte de California y del río Colorado, la sequía que desde hace cuatro años azota el sudoeste americano está cuestionando como nunca antes el desarrollo ilimitado de las zonas agrícolas de riego y el modelo de césped irlandés en clima semidesértico de decenas de miles de kilómetros cuadrados urbanos (ver http://bit.ly/caldroughtpics). La reutilización del agua para cubrir demandas de riego de jardines ya no es suficiente y diversas ciudades, no sólo en California, sino también en otros puntos del árido sudoeste como Texas, se plantean recurrir a proyectos de repurificación para conseguir agua de calidad potable, ante la evidencia de que la desalación de agua de mar, allí donde es posible, es una solución excesivamente costosa y de que el único recurso disponible es el recurso local por excelencia, el agua residual depurada. En California volverá a llover, pero es posible que muchas decisiones relativas al agua y a su gestión ya se tomen en función de un paradigma radicalmente distinto al conocido hasta ahora.

La sequía que desde hace cuatro años azota el sudoeste americano está cuestionando como nunca antes el desarrollo ilimitado de las zonas agrícolas de riego y el modelo de césped irlandés en clima semidesértico 

Mucho más larga fue la Sequía del Milenio australiana (Millennium drought), que empezó en 1995 y se prolongó hasta 2009 y, en algunas zonas del país, hasta mayo de 2012, cuando fue declarada oficialmente finalizada. A diferencia de lo empieza a ser realidad en el sudoeste americano, las soluciones adoptadas en Australia fueron más convencionales (construcción de pozos, conexiones a embalses y construcción de plantas desaladoras), e incluso en 2006, en el momento álgido de la sequía, los ciudadanos de la ciudad de Toowoomba rechazaron mediante un controvertido referéndum la aportación al embalse del cual se abastece de un volumen de agua repurificada equivalente al 25% de la demanda de agua potable de la ciudad. Esta decisión ciudadana ha añadido dificultades al desarrollo de la reutilización planificada australiana, que había empezado en el año 2000 con enorme pujanza con el proyecto del Parque Olímpico de Sydney y en 2001 con el suministro de agua regenerada para riego de los jardines privados de la comunidad de Rouse Hill, en el noroeste de Sydney.

Sin embargo, en Singapur, una de las principales economías del sudeste asiático, el suministro futuro de agua a la moderna ciudad-estado no se entiende ya sin la inclusión de los recursos de agua procedentes del proyecto NEWater, consistente en la repurificación de las aguas residuales depuradas para su aprovechamiento potable indirecto y que actualmente proporciona un volumen correspondiente a un 1% de la demanda total. Dado que una parte del agua potable distribuida en la ciudad es comprada a la vecina Malasia, y que dicho contrato de suministro expira en 2061, el planteamiento actual del gobierno de Singapur es el de seguir desarrollando el proyecto NEWater hasta alcanzar una producción equivalente al 50% de la demanda total de agua potable, cifrada en 13 m3/s.

Y recientemente, de la mano del profesor Rafael Mujeriego, en Barcelona tuvo lugar una presentación de Piet du Pisani, técnico del ayuntamiento de la ciudad de Windhoek, Namibia, quien ha trabajado durante años en el proyecto de reutilización potable directa con el cual se ha complementado el abastecimiento a la ciudad desde 1968. Con una planta de tratamiento renovada por completo en 2002, Windhoek ha convertido en normalidad y rutina un proyecto excepcional en todos los sentidos y está desbrozando de tópicos, malentendidos y difamaciones el camino hacia la inclusión del agua repurificada entre los recursos hídricos a tener en cuenta en las planificaciones futuras de muchas ciudades y territorios, especialmente de aquellos cuyos recursos son escasos y/o energéticamente caros.

Todo va tan rápido que las limitaciones de los astronautas en sus estaciones espaciales, donde deben reciclar constantemente la poca agua que tienen, se ha trasladado ya a algunos lugares de la Tierra, algo impensable hace tan sólo unas décadas. La tecnología existe, su coste energético es competitivo con el de otras alternativas existentes, la calidad final del agua es objetivamente impecable y está disponible en el ámbito urbano, incluso en épocas de sequía. La cuestión es cómo, cuándo y dónde hay que implantarlo, y con qué dimensiones, para que verdaderamente sirva para hacer más sostenible la situación de los recursos hídricos de una zona. Y ésta es una historia que, excepto en un puñado de sitios como los descritos, en la mayoría de casos aún está por escribir.

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