Disparando contra la lluvia: Reflexiones tras la jornada de Adecagua

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  • Foto de Lorenzo Correa.
    Foto de Lorenzo Correa.
  • Abrir un paraguas es como disparar contra la lluvia. Ramón Gómez de la Serna.

Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua.com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
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No se pudo elegir mejor momento. Ya cabalgaban por el Ebro las aguas desbocadas como hacía lustros que no se veían, cuando se inició la celebración de la jornada. Su interés esperado y por su puesto demostrado, con la sala del evento completamente llena de asistentes, me provoca la necesidad de compartir con ustedes algunas reflexiones:

La primera es lo que se deriva de la interesante formulación que introdujo en su presentación el Director de la Agencia Catalana del Agua: el binomio ingeniería-arquitectura en la ciudad desbordada, que unos gestionan desde el urbanismo y otros desde la defensa ante inundaciones. ¿Será posible acercar posturas, tener una visión conjunta del problema y planificar urbanísticamente con criterios amplios, holísticos, sin creencias corporativas limitantes?. Soluciones, hay y presentadas fueron: almacenar en azoteas, infiltrar en el terreno (si no pasa el metro o el tráfico deprimido o las canalizaciones, o hay un aparcamiento subterráneo, o….), permeabilizar , en suma lo que ahora ya ES impermeable. La ciudad del siglo XXI. Y drenar sin tasa: canalizaciones cuyos sedimentos depositados desde la primera glaciación y ya casi, casi estratificados contaminan más que lo que la lluvia arrastra al “limpiar” las calzadas y aceras y los aparcamientos de vehículos y aviones y… Conclusión: todo está inventado, en algunos casos se puede hacer y se hace (cuando hay “pagano”). En otros se puede hacer y se hace mal (más caro) y en otros se puede hacer pero no hay capital destinado a ello.

Las cargas contaminantes vertidas por las redes de drenaje de pluviales en tiempo de lluvia son notables y su reducción solo puede ir unida a una mayor dedicación al mantenimiento de las redes

La segunda reflexión me llega de lo que he definido alguna vez como el “gremio de los ejecutivos del agua”, es decir aquellos brillantes y a menudo jóvenes profesionales que resuelven con ímpetu y preparación sobrada los problemas de la gestión del abastecimiento y el saneamiento del agua en aquellos casos en los que las grandes empresas ven objeto de lícito negocio su intervención. Mi reflexión va en el sentido de si este enorme campo abierto ( o aún por roturar), de la gestión del agua de lluvia en su ciclo urbano y periurbano es objeto de los desvelos de esas empresas y de aquellos ejecutivos. El tiempo lo dirá, porque si la ingente tarea que hay que acometer debe hacerse con los magros dineros públicos disponibles y destinables a hacer cosas que lucen poco… mejor que no llueva muy fuerte y seguido.

La tercera recoge la ingente y poco agradecida tarea de la delimitación de las zonas inundables, plasmada en los planes de gestión del riesgo de inundación (poco o nada urbanos, por cierto) y su apasionante derivada de los planes de medidas que no solo aborden las medidas estructurales y de gestión para reducir el riesgo a cotas asumibles, sino que además lo hagan mejorando o no empeorando el estado ecológico de las masas de agua afectadas. El abrazo de las directivas, DMA i DI de la mano y por el río. ¿Utópico, factible, barato?

La cuarta procede de la clase magistral del catedrático Gómez, un placer de oír para quienes nos gusta su materia. La hidrología (¿seguimos tirando del método racional?), y la hidráulica (¿seguimos con el régimen permanente y uniforme) aplicadas a definir medidas para cuantificar el agua a evacuar, en un marco altamente impermeabilizado, para introducirla en la red de drenaje (¿unitaria, separativa, doblemente separativa?), y propagar los caudales sin sustos y para introducirlos en el medio receptor con la menor contaminación posible. El desafío de diseñar una red para el período de retorno adecuado, pensando no solo en que todo vaya bien ahí abajo cuando diluvia, sino también el lo que mientras ocurre en superficie. El corolario del catedrático es demoledor: la red de drenaje es la de más cara reposición y como no se ve, solo se repone in extremis. Las cargas contaminantes vertidas por las redes de drenaje de pluviales en tiempo de lluvia son notables y su reducción solo puede ir unida a una mayor dedicación al mantenimiento de las redes. Sí, claro, es caro también y total, como no se ve… pero es ineludible invertir en el patrimonio que no se ve. ¿Lo hará la iniciativa privada?

La quinta se refiere a tanques de tormenta, los grandes aliados de la laminación, los aparcamientos subterráneos del agua urbana. Se incidió en un concepto básico: no sólo laminan agua sino también contaminación. Y se lanzó una pregunta: Ya tenemos la directiva de inundaciones ¿para cuándo la de sequías?. Y un aviso para navegantes: la normativa concreta brilla por su ausencia, aunque la administración del Estado promete publicarla pronto… se espera como lluvia de mayo. ¿Habrá dinero para construirlos y mantenerlos bien?

Seguimos disparando contra la lluvia, sin saber cómo financiar la correcta gestión de las aguas pluviales urbanas

La sexta, interesante por su “novedad” va de SuDS, sistemas alternativos al drenaje urbano, futuro posible desde un presente brumoso por lo ya expuesto anteriormente: pavimentos permeables (si hay donde almacenar el agua permeada), azoteas verdes (¿en las que tenemos, se puede?), pozos y zanjas de infiltración , zonas de bio-retención, jardines de lluvia , balsa de infiltración…casi todo depende de la posibilidad de disponer de terrenos donde se almacene el agua o de clientes que la usen en cercanía. Oí que los servicios ecosistémicos ya están tecnológicamente probados, que solo hay que romper barreras “políticas”. ¿Alguien sabe cómo se hace?

Y la última reflexión es muy importante, pues se relaciona con la legislación vigente: no hay regulación jurídica completa aplicable a todo el territorio español: la legislación de aguas no hace mención específica a las aguas pluviales, en cuanto a concesiones o autorizaciones, aunque los problemas legales son notables. Producción de daños a personas y/o contaminación del medio por mezcla con aguas superficiales o subterráneas. Ni hay concepto legal de concesión de aguas pluviales, ni jurídico de su aprovechamineto. Toca, pues sumar esfuerzos para definir un modelo único, vistas las competencias actuales en los tres niveles de administración, uniendo las relativas a la gestión de cuenca, a la ordenación del territorio y al urbanismo, generando un estatus legal similar al de las aguas reutilizadas.

Mi conclusión, tras estas reflexiones, es que seguimos disparando contra la lluvia, sin saber cómo financiar la correcta gestión de las aguas pluviales urbanas, mientras que cada vez es más complicado y caro gestionarlas. ¿Habría que pagar por el agua y no sólo por su gestión, como hasta ahora?

Expresadas quedan mis reflexiones de inexperto para que los lectores, si a bien tienen leerlo y les apetece, formulen las suyas. Bienvenidas sean estas jornadas para hacernos aprender de los que saben y reflexionar para avanzar en un ámbito en el cual queda aún mucho camino por recorrer y en el que ya no podemos gastar más pólvora en salvas.

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