La campana de los perdidos

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Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua.com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
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Un amable y anónimo comentarista de mi último post me (nos) dice que se pierde en su texto. Otro que no es anónimo me dice que el post “supera sus capacidades lectoras”. Un tercero, que es muy denso. Un cuarto me felicita…a todos les digo: yo también estoy oyendo tañer a la campana de los perdidos. Darse cuenta, como yo, como ellos, de que uno está perdido, incomodarse por ello, es una buena noticia que celebro, porque como digo, es un buen síntoma para percatarse de que quien no tiene objetivos se pierde y está destinado a trabajar para quien los tiene.

Ahora mi objetivo primordial, solidarizándome con estas incomodidades es deciros que la campana suena todos los días, aunque no la oigamos. Yo la oí de joven en el bar así llamado, que era el de los tunos de Zaragoza, en donde espero que siga tañendo noche tras noche: Copio de su página web:

“Corrían los primeros años del siglo XVI, la otra orilla del río Huerva -en el paso más cercano a la iglesia de San Miguel de los Navarros- estaba surcada por malezas insondables, cañaverales el doble de altos que la estatura humana y un sinfín de sendas laberínticas…En esta época muchos trabajadores, con el fin de allegar unos recursos extras para el sustento familiar, acostumbraban a salir temprano de la ciudad y, tras pasar la jornada cortando leña, la acarreaban al anochecer para venderla en la plaza de San Miguel. A bastantes de estos trabajadores les solía ocurrir, sobre todo en los duros días invernales y debido en la mayoría de los casos a las densas nieblas que se formaban debido a la proximidad del cauce fluvial, el que no hallasen el camino de vuelta a la ciudad y les sorprendiese la fría y lóbrega noche en un intento desesperado por encontrar dicho camino de vuelta, teniendo que pasar la gélida noche como buenamente el más puro instinto de supervivencia les asistía…(los ciudadanos) resolvieron solicitar del "Jurado en Cap" que una de las campanas de la torre de dicha iglesia se tocara de media en media hora desde el crepúsculo hasta las doce de la noche y poniendo otra luz en un punto más elevado y seguro de la mencionada torre. Solamente dejó de tocar la campana de los perdidos en la época de los sitios de Zaragoza... superados estos volvió a seguir tocando aunque ya no hiciese falta pues la campiña, otrora selvática, era un enjambre ya de caminos, grandes avenidas y buenas carreteras. La insigne iglesia de San Miguel tuvo a bien mantener la tradición y perseveró en la costumbre hasta bien mediado el siglo XX. Por causas desconocidas dejó de tocar pero a finales del siglo… se decidió mantener la tradición y seguir tocando, como hace hasta la fecha, las treinta y tres acompasadas campanadas de ritual. Esta campana y su tocar al caer la tarde hizo que a los que vagaban por la ciudad mientras tocaba les cayera el apodo de "perdidos".

Gracias, amigos de la Tuna del Distrito de Zaragoza por permitirnos disfrutar de vuestro acogedor local y por permitirme la licencia de usar este texto de vuestra web para mi metáfora de hoy. Porque me viene al pelo, comentaristas y lectores pasivos: ¿no creen que ha llegado el momento de romper el sitio, de declararnos “incultos” y “perdidos”, de darnos cuenta de que ya no entendemos lo que leemos? Los paradigmas de base tradicionales de la gestión del agua ya no sirven, hay que generar talento para formular los nuevos.

El nuevo paradigma de base de la, gestión del agua en mi opinión no es “hacer uso de la acción por parte de todos”, como alguien me ha escrito, sino actuar cada uno sabiendo para que actúa, sabiendo quien va a pagar, ahora que ya sabemos lo que cuesta y que esa acción conjunta pero separada (disculpad el oxímoron) sirva para revolucionarlo todo, para reventar las murallas infranqueables que nos asfixian.

Esa niebla que nos hace perdernos, aguzará nuestros sentidos para oír la campana, para ver la luz, para sentir la necesidad de hacer algo diferente y ocuparnos en ello. Y ocuparse no es quejarse, es entrenarse y no hay talento sin entrenamiento. Dilema entre recolectores de agua y productores-importadores, proclama el anónimo comentarista. Recolectores de talento digo yo, en su acepción de juntar cosas o personas dispersas. Productores y reutilizadores también de lo mismo. Dicen que Jung escribió que no somos individuos estancos, sino sistémicos y cuando conseguimos algo, se proyecta también a nuestro entorno, que a su vez, se modifica: vivimos pues en un sistema donde todo está relacionado. ¿Qué más da recolectar que producir? Lo importante es para qué lo hacemos, cuánto cuesta y quien lo va a pagar. Si producimos agua de mar y no la recolectamos del río, será para algo, tendrá un coste y alguien lo pagará. Ese alguien (el cliente), comparará costes materiales y ambientales (en el mejor de los casos) y elegirá el producto que más le convenga. ¿Es eso el agua mercado? El vendedor-productor- recolector tendrá que seducirle para que pague el producto aunque sea costoso. Y para ello se tendrá que ganar su confianza, mediante el talento que previamente habrá tenido que generar. Y si no, ni mercado, ni reutilización, ni desalinización. Sorprendentemente ya hay un agua auto recolección- producto-importación, o algo así, que se vende en las tiendas a precios muy superiores a la del grifo, o sea, que es costosa y que sin embargo sigue año tras año batiendo records de ventas en el país. ¿Será porque el cliente que la adquiere no compra agua cuando la compra, sino salud? ¿Será que la paga porque tiene confianza en el producto? ¿Será que ahí sí ha habido talento?, ¿es eso seducir?

Decía mi venerado Ramón Gómez de la Serna que el viaje más barato es del dedo sobre el mapa. Si no sabemos a dónde nos dirigimos ni donde estamos, el dedo se cansa, el mapa se borra y el viaje empieza a ser más cara de lo que pensábamos.

¿Atenderemos cada vez más con la emoción que se merece, el tañido de la campana de los perdidos? 

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