La gestión del agua en el siglo XXI: entre el espasmo y el marasmo

263
0

Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua.com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
263
  • Entre el espasmo y el marasmo.

Acabo de leer un viejo libro fascinante, sobre todo en los momentos que corren: “La España inteligible” de Julián Marías. Una de las distinciones que más me han atraído ha sido la de los dos conceptos que encabezan mi post: el espasmo y el marasmo. Tanto, que les voy a dedicar estas líneas en su aplicación al estado del arte en la gestión del agua que, en mi opinión oscila entre el espasmo y el marasmo, por eso es tan española.

Recientemente y en este mismo portal he leído a un colega bloguero que emitía su voluntarioso y estimable desiderátum de la gestión ideal. Interesante post, aunque nada nuevo introduce bajo el sol o sobre el agua: mi humano filtro de acceso a la razón, generaliza, distorsiona y elimina y se queda con los manidos “hay que” y “se debería”, que nos ubican en el marasmo. Si no se señala el quién (hace y paga), el cuándo (se hace) y el cuánto (cuesta), todo seguirá igual, sumido en el marasmo en el que nos encontramos. Si no se cambia responsabilidad (empezando por un “yo creo” o “yo voy a hacer”), por victimismo (girando sobre “los otros”), seguiremos en el marasmo, siguiendo la “la ruta colectiva, lana contra lana y cabeza caída” que citaba Ortega y Gasset. Salimos del espasmo provocado por la publicación de la directiva marco y su interpretación tan “sui generis” a la que me referí en el post anterior y caímos en el marasmo.

Cuando me refiero a espasmo, es a su acepción de sacudida o convulsión. Y cuando lo hago a marasmo, el DRAE confirma que apelo a suspensión, paralización o inmovilidad, en lo moral o en lo físico, la paz del rebaño orteguiano, morando en su nostalgia.

Marasmo es dejar pasar el tiempo sin definir claramente los objetivos de los planes de cuenca.

Marasmo es dejar pasar el tiempo sin definir claramente los objetivos de los planes de cuenca. Recuperando las certeras interpretaciones de la jurista Isabel Caro-Patón, Europa otorga discrecionalidad a los estados miembros para su redacción, eso sí, sujeta a controles técnicos y sociales. Y así nos encontramos sin saber si se pretende recuperar el Delta del Ebro o respetar las concesiones existentes aguas arriba. Mantener la producción de la huerta murciana o clausurar el trasvase Tajo- Segura. Indemnizar o no a los concesionarios afectados por planes de caudales ecológicos… La Directiva provoca el espasmo, es un revulsivo para salir del marasmo, porque obliga a decidir bajo un costoso control social y técnico, la gestión del agua del siglo XXI, porque, en palabras de Isabel, nos obliga a trasladarnos en serio a esta “nueva fase de modernidad reflexiva, política e institucional”. Si las administraciones competentes no recogen el impulso, que no lo han recogido o en algunos casos, no han podido hacerlo efectivo por los elevados costes de implementación, caemos de nuevo en el marasmo.

Marías pronunció en su conferencia “Reflexiones sobre la tolerancia” ésta feliz frase que me viene hoy como anillo al dedo sobre los tolerantes, que para mí serían los líderes paradigmáticos de la deconstrucción por venir: «parecen tan lejos del marasmo como del espasmo -los dos escollos entre los que ha navegado España durante tanto tiempo-».

Y donde don Julián dijo España, podemos decir ahora la gestión del agua. Hemos atesorado una importante tradición gestora, tanto técnica como jurídica y política, que han tenido como consecuencia una particular “manera de estar y pensar” en sociedad: la visciencia orteguiana. Y un terrible péndulo con oscilaciones mareantes. Tras el espasmo directivista llegó la crisis que impidió la financiación de las medidas tan onerosas como imprescindibles a adoptar para superar los altísimos niveles de exigencia que la interpretación de la norma europea definió. En palabras de nuevo de Isabel “su excesiva ambición ha sido la causa de su fracaso”. Otro marasmo.

Ahora llega la hora de esforzarse… todos y todas, el nene y la nena (no el impersonal e indefinido “ellos y ellas”). Y ese esfuerzo no puede ser solo para salir de una crisis severísima, tras la cual adviene la relajación, sino el suficiente para dar el salto del marasmo al… punto medio que marca el cambio exigido por la deconstrucción del discurso numantino post directiva, que nos podría llevar de nuevo al espasmo.

Las soluciones generalistas, bienintencionadas y plausibles sólo retardan los cambios estructurales necesarios. Esfuerzo común, responsabilidad individual, arrimar el hombro, lucha personal, coraje. Que paternalismo, sobra. Ni “se debería”, ni “hay que”. “Vamos a…”.

O seguiremos entre espasmos y marasmos unos siglos más. 

Comentarios