Lapsus cálami. Los fundamentos lingüísticos del pacto del agua

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Sobre el blog

Lorenzo Correa
Webmaster en futurodelagua.com Practitioner PNL. Master en Coaching con PNL. Executive & Life Coach.
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  • El concepto de manipulación es el responsable de que la noria siga girando

Me apetece seguir escribiendo sobre un asunto tan apasionante como el del pacto del agua, tan deseado para la mayoría del paisanaje: profesionales, expertos, políticos e ilustrados en el ámbito de la gestión del recurso y el patrimonio hídrico.

Y lo hago ahora con mis gafas mal graduadas de inexperto, desde una vertiente poco explorada por dicho colectivo, el de sus fundamentos lingüísticos, porque me parece que establecer las bases de algo, sus fundamentos, es lo primero que hay que hacer y lo que desgraciadamente casi nunca se hace en estos tiempos y en los paisajes de este país.

Si esos cimientos están adecuadamente construidos, será más difícil que la estructura que soporten fracase y más fácil construirla.

El concepto de manipulación me preocupa en el ámbito de la gestión del agua, porque creo que es el responsable de que la noria siga girando

Pero, ¿qué pinta aquí ese adjetivo “lingüístico” que acompaña al sujeto fundamental? Todo lo que escriba a partir de ahora, se corresponde con las enseñanzas del maestro Maturana en su libro “La objetividad, ¿un argumento para obligar?”

Si el ser humano es el origen del mundo en el que vive y en él opera como observador, todos nosotros hacemos distinciones en el lenguaje, que es nuestro único medio de relación social. Y siempre nos encontramos observando, conversando o actuando y usamos nuestra incapacidad para distinguir en la experiencia entre percepción e ilusión para la manipulación de nuestras relaciones interpersonales.

El concepto de manipulación me preocupa en el ámbito de la gestión del agua, porque creo que es el responsable de que la noria siga girando (VER FOTO), dando falsa apariencia de movimiento continuo, aunque no avancemos ni un milímetro al no tener definido con claridad el objetivo al que nos dirigimos o nos dirigen quienes manipulamos o nos manipulan, en medio de la confusión entre percepción e ilusión. Pacto del agua… ¿entre quienes y para qué?. Dígase muy claro antes de empezar a hablar

Todo pacto exige un acuerdo explicativo final que solo puede surgir de un sinnúmero de desacuerdos explicativos iniciales que nos inciten a la reflexión responsable en coexistencia y no a una negación irresponsable del otro/a o de los otros/as. Piedra angular del edificio del pacto: que los desacuerdos inciten a la reflexión responsable en coexistencia.

¿Lo ven posible o al menos fácil?

Los diferentes puntos de vista del paisanaje respecto a la mejor fórmula de gestión del agua posible me llevan a introducir la segunda idea fundamental con una pregunta ¿Qué es la realidad?. Solo un argumento en una explicación. Porque hay tantos dominios de realidad distintos como dominios de explicaciones que un observador aporte desde las coherencias operacionales de su praxis de vivir. Toda afirmación hecha por él es válida en alguno de esos dominios y ninguna es intrínsecamente falsa. Si leemos lo que se publica y opina sobre la mejor gestión del agua posible (la que se derivaría del pacto), podremos comprobar lo lejos que estamos de esta proposición, imprescindible para sentarse a negociar cualquier pacto con alguna garantía de éxito.

Tercera y última idea básica: la ciencia que surge como un dominio explicativo a través de la aplicación del criterio de validación de las explicaciones científicas y que solo es válida en una comunidad de observadores que acepten y usen para sus explicaciones ese criterio particular. Porque las explicaciones científicas no caracterizan, ni denotan, ni revelan un mundo independiente de lo que el observador hace, solo explican la experiencia del observador y éste, del mundo en el que vive. Por ello, la realidad que vivimos depende del camino explicativo que adoptamos y del dominio emocional en el que entramos en el momento de explicar.

De ahí la importancia de darle a las emociones el papel que se merecen a la hora de pactar, porque cualquier dominio emocional puede cambiar en la medida en que cambien las emociones o los estados de ánimo, porque no se puede forzar a nadie a través de la razón para que acepte un argumento que no haya previamente aceptado como válido.

A veces, la expresión “Pacto del agua” me produce el efecto de un “lapsus cálami”( error mecánico que se comete al escribir)

Concluyo: mis esperanzas en que alguna vez veamos firmado y publicado un pacto del agua se basan en el seguimiento de estas premisas fundamentales por parte de los responsables de pactar. Y en que ellos entiendan que a lo único que pueden aspirar para llegar al pacto es a seducir a su/s oponente/s a aceptar como válidas las premisas básicas que definen el dominio en que su argumento es válido operacionalmente.

Y esto solo puede hacerse desde la conversación, entendida como flujo de coordinaciones de acciones y emociones en el lenguaje, porque las fronteras sociales (que son emocionales), solo pueden ser traspasadas a través de la seducción emocional y nunca a través de la razón.

Porque el “YO SÉ”, es una demanda de obediencia y la coexistencia cognitiva viene de la seducción y no de la obediencia.

Por eso a veces, la expresión “Pacto del agua” me produce el efecto de un “lapsus cálami”( error mecánico que se comete al escribir)
 

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